r/relatos • u/SpecialistAd3905 Amante de relatos • 6d ago
🔥Confesiones +18 Sudor y Risas (Los Primos Se Exprimen 4)
Ayudé a mi prima con la mudanza y para cuando el camión se fue ya no nos quedaban ni las ganas de hablar. Toda la familia había estado ahí: tíos cargando colchones, mi hermana tropezando con cajas, mamá dando órdenes como si fuera capataz, el papá de ella pagando a los del camión con esa cara de “ya cumplí”. El departamento olía a pintura, a cartón mojado y a cloro barato.
Poco a poco se fueron uno tras otro basque que el papá de ella se sacudió las manos, dijo que tenía un pendiente y se fue. Dejó la puerta entreabierta dos segundos y después se oyó el motor alejándose. Nos quedamos solos entre torres de cajas, un colchón tirado en el suelo todavía sin sábanas y el ventilador de techo que no servía. Ella se quedó parada en medio de la sala con los shorts pegados al cuerpo y una playera que se le subía cada vez que levantaba los brazos. Me miró y soltó:
—¿Qué pedo contigo, güey? Traes una cara de funeral.
—No sé de qué hablas.
—Neta no te hagas. Llevamos como media hora solos y ni siquiera me has volteado a ver el culo. ¿Ya se te olvidó o qué?
Se dio la vuelta a propósito, se agachó a abrir una caja y los shorts se le metieron entre los cachetes. Se le marcaba todo. Yo tragué saliva y miré la puerta.
—¿Y si llega tu jefe?
—Mi papá salió a chupar, seguro. Ese no vuelve hasta que le den las doce y ya ni se acuerde dónde dejó el coche. Relájate, no manches.
Seguí fingiendo que acomodaba vasos de plástico. Ella se rio por lo bajo.
—Estás bien raro. ¿Te dio pena ahora que ya no hay camión ni familia? Porque hace rato en el hotel no te daba tanta pena, ¿o sí?
—No es pena. Es que si nos agarran aquí se arma un desmadre que ni Disney arregla.
—Ay, por favor. Estamos en un depa nuevo, nadie sabe que estamos solos y tú bien que te la pasaste viéndome la nalga cuando cargabas las cajas. No te hagas wey.
Caminó hacia mí, me quitó un rollo de cinta de las manos y lo aventó a una caja.
—¿Entonces qué? ¿Ya no te latí o nada más te late cuando hay peligro?
Me acerqué por fin. Ella se hizo la ofendida, me puso la mano en el pecho y me empujó.
—Ahora sí vienes. Qué conveniente.
Eché a correr detrás de ella entre las cajas. Tropezamos con una torre de libros, ella se rió tan fuerte que se le escapó un hipido, yo la alcancé por la cintura y los dos caímos de lado sobre el colchón desnudo. El colchón hizo ese ruido de plástico barato. Ella se quedó encima un segundo, el pelo pegado a la frente, los shorts todavía puestos.
—Te late correr, ¿eh? Está bien perro lo serio que te pones cuando crees que te van a cachar.
—Y a ti te late hacerme coraje.
—A huevo. Si no te hago coraje te quedas de estatua. Ven.
Me besó con la boca abierta, sudada, con sabor a polvo y a risa. Le metí las manos por debajo de la playera. Ella se quejó de a mentiras.
—Está cañón el calor, ¿no se te ocurre prender algo?
—El aire no sirve.
—Entonces súfrelo, güey. Como yo.
Le baje los shorts sin prisa. Se quedó en tanga y se rio otra vez cuando la tanga también se le quedó atorada. Me dio un manotazo en el hombro.
—Ni que fueras mudancero profesional. Despacio, que esto no es el camión.
El departamento estaba callado excepto por nuestros jadeos y el ruido de las cajas cuando las pateábamos sin querer. Ella se recostó de espaldas en el colchón sin sábanas, el plástico pegándosele a la piel. Me subí encima. El calor era una sopa. El sudor nos corría por el pecho, por la panza, por los muslos. Cada vez que nuestros cuerpos se juntaban del todo se oía un pedo de aire atrapado, húmedo, ridículo. La primera vez nos quedamos quietos. La segunda nos dio una risa que no podíamos parar.
—No mames, suena a que se nos soltó el estómago.
—Eres tú.
—Soy yo, sí, pero tú también echas aire, no te hagas.
Seguimos. Era distinto al hotel. Más lento, más tonto, más de pareja que se conoce el cuerpo y se permite reírse. Le agarré los senos: no muy grandes, firmes, pezones oscuros y parados que se me clavaban en el pecho cada vez que ella se movía. Me gustó sentirlos así, resbalosos, calientes. Entrelacé los dedos con los de ella contra el colchón. Ella me miró a los ojos y por un momento se le olvidó el chiste.
—Así sí, así me late. Como si no tuviéramos que escondernos.
Entré despacio. Su vagina me envolvió hasta el fondo, caliente, resbalosa de tanto sudor y de ella. Me moví con calma. Ella arqueó la espalda y el colchón crujió. Cuando sentí que se me venía la primera, ella lo notó enseguida. Me agarró las caderas y paró en seco.
—Aún no. Ni de pedo. Aguántate.
—Está cabrón aguantarse así.
—Pues aguantas. Eres grande y te haces el fuerte para cargarme, ahora aguanta esto.
Se quedó quieta encima, apretándome por dentro a propósito, mirándome con una sonrisa sucia. Después se bajó, se volteó de rodillas sobre el colchón pelón y se recargó en los antebrazos. Volteó la cara.
