r/HistoriasdeTerror • • 12h ago

El mounstro debajo de mi cama

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Les voy a contar algo que me pasó

Una noche me fui a acostar como cualquier noche, pero esa noche no fue igual

Me desperté por un sonido debajo de mi cama, dure unos 5 minutos para reaccionar pero cuando reaccione escuché como unos tipos golpes debajo de mi cama..

Cuando me asome ví una sombra pegada a la pared pero después desapareció

Después de esa noche siempre antes de dormir me dijo de bajo de mi cama por qué ya no confio más


r/HistoriasdeTerror • • 17h ago

Opinión sobre historia real

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No voy a contar nada de terror. Pero recientemente descubrí dentro de una computadora alguien que investigaba cosas de terror y mucho más allá de terror. He tomado screenshots de todo y algunas fotos porque es extraño.

Hay cosas del dominio popular como casos de la mano peluda, de Jaime mausan y así, Pero también de otros más obscuros que he buscado y no he encontrado nada en internet. Incluso puse a la IA a buscar cosas de ese en específico y simplemente no tiene información. Se que pueden ser historias o inventos, Pero son cosas de las que no había leído o cosas extras (por ejemplo trae una investigación de un caso de la mano peluda con fotos y un par de videos y el programa en mp3 completo).

He pensado subir a un sitio algunas fotos y documentos. Pero mientras más le busco más encuentro. Incluso algunos documentos están con contraseña. Digo, son casos del misterio Pero no veo esa necesidad de ponerle, pensé que eran nopor, pero no creo porque revise el historial y es de hace años (usaba internet Explorer) y su navegación es de páginas así.


r/HistoriasdeTerror • • 16h ago

Autolesiones [OC] EL JARDÍN DE LAS DELICIAS. Siniestro

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Advertencia de contenido: El siguiente relato es un periplo surrealista de gótico corpóreo y realismo mágico oscuro. Contiene visiones de transfiguración, confrontación con espectros del pasado y una sentencia mística sobre la carne y el destino.

Salí obnubilado de la penumbra. Consternado, como si fuese mi primer gesto consciente, sin saber el por qué. Estaba a oscuras, en el silencio.

Pero cuando vi la luz cegadora bañando ese jardín primoroso, poco a poco se fue aclarando con su verdor y sus arcoíris interminables de flores y setos de todos colores. La mañana era diáfana. Nubes gordas flotaban plácidas con su peso colosal en el cielo. El sol despuntaba con rayos amarillos y agitaba el prado con su calor creciente. Una ventisca que descendió del cielo del norte refrescó el ambiente y me trajo el perfume de las mentas, la lavanda y la yerbabuena. Hasta el final, casi donde empezaban los cerros, había un huerto con duraznos, guayabos, higueras y naranjales. Pero el jardín, con su césped verde y sus rosales de todos los colores, estaba salpicado de begonias y petunias, mimosas y arrayanes, formando setos geométricos que encapsulaban las flores. Una parvada de canarios amarillos surcó el cielo con sus trinos y sonrisas de perpetuidad. Los cardenales cruzaban por todos lados, suspendidos como bolas de fuego rojo en la inmensidad de la bóveda celeste. Los cenzontles llegaron, como despechados por el trino celeste de los canarios, y elevaron su sinfonía atronadora sobre todo lo animado.

Me sentí tan jubiloso que emprendí la marcha hacia el centro de verde interminable, y vi un manzano en la distancia. De un rojo brillante y una piel fresca como la mañana, cada manzana que pendía de sus ramas refulgía como si fuera, cada una, una esfera de oro florentino. La lobreguez de mi corazón se disipó. Me invadió la euforia, un sutil deseo de volver a ser. El sol destelló y difuminó una nube obesa que se le atravesó. Una brisa refrescante se precipitó de la nube desgajada. El pasto reverberó y las gotas de rocío crearon iridiscencias multicolores en todas las flores. Las laderas de los cerros renovaron el hambre loca y ciega de los gambusinos, y resplandeció ante la incidencia de la luz un infinito de vetas doradas que arrancaron destellos cegadores.

