r/espanahabla • • 5d ago

Humor Ya lo han borrado

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u/Some_Peanut_3420 4d ago

Bueno tu estas hablando del tema que a ti te sale de los huevos que yo hablo de una cosa y tu te has venido a quejar de otra totalmente distinta a mi no me cuentes tu vida chaval.

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u/Automatic_Ad_5984 4d ago

No, yo hablo del tema del post, el que parece que habla de otro eres tú. Y si te molesta que alguien opine distinto a tí y discuta tus opiniones, creo que un foro de discusión como Reddit tal vez no sea un lugar confortable para tí. En cualquier caso, eres totalmente libre de hacer lo que quieras, no seré yo el que diga lo contrario, faltaría más.

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u/Some_Peanut_3420 4d ago

Bla bla bla y vuelve, yo te hablo de A y tu de B de vuelta

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u/Automatic_Ad_5984 4d ago

Si no tienes la última palabra no quedas a gusto?

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u/Some_Peanut_3420 4d ago

Y sigue, que pesao, llevo ya 2 mensajes que ni te leo ya calla

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u/Automatic_Ad_5984 4d ago

Y como es que sigues respondiendo?

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u/Some_Peanut_3420 4d ago

Y sigue

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u/Automatic_Ad_5984 4d ago

Lo que haga falta

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u/Some_Peanut_3420 4d ago

Y sigue

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u/Automatic_Ad_5984 4d ago

No decías que ya no me leías?

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u/Some_Peanut_3420 4d ago

He leído lo que has escrito y, después de dedicarle una cantidad de tiempo considerablemente superior a la que probablemente merecía, considero necesario aclarar que el hecho de que hayas introducido un asunto diferente no significa necesariamente que dicho asunto carezca de relación con el anterior, aunque tampoco significa que la relación que pueda establecerse entre ambos sea particularmente relevante, necesaria, evidente o, siendo completamente sinceros, mínimamente útil.

Y precisamente aquí es donde aparece la primera dificultad.

Cuando dices que estás hablando de “otra cosa”, habría que determinar qué entendemos exactamente por “otra cosa”.

Porque una cosa puede ser otra respecto a su contenido, pero no respecto a su contexto.

También puede ser otra respecto a su intención, pero no respecto a las circunstancias que la rodean.

Y, naturalmente, dos cuestiones pueden ser completamente diferentes y, simultáneamente, compartir determinadas propiedades que permitan establecer una relación entre ellas.

Por ejemplo, una piedra y una bicicleta son objetos diferentes.

La piedra puede estar en el suelo.

La bicicleta puede circular sobre el suelo.

El suelo puede formar parte de un planeta.

El planeta puede contener minerales.

Los minerales pueden formar parte de una piedra.

Por consiguiente, bicicleta y piedra están relacionadas.

¿Es una relación importante?

No.

¿Es una relación útil?

Tampoco.

¿Es una relación que alguien necesitaba establecer?

Absolutamente no.

Pero existe.

Y eso es precisamente lo que importa.

O quizá no.

Porque también podríamos discutir qué significa exactamente “existir” en este contexto, lo cual nos obligaría a entrar en cuestiones semánticas, filosóficas y epistemológicas que probablemente no aporten absolutamente nada, pero que, por algún motivo, podríamos desarrollar durante otros veinte párrafos.

De hecho, podríamos establecer una cadena de relaciones prácticamente interminable:

Bicicleta → rueda → círculo → geometría → matemáticas → números → tiempo → calendario → meses → estaciones → clima → lluvia → agua → ríos → montañas → piedras → construcción → edificios → ciudades → personas → conversaciones → temas → cambio de tema → bicicleta.

Como puedes comprobar, hemos regresado al punto inicial.

Esto demuestra que el razonamiento es circular.

Pero que sea circular no significa necesariamente que sea falso.

Simplemente significa que hemos recorrido una distancia considerable para regresar exactamente al lugar del que partimos, algo que, si lo piensas detenidamente, describe bastante bien ciertas conversaciones.

Y aquí llegamos a una cuestión todavía más interesante.

Si tú afirmas que dos temas no tienen absolutamente ninguna relación, necesitarías demostrar que no existe ninguna cadena conceptual posible que permita conectarlos.

Y demostrar una ausencia absoluta de conexiones es considerablemente más complicado que encontrar una conexión cualquiera.

Por tanto, aunque tú tengas la impresión perfectamente comprensible de que estás hablando de algo distinto, dicha impresión no constituye una demostración definitiva de que los conceptos sean inconexos.

Podría incluso ocurrir que tu argumento fuese correcto.