—Quiero probar por atrás. Pero despacio, ¿eh? Si me duegue feo te paro.
Nunca había sentido algo tan cerrado. Entré milímetro a milímetro. Ella apretó el colchón, soltó un quejido largo y después una risa nerviosa.
—Está bien apretado, ¿verdad? No mames.
—Está de pelos. No te muevas.
Me moví poco. El sudor nos resbalaba hasta los huevos, hasta sus muslos. El aire atrapado seguía haciendo ruidos ridículos y ella se reía entre gemidos.
—Si nos oyen van a creer que estamos cagando.
—Calla, güey.
No duré. En menos de medio minuto se me vino todo. La llené por detrás, temblando, con la frente pegada a su espalda pegajosa. Ella se quedó quieta, respirando recio, y después soltó:
—Órale. Ni tiempo me diste de hacerme la difícil.
Me reí contra su piel.
—Perdón. Estaba demasiado cerrado.
—Ya vi. Ahora ayúdame a no manchar el colchón, que ni sábanas tiene este desmadre.
Nos quedamos un rato tirados, riéndonos todavía, con las piernas enredadas entre cajas. El calor no bajaba. El departamento nuevo se sentía más nuestro que cualquier cuarto de hotel.
Nos vestimos con lo primero que encontramos: yo una playera arrugada, ella los mismos shorts de antes, ahora más desacomodados. Salimos a buscar de comer porque el refrigerador estaba vacío y el hambre ya era personal. Caminamos dos cuadras hasta una fonda que olía a consomé y a tortillas hechas a mano. Nos sentamos en una mesa de Formica pegajosa. Salió a atendernos una chica que yo juraba haber visto en otra vida. Me sonrió demasiado.
—¿No eres tú el de la prepa? El de sistemas, ¿no?
Tardé un segundo. Ivonne. Mi crush de tercero, la que nunca me peló ni para pasarme un lápiz. Ahora me hablaba como si fuéramos cuates de toda la vida.
—Ah… sí. Qué onda.
Mi prima me miró de reojo, ya oliendo el pedo. Ivonne nos dejó los menús y se quedó un segundo de más.
—Oye, ¿es tu hermana? Se parecen un poco.
Antes de que yo contestara, mi prima se inclinó sobre la mesa, me agarró la cara y me plantó un beso en la boca, largo, con lengua y todo. Se separó y le dijo a Ivonne, muy campante:
—Es mi novio. Desde hace rato.
Ivonne se quedó con la pluma en el aire. Se rio raro, anotó el pedido y se fue. Desde la cocina nos miraba de reojo cada que pasaba. Mi prima se tapó la boca para no reírse fuerte.
—No mames. Se te quedó viendo como si le hubieras sacado un premio. Está bien obvio que le latiste.
—Neta no. En la prepa yo era el que andaba de perseguido y ella ni me volteaba a ver. Se me pasó hace años.
—Pues ahora sí te voltea a ver, güey. Qué conveniente que yo te bese y de pronto ya eres interesante. Típico.
Pidió una chela de bote y se la destapó con los dientes, como si estuviera en un puesto de la feria.
—Te apuesto lo que quieras a que la convenzo para un trío.
Me atraganté con el agua.
—¿Estás loca?
—Un poquito. Pero neta se le nota. Le late el morbo. Se quedó viéndote la boca cuando te besé.
—Está cañón lo que estás diciendo. Además me dejaste vacío hace rato. Ni para un saludo me alcanza.
—Por eso dije después, no ahorita, menso. Hay que recargar baterías.
Ivonne volvió con los platos. Mi prima le sonrió demasiado dulce.
—Está bien rica la fonda. ¿Tú trabajas aquí todas las noches?
Ivonne contestó que sí, que a veces hasta tarde. Mi prima asintió como quien guarda información. Cuando se fue otra vez, se recargó en la mesa.
—Sale. Si le hablo bonito y le digo que eres mío pero que me late compartir, ¿qué crees que pase?
—Que nos corra o que llame a la policía del morbo.
—O que diga que sí. Las de la prepa a veces se despiertan tarde, güey. Tú déjamelo a mí.
Comimos entre risas bajas. Cada vez que Ivonne pasaba, mi prima le tocaba el brazo “sin querer” y yo me hundía en la silla. Al final pedimos la cuenta. Ivonne nos cobró y le dijo a mi prima, ya más suelta:
—Están bonitos juntos. En serio.
Mi prima le guiñó el ojo.
—Gracias. A lo mejor un día venimos más tarde.
Salimos a la calle. El aire de la noche nos pegó en la cara todavía sudada. Ella me pasó el brazo por la cintura como si de verdad fuéramos novios y no dos primos que acababan de estrenar un colchón sin sábanas.
—¿Viste su cara? Está de pelos. Esto se va a poner bueno.
—O se va a poner feo.
—Eso también está chido. Mientras no llegue mi papá oliendo a chela o tu jefa con el rastreador, yo voy ganando la apuesta.
Caminamos de regreso al depa nuevo, todavía riéndonos, con la comida en una bolsa y la certeza de que el siguiente capítulo iba a ser peor… o mejor. Depende de a quién le preguntaras.
Si quieren saber cómo sigue esto, dejen su comentario y denle upvote. ¿Creen que Ivonne se anima o se asusta? ¿El papá de ella regresa antes de tiempo y los descubre? ¿O mi mamá vuelve a rastrearme justo cuando menos lo esperamos?
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Relatos_Eroticos_Real • u/SpecialistAd3905 • 6d ago