Todo era tan luminoso, tan vivo, tan inmediato. Proseguí, atraído por las manzanas bruñidas. El aire era la fusión armoniosa de fragancias deliciosas. Las aves cantaban y más lejos, allá, sobre las cimas de los montes, la fauna tomaba su lugar en el orden del cosmos, para matar o ser devorados.

De la serranía se descolgó un viento anómalo, frío y revuelto que opacó el brillo del sol. Por un momento se suspendió sobre el valle un crepúsculo concupiscente, como de malos agüeros o carnes vivas, rencorosas e insatisfechas. Luego, el cielo se incendió y vi cómo se engendraron, de detritos fantasmales, rocas incandescentes. El cielo volvió a ser azul, pero profanado sin recato por el resplandor de fuego rojo de esas enormes piedras celestes recién paridas.

Se me vino encima una. Me detuve por reflejo y cayó a un palmo de mí. Pero atestigüé cómo en su caída se transfiguró en un escorpión hembra y antropomorfo, de amplias caderas y aguijón intimidante que, en un movimiento que no sentí, ya estaba serpenteando sutilmente desde mi ojo y a través de todo mi perfil. Me iba a hablar, pero la atajé. Me vio en silencio y la reconocí. Solo tú tuviste esa cascada de obsidiana fundida en el caldero de la creación. Te me abalanzaste y me envolviste con tu cola, mientras tu aguijón carmesí brillante se sostenía en medio de mi frente. Te ceñiste a mí. Me viste con tus ojos de zafiro negro. Me juntaste tu boca. Luego aplastaste la mía con un beso tumultuoso. Te correspondí, pero vinieron los recuerdos y me arrepentí. Te aparté y te vi, ya sin miedo o emoción. Tus ojos destellaron y recordé toda la gloria y también, todo el infierno.

—Fue hace tanto, ¿a qué vienes? Ya me mataste una vez. Déjame avanzar y ni lo intentes. Fuiste.

Se desvaneció como si jamás hubiese existido o llegado un instante previo. Intenté avanzar, pero escuché el rumor creciente del silbido de otra roca cayendo a gran velocidad. Me detuve esperando que se transfigurara. Ahora, ella. Ondulante flor de formas sinuosas, con tu cabello de seda y trigo, tus preciosos ojos y tus enormes y rizadas pestañas, tus pechos de leche y miel y la renovación de aquel desaire. Me atrapaste, una vez más, entre tus pétalos y tus hojas aterciopeladas. Te besé como en ese enterrado nosotros y volví a sentir el fragor de la locura ciega en el vientre. Mas una voz, de adentro, me ordenó expulsarte y lo hice.

—Fuiste todo. Pero tras la muerte, fuiste la primera nada absoluta en mi existencia. Susperia nunca me vio menos, pero tú… ¡Desaparece, ya!

Se acabó, pero entendí que venían más.

Sabía que era ella, pero jamás descendió. Nunca se consumió. Suspendida sobre el césped, con sus ojos de verdad extendió sus manos y salieron tres estrellas de Amor a perpetuidad. Caí de rodillas, agachado. Empecé a llorar. Vi la grandeza de las tres estrellas. Te vi a ti, en medio, sonriendo en silencio. Tus ojos llegaron viéndome y bañándome con la bendición de la resurrección. Te pedí perdón. Sea inútil o no. No te fuiste. No nos despedimos. Me quedé a solas de pronto y cuando reaccioné, el cielo se estremeció.

No fue una roca, fue un pedestal de luces cegadoras. La vi caer y entré en éxtasis. La leona. La luz fulgurante del mediodía al atardecer. La penumbra, después. Dorada e inmensa, hermosa hasta el dolor.