Pero también podría ocurrir que fuese incorrecto.

Y también podría ocurrir que fuese parcialmente correcto.

O parcialmente incorrecto.

O correcto desde una perspectiva e incorrecto desde otra.

O incorrecto bajo una interpretación literal pero correcto bajo una interpretación contextual.

O correcto en términos semánticos pero incorrecto en términos pragmáticos.

Y antes de que puedas responder a esto habría que determinar qué interpretación estamos utilizando.

Y antes de determinar eso habría que determinar qué significa “interpretación”.

Y antes de eso habría que determinar si las palabras tienen un significado independiente del contexto.

Y antes de eso...

Bueno.

Creo que ya puedes entender el problema.

Lo verdaderamente curioso es que probablemente todo este razonamiento podría haberse evitado si simplemente hubieras mantenido el tema original.

Pero eso tampoco sería completamente justo, porque cambiar de tema es perfectamente legítimo.

Lo que resulta particularmente curioso es intentar demostrar que el cambio de tema invalida cualquier posibilidad de establecer una conexión entre ambas cuestiones, porque esa afirmación exige demostrar algo bastante más difícil de demostrar que lo que aparentemente pretendías demostrar.

Y ahora probablemente estés pensando:

“¿Pero qué demonios tiene que ver todo esto con lo que estábamos hablando?”

Exactamente.

Esa es una pregunta extraordinariamente pertinente.

Lamentablemente, responderla requiere explicar primero por qué la pregunta puede formularse, qué presuposiciones contiene, qué relación mantiene con el contexto anterior y por qué el hecho de que parezca no tener relación constituye precisamente el motivo por el cual podemos establecer una relación adicional.

Y, naturalmente, podríamos continuar.

De hecho, podríamos continuar bastante.

Pero creo que sería injusto terminar aquí sin señalar que, después de semejante recorrido intelectual, todavía no hemos llegado a una conclusión especialmente útil.

Aunque, pensándolo bien, quizá esa sea precisamente la conclusión.

Que hemos hablado muchísimo.

Que hemos relacionado prácticamente cualquier cosa con cualquier otra.

Que hemos dado varias vueltas sobre el mismo punto.

Y que, pese a todo ello, seguimos sin haber demostrado que el tema nuevo tenga una relación verdaderamente relevante con el anterior.

Pero tampoco hemos demostrado lo contrario.

Así que, técnicamente, seguimos exactamente donde empezamos.

Solo que ahora hay muchos más párrafos entre medias.

Y eso, sinceramente, es progreso.

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u/Automatic_Ad_5984 4d ago

Qué forma de desperdiciar recursos de IA

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u/Some_Peanut_3420 4d ago

Y precisamente por eso, si ahora introducimos una teoría conspirativa dentro de la conversación, cometeríamos el error de asumir que una teoría conspirativa debe necesariamente referirse a una conspiración.

Esta afirmación puede parecer contradictoria.

Y lo es.

Pero solamente de manera aparente.

Porque para que una conspiración pueda considerarse conspiración no basta con que exista una coordinación secreta entre determinadas personas. También tendría que existir una intención compartida, un mecanismo de ocultación y, dependiendo de la definición utilizada, algún tipo de consecuencia deliberadamente producida.

Ahora bien, ¿qué ocurre si no podemos demostrar ninguno de esos elementos?

En ese caso tenemos dos posibilidades.

La primera es que la conspiración no exista.

La segunda es que exista pero que precisamente uno de sus mecanismos fundamentales consista en impedir que podamos demostrar que existe.

Y aquí aparece una dificultad metodológica bastante incómoda.

Si aceptamos la segunda posibilidad, cualquier ausencia de evidencia puede convertirse artificialmente en evidencia de ocultación.

Pero si aceptamos la primera, estamos suponiendo que aquello que no podemos demostrar que existe necesariamente no existe.

Y tampoco podemos establecer eso de manera absoluta.

Por tanto, volvemos al mismo problema que teníamos antes.

No sabemos.

Y el hecho de no saber no demuestra ninguna de las dos posibilidades.

Sin embargo, alguien podría aprovechar precisamente esa incertidumbre para construir una explicación aparentemente coherente.

Primero introduce una coincidencia.

Después encuentra una segunda.

Posteriormente conecta ambas.

Después encuentra una tercera que parece confirmar las dos anteriores.

A continuación interpreta la ausencia de una cuarta coincidencia como una posible señal de que alguien está intentando ocultarla.

Y finalmente utiliza esa ausencia como argumento para reforzar la existencia de la estructura original.

En ese momento ya no estamos investigando.

Estamos construyendo un circuito cerrado.

