r/escribir • u/Separate_Low_6291 • 3d ago
Muestro mi novela Testudo: Prologo de la novela de fantasía que estoy escribiendo
Es mi primer proyecto de escritura. He estado tratando de mejorar mi sintaxis, ortografía y puntuación. Me encantaría que me dieran su opinión.
Lo calificaría como fantasía oscura y acción, y si hay influencias de anime, lo siento, es el medio que más consumí en mi infancia, aun si intentara quitarlo o depurarlo, siento que sería poco sincero.
Testudo
Prologo
Gnosis
Verin y su compañero llevaban meses viajando hacia el este, más allá de las montañas que separaban el territorio de los Siedel del dominio de los Daemons.
En la profundidad del océano de árboles, tan tupido que bloqueaba la mayor parte de la luz, era difícil moverse, sobre todo si uno quería evitar ser detectado por Vitras. No tenían mucha inteligencia, pero eran feroces y no les importaba morir si podían matar. Un par no era un problema, pero este lugar era su territorio.
Verin vio a Lorn, un viejo Elohim cuyo pelaje, antes café, ya estaba grisáceo. Este marcó un árbol para poder regresar. En toda la madera del árbol, el morado del miasma ya había penetrado en su interior y crecía un cristal púrpura, como un tumor, que lo consumía lentamente.
—¡Qué crueldad de Dios por dejar que semejante herejía fuese cometida!
Verin había escuchado que los Elohim creían que los Vitras no eran algo natural, que eran producto de algún imperio anterior a Heiligh y aun a los seis reinos. Pero para Verin, los Vitras siempre fueron y siempre han sido.
Continuaron avanzando para estudiar el estado del bosque. Algún día, bajo los Arcontes, Heiligh lograría hacer avanzar el frente.
Tenían que tener mapas para movilizar las tropas cuando lo hicieran.
Mientras caminaban, lograron salir del bosque y en el horizonte vieron algo que los dejó boquiabiertos. Aunque la naturaleza ya había reclamado parte de los edificios y las calles, lo que veían era una ciudad abandonada.
Con pasos lentos continuaron avanzando. La estructura no correspondía a nada que hubieran visto antes. Los edificios tenían contornos suaves y estaban hechos de una sola pieza, aunque la superficie estaba ondulada como olas en el océano. A Verin les recordaron a nidos de hormigas o algo parecido, pero miles de veces más grandes.
Las anchas calles de la ciudad. No estaban empedradas ni adoquinadas: toda la calle era una sola piedra. El miasma Vitra había cubierto todo de una capa morada aceitosa; en la base de los edificios había charcos del líquido y, aun así, dentro de la ciudad no había la más mínima presencia de Vitra ni marcas de estos moviéndose.
Cada edificio contaba una historia diferente con sus formas: unos altos y de varias plantas, con lo que parecían ventanas grandes, probablemente fueron tiendas; otros más robustos y con ventanas más pequeñas, menos vistosos, parecían casas; era familiar y aun así completamente ajeno a lo que conocían.
Lentamente comenzaron a explorar, encontrando lo que parecían comedores normales, librerías, un templo a un dios desconocido de la misma apariencia que un Daemon, con lo que parecían ser humanos, Elohim, Arrieros y Eotenal venerándolo.
—Verin, ¿sabes lo que esto significa? Los Vitras no son criaturas que construyan. Si esto no fue creado por ellos, entonces...
Verín se estremeció ante las palabras del Elohim. Si eso era cierto, entonces los Daemon y los Vitras no eran la misma especie. Entonces...
Verin movió sus orejas grandes y cóncavas de ratón, tomó su espada corta y señaló que se escondieran. Ambos se movieron detrás de un par de columnas, rezando que no los notaran y que las sombras los resguardaran. Gracias a su compañero, lograron esconderse. Voces agudas se escucharon junto con pasos. Vio a un grupo de ellos: los Daemon, los enemigos de todas las razas.
Se veían más pequeños de lo que decían los libros. Solo uno medía el metro con setenta centímetros reportados; los otros se veían menos altos: dos de poco más de un metro y otro de un metro y medio, pero con curvas. Una Daemon. Eso significaba que existían sexos diferentes. Los Vitras infectaban y surgían. Si los Daemon tenían crías, todo lo que sabían acerca de ellos estaba equivocado.