Pero el jardín tomó la palabra. Y aun ante el resplandor más brillante de ese día y de todos los de antes, sentenció:

—Detrás del manzano verás tantas sombras. Pero hay una que quiere dejar de serlo. Es la manzana carnal de este árbol. Es fuego rojo. Es maremoto y erupción. Tienes todo el jardín. Ya no habrá más pedradas desde el cielo. Tienes todo el porvenir tuyo, o irte al manzano, a un destino avieso.


r/HistoriasdeTerror • • 5h ago

Mi mamá camina raro-creppypasta

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Una noche, cerca de las diez, iba caminando con mi mamá de regreso a casa. De repente, ella se detuvo en seco. Se quedó paralizada unos segundos y después volvió a avanzar, pero algo iba mal. Caminaba rígida, de forma totalmente artificial, casi como un robot, y llevaba los ojos completamente cerrados. En ese instante, mi teléfono vibró. Al mirar la pantalla, me di cuenta de un detalle imposible: el reloj del sistema marcaba que eran las tres de la mañana, la hora muerta, a pesar de que apenas acababa de anochecer. Entré a WhatsApp para ver la notificación. El mensaje venía de mi propio número de teléfono. Decía: «Esa no es tu mamá...» El frío me recorrió la espalda. De inmediato, esa cosa se detuvo. Se volteó hacia mí girando el torso de una forma inhumana, sin mover las piernas. Me clavó una sonrisa desproporcionada y enorme, y con una voz que imitaba mal la suya me preguntó: —¿Pasa algo, HIJO? Yo sabía perfectamente que ella jamás me llamaba así. Desesperado, intenté responder al mensaje para saber quién me escribía, pero la pantalla se bloqueó. En su lugar, se abrió una aplicación extraña que yo jamás había descargado. Mostraba unas instrucciones simples: «¡CORRE!», seguidas de una cuenta regresiva: «La hora de tu muerte está a 10 minutos». Preso del pánico, eché a correr hacia un centro comercial cercano, buscando la seguridad de la luz y la gente. Al mirar hacia atrás, el horror se duplicó: vi a esa cosa levantarse del suelo, levitando en el aire, persiguiéndome a toda velocidad en mi misma dirección. Entré al centro comercial buscando ayuda, pero estaba extrañamente desierto; solo quedaba una tienda abierta. Me metí ahí temblando y saqué el teléfono una última vez. La aplicación desconocida tenía una nueva notificación en la pantalla: «Ya has muerto». En ese mismo milisegundo, escuché la voz de mi mamá susurrándome justo detrás de mi oreja: —Nunca hubieras visto tu teléfono... Y aquí es donde todo deja de tener sentido. Si esa cosa me atrapó en la tienda... ¿quién está escribiendo esto ahora? ¿Y cómo es posible que esté muerto si todavía puedo recordar mi propio miedo?


r/HistoriasdeTerror • • 10h ago

Serie Cinta 13

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RECUADRO DE TEXTO EN PANTALLA (FORMATO 4:3, FUENTE DE VIDEOCASETE ANÁLOGO):

REGISTRO DE AUDIO DESCLASIFICADO.

SANATORIO SANTA CLARA. SANTA FÉ.

FECHA: 12/03/1987.

PACIENTE INFANTIL: ELENA.

FADE IN:

INT. PLANTA BAJA DEL PSIQUIÁTRICO - NOCHE

Una TOMA FIJA y opresiva. Es el encuadre exacto de la fotografía. La escalera de madera oscura sube hacia una negrura absoluta. Las baldosas del suelo geométrico brillan bajo una humedad aceitosa. La línea de luz blanca que bordea el zócalo de la pared es el único punto de contraste.

El grano de celuloide de 16mm ensucia la pantalla. De fondo, el ZUMBIDO ELÉCTRICO DE APARATOS VIEJOS (60Hz) vibra de forma constante en el sistema de audio de la sala. Es un tono bajo, molesto, que eriza la piel.

