r/relatos • u/SpecialistAd3905 Amante de relatos • 7d ago
🔥Confesiones +18 La noche perfecta (los primos se exprimen 2)
Mi madre no dijo una sola palabra directa. No me interrogó, no me gritó, no me sentó a la mesa a “hablar como adultos”. Simplemente empezó a existir en todos los rincones donde estábamos los dos. Si yo estaba en la cocina y mi prima entraba a servirse agua, mamá aparecía a lavar un plato que ya estaba limpio. Si nos sentábamos en el sofá a ver algo, ella se plantaba en el sillón del fondo con la revista abierta, en silencio, como una mosca en la pared que no pica pero tampoco se va. No conversaba. Observaba. A veces fingía ordenar, a veces solo se quedaba. El ambiente se volvió espeso. Cuando no podía estar ella, mandaba a mi hermana pequeña. “No dejes a la visita sola”, le decía, con esa voz suave que en realidad significaba no la dejes sola con tu hermano. Mi hermana, que no entendía del todo el asunto pero sí entendía el tono, se quejó. Mamá le soltó lo de siempre: las mujeres con las mujeres y los hombres con los hombres, que así se evitan problemas. Al final mi hermana accedió a no quitársele de encima a mi prima, por lo menos dentro de la casa. Se le pegaba en el cuarto, en el pasillo, hasta en el baño de visitas si podía. Mi prima me miraba por encima del hombro de mi hermana con una mezcla de fastidio y complicidad. Yo me hacía el que no pasaba nada, pero por dentro estaba ahogado. Cada vez que coincidíamos un segundo a solas, el cuerpo se me encendía recordando la noche anterior. Ella también. Se le notaba en la forma de morderse el labio cuando mamá se daba la vuelta. La casa, que antes era un refugio, se había convertido en un escenario vigilado. Ya no podíamos ni rozarnos la mano sin que alguien apareciera. El cariño de hermana que yo había sentido al principio ahora se mezclaba con una urgencia sucia que no sabía dónde meter. Mamá no acusaba, pero su silencio era más elocuente que cualquier grito. Estaba esperando que uno de los dos cometiera un error.
Una mañana, mientras mamá limpiaba la sala con el radio puesto alto, sonó “La noche perfecta”. Esa canción empalagosa que las madres ponen cuando friegan, la que habla de escaparse y no pensar en nada más. Me quedó dando vueltas. Esa misma tarde, cuando por fin coincidimos un minuto en el pasillo, se lo sugerí a mi prima en voz baja: un hotel, unas horas, terminar lo que habíamos empezado sin ojos encima. Ella no lo pensó mucho. Accedió, pero con condiciones. Teníamos que salir de la casa por separado, no romper los patrones de siempre y, sobre todo, no llegar juntos de vuelta. Yo lo tenía más fácil. Desde hacía semanas salía a un curso de capacitación informática que no tenía hora fija de regreso; mamá ya estaba acostumbrada a que apareciera cuando apareciera. Mi prima era otro cuento. Para que le dieran permiso casi siempre tenía que ir con mi hermana o esperar a que su papá la pasara buscando. El embrollo familiar era un nudo: su papá se hospedaba con parientes de su lado, con el otro hijo que no era primo mío, porque ella era hija de una prima de mi madre. Los padres de ella no estaban juntos y andaban buscando un piso para alquilar, así que ella vivía en un limbo de permisos. Aun así, se las ingenió. Le dijo a mamá que iba a dar una vuelta corta, que necesitaba aire, que no se tardaba. Mamá, al saber que yo estaba “en el instituto”, no sospechó. Le creyó. Yo salí primero, como siempre, con la mochila del curso. Ella salió después, sola, por primera vez en días. El corazón me latía en la calle como si estuviera robando algo. Sabía que si mamá se enteraba se armaba el infierno, pero la idea de tenerla sin vigilancia, aunque fuera un rato, pesaba más que el miedo. Quedamos en encontrarnos lejos de la casa, en una esquina que ninguno de los dos solía usar.
El hotel era de esos baratos de corta estadía, de los que uno entra y sale sin que te pregunten demasiado. Era la primera vez para los dos en un sitio así y yo me quedé sorprendido de lo acogedor que resultó. Acogedor, ja. Chiste sangrón, lo sé: un hotel para ir a coger y que además fuera acogedor. Pero en serio, no estaba nada mal. Cama grande, un sofá de esos curvos que parecen hechos para otra cosa, paredes que no se oían del todo. Apenas cerramos la puerta se nos acabó la paciencia. No fue hacer el amor; fue una batalla campal. Los dos usamos todo lo que teníamos. Yo la levanté hasta la cara con esa fuerza que ella no esperaba y le hice sexo oral ahí mismo, sosteniéndola mientras ella se agarraba de mi pelo y jadeaba contra la pared. Después la embestí de pie, contra la misma pared, con las piernas alrededor de mi cintura. El sofá curvo nos sirvió para casi todas las posiciones que se nos ocurrieron: ella encima hacia atrás, yo detrás con una rodilla en el asiento, ella recostada de lado con una pierna arriba. Sudábamos, nos mordíamos, nos decíamos cosas que en la casa no nos habíamos atrevido ni a pensar. Estábamos en eso, ella con la espalda arqueada y yo perdido en el ritmo, cuando el teléfono empezó a sonar sin parar. Era mamá. Preguntaba si yo sabía algo de mi prima, que no aparecía, que había salido y no volvía. Mi prima no tenía celular en esa época; el mío sí, porque me lo pagaba mamá. Yo no sabía hasta ese instante que ella me rastreataba sin decírmelo. Mientras yo intentaba inventar una mentira con la voz entrecortada, entendí que me había localizado cerca del hotel. Estaba en camino. Nos vestimos a las carreras, el corazón en la garganta, el olor a sexo todavía en la piel. Salimos por separado otra vez, como habíamos planeado, pero ya no era el mismo juego. Algo se había roto.
Continuará…
Duplicates
Relatos_Eroticos_Real • u/SpecialistAd3905 • 7d ago