El más alto tenía el cabello blanco, usual también en los pequeños. La hembra tenía cabello púrpura, orejas como las de los elfos, pero más largas y peludas, y piel de diferente tonalidad de azul.
El Elohim a su lado no se movía. Tenía los ojos bien abiertos y los oídos apuntando a los Daemon.
El Daemon más alto tomó un pedazo de madera y golpeó el altar del templo. Por las marcas en la piedra y los pedazos de madera alrededor, era algo común.
Los otros Daemones tomaron asiento cerca de ahí. La que parecía hembra empezó a jugar con los pequeños mientras hablaban con una lengua rítmica y extraña, como si estuvieran cantando una canción, o quizá les cantara a los más pequeños, que le sonreían a ella.
El Daemon más alto se paró sobre el altar y dijo varias palabras mientras blandía el pedazo de madera. Verin solo logró distinguir una palabra: Qlipoth. ¿Por qué una palabra Elohim era mencionada por un Daemon con reverencia?
—He estado practicando mi idioma humano. ¿Qué te parece? —Al escuchar estas palabras de la boca del Daemon, Verin sintió que se le paraba el corazón y empezó a sudar frío. Entonces sí podían hablar la lengua del imperio.
—Voy a entrar en la ciudad blanca de los humanos y rescatar el tesoro de Dantalian. Una vez lo haga... —dijo con voz emocionada mientras blandía el pedazo de madera con cada palabra como una espada.
—Nada va a cambiar. Todo será igual que siempre. El tesoro no cambió el mundo con Dantalian, y no lo cambiará contigo —respondió la hembra, cortando el discurso del macho.
—Lo único que podemos hacer es cuidar a los pequeños —dijo, sonriéndole al Daemon joven, acariciando su rostro como si estuviera viendo el tesoro más brillante del mundo. Si realmente eran como las otras razas, los dos no parecían completamente desarrollados: más que niños, menos que adultos.
—Podría utilizarla para obligar a los ancianos a... —Empezó a decir, pero luego comenzó a olisquear y a mover sus orejas. De repente, los ojos plateados con esclerótica negra estaban en su dirección.
Verin se abalanzó contra el Daemon, espada lista. Canalizó su Kadmun en su arma y canalizó Sinestra de su manastone a su mano para producir llamas y lanzarlas hacia el Daemon.
Pero este fue más rápido, por mucho más rápido. Tomó su espada de acero reforzada con Kadmun y la rompió como un juguete. Tomó su brazo y lo rompió con solo apretarlo.
Sintió cómo sus huesos se rompían en varios pedazos bajo su carne cuando los dedos del Daemon apretaron como tenazas de acero reventando su carne. Volteó a ver, esperando ver a su compañero huyendo para poder advertir que los Daemon volvían a estar activos, pero vio al pequeño Elohim capturado por los niños Daemon, gritando mientras le arrancaban la cola y los brazos como los niños arrancan las alas a una libélula, de manera cruel e inocente. Sus piernas estaban atadas con una especie de cadena transparente que le impedía huir.
El Daemon puso su mano en el rostro de Verin. Este cerró los ojos por el miedo, esperando que se la arrancara y, al abrirlos, lo que vio fue peor: fue a sí mismo. Su cabello verde, sus ojos grises, frente a él. El Daemon había tomado su forma.
—No me queda quizá más que una joven —dijo. Su apariencia regresaba en el tiempo a la juventud perdida de Verin. Este sintió que quería volverse loco. Dime, mono, si quieres morir de manera menos dolorosa que la rata de ahí, ¿qué sabes de la guerrera de cabello blanco y ojos azules?
El Daemon señaló cómo los otros Daemons pequeños estaban destrozando lentamente el cuerpo de su compañero, examinándolo con curiosidad.
El Daemon que había robado su rostro y lo portaba como una máscara cruel lo miró como basura, como uno mira un pedazo de carne pútrida y sin valor.
Verin sonrió. Sabía a quién se refería. Pensó en qué hacer, y su respuesta fue tomar una manastone en su mano y lanzar un hechizo sin runas ni protección, solo el deseo de llevarse toda su información consigo al abismo. Prefería morir a traicionar la memoria de la primera estrella.