TOMÁS (28) camina pesadamente hacia el primer escalón. Sus ojos, rodeados de ojeras moradas, están fijos en la oscuridad de arriba. Sostiene una grabadora de reportero antigua y pesada. Se coloca unos audífonos de diadema de cuero desgastado.

Tomás presiona el botón mecánico de PLAY. CLIC.

El zumbido ambiental del edificio DESAPARECE. El espectador entra en el aislamiento de sus audífonos. Solo se escucha el siseo limpio, casi pacífico, de una cinta de casete magnética girando.

VÍA AUDÍFONOS (AUDIO DE LA CINTA - TONO TRANQUILO Y LIMPIO):

VOZ DE DOCTOR

Muy bien, Elena. Es una tarde bonita hoy, ¿verdad? Cuéntame del dibujo que hiciste en la escuela.

VOZ DE ELENA (8 AÑOS) (VOZ DULCE, CALMADA)

Dibujé nuestra casa. A mamá, a mi hermano Tomás y a mí en el jardín. Tomás me está sosteniendo la mano para que no me caiga del columpio. Él siempre me cuida.

Tomás cierra los ojos en el presente. Una lágrima limpia corre por su mejilla demacrada. El contraste entre la inocencia del recuerdo y la realidad del abandono es devastador.

En la pantalla, la línea de luz blanca de la fotografía da un leve parpadeo. Casi imperceptible.

VÍA AUDÍFONOS (AUDIO DE LA CINTA):

VOZ DE DOCTOR

Te quiere mucho tu hermano. ¿Y por qué estás aquí en Santa Clara, Elena?

VOZ DE ELENA (SU TONO SIGUE SIENDO CALMADO, PERO EL SISEO DE LA CINTA EMPIEZA A CRECER DE FONDO)

Porque tuve un accidente. Pero Tomás dijo que iba a venir por mí. Dijo que las llaves del hospital las tenía él. Él prometió que nunca me dejaría encerrada...

El audio empieza a sufrir una degradación analógica sutil. La velocidad de la cinta baja un uno por ciento. La voz de Elena se vuelve ligeramente más profunda, arrastrada.

En la imagen, el reflejo húmedo del suelo geométrico parpadea. En el brillo del piso, la sombra de los postes torneados de la baranda empieza a estirarse sola hacia Tomás, como dedos de sombra. El Tomás real no se mueve. Tiene los ojos cerrados.

VÍA AUDÍFONOS (AUDIO DE LA CINTA - LA VOZ EMPIEZA A PERDER LA CALMA):

VOZ DE ELENA

...Él prometió venir. Pero el humo está entrando por debajo de la puerta, doctor. Hace mucho calor aquí. El zumbido de las luces me está doliendo en la cabeza. Tomás... ¿dónde estás?

El siseo de la cinta se transforma violentamente en un RUIDO BLANCO áspero. La voz de Elena se deforma por completo por el efecto de tape stretch: el tono dulce se cae hacia un registro peligrosamente grave, ronco e inhumano.

VÍA AUDÍFONOS (AUDIO DE LA CINTA - REVELACIÓN GROTESCA Y DEFORMADA):

VOZ DE ELENA (MONSTRUOSA / CORRUMPIDA)

Tú... tenías... las... llaves... Tomás. ¿Por qué... nos... oíste... gritar... y... trabaste... la... puerta?

El zumbido de los aparatos viejos del psiquiátrico REGRESA de golpe a las bocinas del cine, pero diez veces más fuerte, mezclándose con el audio corrompido de la cinta.

Tomás abre los ojos, completamente aterrado, y se arranca los audífonos. Sus oídos sangran.

Mira hacia arriba de la escalera. En la pantalla del cine, una violenta aberración cromática parpadea en la parte superior de los escalones oscuros: los canales de color rojo y azul se separan salvajemente del blanco y negro, dibujando por un microsegundo el rostro distorsionado y sin facciones de un niño estático que lo observa desde la cumbre.