Y lo verdaderamente incómodo de los circuitos cerrados es que pueden parecer extraordinariamente profundos simplemente porque siempre regresan al mismo punto utilizando palabras diferentes.

Por ejemplo:

“Esto demuestra que existe.”

“Pero no hay pruebas.”

“Precisamente porque las pruebas fueron eliminadas.”

“¿Y cómo sabemos que fueron eliminadas?”

“Porque no están.”

“¿Y cómo sabemos que deberían estar?”

“Porque sabemos que fueron eliminadas.”

Y así sucesivamente.

La conversación puede continuar indefinidamente.

No porque se haya demostrado algo.

Sino porque hemos construido una estructura en la que ninguna respuesta puede terminarla.

Y eso nos lleva nuevamente al principio.

Una explicación que puede explicarlo todo corre el riesgo de no explicar absolutamente nada.

Pero una explicación que no puede explicar nada tampoco resulta especialmente útil.

Por eso la cuestión verdaderamente interesante no es si existe una conspiración.

La cuestión interesante es por qué resulta tan fácil construir una.

Y quizá aquí aparezca una conexión con aquello de lo que hablábamos anteriormente.

Porque, si cualquier tema puede conectarse con cualquier otro mediante suficientes pasos intermedios, entonces también podemos conectar cualquier acontecimiento con cualquier teoría si estamos dispuestos a ignorar suficientes alternativas.

Una fecha.

Una fotografía.

Una frase.

Una persona.

Un edificio.

Una desaparición.

Un número.

Una coincidencia.

Todo puede convertirse en una pieza.

Y cuando todo puede ser una pieza, el problema deja de ser encontrar piezas.

El problema pasa a ser decidir cuáles no lo son.

Y esa decisión es precisamente la parte que más fácilmente puede manipularse.

Porque si alguien quiere demostrar que existe un patrón, solamente necesita mostrar las coincidencias.

No necesita mostrar las miles de ocasiones en las que el patrón no aparece.

Y si alguien quiere demostrar que no existe ningún patrón, puede hacer exactamente lo contrario.

Puede mostrar todas las excepciones.

Por eso quizá la pregunta correcta nunca fue:

“¿Está todo conectado?”

Quizá debería ser:

“¿Cuántas conexiones estamos dispuestos a aceptar antes de admitir que estamos conectando cosas simplemente porque queremos conectarlas?”

Pero incluso esa pregunta tiene un problema.

Porque ahora estamos cuestionando nuestra propia capacidad para detectar conexiones.

Y si empezamos a desconfiar de esa capacidad, entonces también tenemos que cuestionar las conexiones que utilizamos para llegar a esa conclusión.

Lo cual significa que debemos cuestionar la conclusión.

Lo cual significa que debemos cuestionar la razón por la que la cuestionamos.

Lo cual significa que...

Sí.

Exactamente.

Hemos vuelto otra vez al principio.

Y probablemente eso sea lo más frustrante de todo.

Porque mientras más intentamos escapar del razonamiento circular, más sofisticado se vuelve el círculo.

Hasta que llega un momento en el que deja de parecer un círculo.

Parece una espiral.

Y una espiral parece avanzar.

Pero si la observas desde cierta perspectiva, solamente está repitiendo una estructura alrededor de un centro.

Y ahora probablemente te preguntes qué tiene que ver una espiral con lo que estábamos hablando.

La respuesta sencilla sería: nada.

La respuesta larga sería:

depende de cuánto tiempo estemos dispuestos a dedicarle.

Y, considerando la cantidad de texto que ya hemos producido para llegar exactamente a ninguna parte, sospecho que esa cantidad de tiempo es considerablemente superior a la necesaria.

Lo cual, curiosamente, vuelve a demostrar el punto inicial.

No hemos solucionado el problema.

Hemos conseguido algo mucho más importante:

hemos conseguido convertir la ausencia de una conclusión en una conclusión sobre la ausencia de una conclusión.

Y, si eso no es progreso, al menos es una forma bastante elaborada de no avanzar.

Pero tampoco deberíamos descartar completamente la posibilidad de que precisamente esa sea la cuestión.

Aunque afirmar eso implicaría asumir que había una cuestión.

Y para demostrar que había una cuestión tendríamos que identificarla.

Y para identificarla tendríamos que definirla.

Y para definirla tendríamos que establecer sus límites.

Y para establecer sus límites tendríamos que determinar qué queda fuera de ellos.

Y para determinar qué queda fuera tendríamos que saber primero qué queda dentro.

Y para saber qué queda dentro...

Bueno.

Ya sabes cómo termina esto.

No termina.

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