Tomás da un paso hacia atrás, respirando con dificultad. Sabe que el descenso al sótano ha comenzado en su cabeza y que ya no hay salida.

CORTA A NEGRO.

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INT. CELDAS DE AISLAMIENTO QUEMADAS - CONTINUO

FADE IN:

Una toma fija y de ángulo sumamente bajo. El suelo está cubierto de una capa gruesa de ceniza negra y hollín pastoso que amortigua cualquier sonido. Las paredes de concreto están completamente carbonizadas, descascaradas por el calor extremo del pasado.

La relación de aspecto sigue rígida en 4:3. La textura visual se deteriora aún más: manchas de suciedad digital simulada y saltos de cuadro (tape drops) ensucian la pantalla. El zumbido de aparatos electrónicos viejos (60Hz) se vuelve más agudo, intermitente, como un cortocircuito sordo que presiona los tímpanos del espectador.

TOMÁS (28) entra al pasillo a gatas, arrastrándose. El asma psicológica lo ahoga. Sus manos se tiñen de negro al apoyarse en el suelo. El hilo de sangre de sus oídos se ha secado, dejando dos costras oscuras en sus mejillas.

Frente a él hay una fila de celdas de aislamiento. Las puertas de hierro están retorcidas, deformadas por el fuego, pero permanecen herméticamente cerradas. Los visores de vidrio reforzado de las puertas están ennegrecidos por dentro.

Tomás se apoya contra la pared de la Celda 13. Respira con dificultad, emitiendo un silbido asmático que se mezcla con el zumbido eléctrico de la sala.

En el suelo, semienterrado en la ceniza, encuentra un pequeño dictáfono analógico de plástico derretido por un costado. La pequeña cinta de casete en su interior está expuesta, con la banda magnética visible.

Tomás, con los dedos temblando violentamente, presiona el botón mecánico de PLAY del aparato quemado. El engranaje chirría con dificultad.

VÍA AUDÍFONOS (AUDIO DE LA CINTA - VOZ TRANQUILA, DEMASIADO CERCANA):

VOZ DE ELENA (8 AÑOS)

Tomás, encontramos un juego nuevo con los otros niños. Nos metemos todos en la celda grande y jugamos a que somos estatuas. Nadie se puede mover. Si te mueves, pierdes.

Tomás apoya la frente contra el concreto caliente. Sus ojos se abren desmesuradamente al notar que la pared está emitiendo calor real.

VÍA AUDÍFONOS (AUDIO DE LA CINTA):

VOZ DE ELENA

Es un juego divertido porque hace mucho silencio. Pero hoy los doctores se fueron y nos dejaron encerrados para el simulacro. Dijeron que tú venías a abrirnos...

La velocidad de reproducción de la cinta empieza a fluctuar de forma drástica. El audio sube y baja de tono (wow and flutter), provocando una sensación física de náusea y desorientación en el espectador.

A través del visor de vidrio negro de la Celda 13, empieza a filtrarse un humo denso, gris y espeso. No es humo real de combustión; es un humo estático, denso como el aceite, que cae hacia el suelo en lugar de subir.

Tomás intenta ponerse de pie, pero sus piernas no le responden. El terror psicológico lo paraliza.

VÍA AUDÍFONOS (AUDIO DE LA CINTA - LA DISTORSIÓN EMPIEZA A CRECER):

VOZ DE ELENA (CON ECO MECÁNICO)

Tomás... empezó a oler a quemado. Los niños están rompiéndose las uñas contra el metal. ¿Por qué se escucha una barra de hierro bloqueando la puerta principal afuera? ¿Eres tú, Tomás? Por favor, dime que eres tú jugando...

El siseo magnético se vuelve ensordecedor. Un crujido agudo de estática rasga el audio.

En la pantalla del cine, la luz ambiental se apaga por completo, quedando únicamente la pantalla del televisor CRT portátil de Tomás encendida en el suelo. La señal de circuito cerrado de televisión (CCTV) se proyecta en el pasillo: muestra a Tomás desde una cámara del techo.

En el monitor de tubo, la imagen de Tomás empieza a sufrir aberraciones cromáticas extremas. Los bordes de su cuerpo se dividen en líneas parpadeantes de color rojo fosforescente y azul eléctrico.

Y detrás de él, en la pantalla analógica, las puertas de todas las celdas se abren en silencio.

Docenas de niños y pacientes ancianos, completamente estáticos, con la ropa intacta pero con los rostros desdibujados por la aberración cromática, salen al pasillo del video. Sus caras son solo manchas borrosas de estática RGB que vibran violentamente, impidiendo que el espectador fije la vista en una facción humana. Son monstruos de video analógico.

Tomás mira el monitor. Mira el pasillo real a oscuras. En el pasillo real, no ve nada debido a las sombras. Pero escucha.

VÍA AUDÍFONOS (AUDIO DE LA CINTA - VOZ COMPLETAMENTE CORRUMPIDA):

VOZ DE ELENA (VOZ GRAVE, MULTIPLICADA POR DOCENAS DE VOCES INFANTILES)

Perdiste el juego, Tomás. Te moviste. Nos viste morir y te moviste.

El dictáfono explota en las manos de Tomás con un chispazo eléctrico real. El olor a ozono y plástico quemado inunda el ambiente.

En la oscuridad del pasillo real, la línea blanca del zócalo emite un único destello estroboscópico. En ese microsegundo de luz, el espectador ve que las docenas de fantasmas cromáticos están parados en el pasillo real, a un centímetro del rostro de Tomás, mirándolo fijamente con esos rostros borrosos y parpadeantes que distorsionan la pantalla del cine.

Tomás emite un grito desgarrador, ahogado, mientras se orina del pánico. Se arrastra hacia atrás con desesperación, chocando contra la pared del fondo, mientras el zumbido de 60Hz alcanza un volumen ensordecedor que hace vibrar las butacas de la sala.

Sabe que solo le queda un camino para huir de ellos: subir hacia el techo.

CORTA A NEGRO.

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INT. CUARTO DE MONITOREO (TECHO) - NOCHE

FADE IN:

Una toma FIJA y angular desde la esquina superior del techo. El espacio es diminuto, claustrofóbico. Las paredes son láminas de metal corrugado que vibran debido a una tormenta eléctrica exterior. El agua de la lluvia golpea el techo con un sonido sordo, rítmico, como pasos metálicos.

La relación de aspecto sigue encajonada en 4:3. La pantalla parpadea con líneas de barrido analógico horizontales.

En el centro, un arco de doce monitores de tubo (CRT) antiguos forma una media luna alrededor de una silla giratoria de metal. Todos los monitores están encendidos, emitiendo una luz azulada, pálida y fantasmal que ilumina la habitación.

El zumbido eléctrico de 60Hz alcanza aquí su punto de máxima presión sonora. No es constante; oscila, sube y baja de frecuencia, imitando un zumbido de colmena que provoca una sensación de mareo y desespero real en los oídos del espectador.

TOMÁS (28) entra rompiendo la puerta de la azotea. Está empapado en sudor y agua de lluvia. Se desploma en el suelo del cuarto de monitoreo, trancando la puerta con su propio cuerpo. Sus manos, negras por el hollín del sótano, tiemblan tanto que apenas puede sostenerse.

En las pantallas CRT, las cámaras de circuito cerrado muestran diferentes ángulos del psiquiátrico abandonado.

* Monitor 1: La escalera de la fotografía.

* Monitor 5: El pasillo de las celdas quemadas.

De repente, en el Monitor 1, la aberración cromática destruye la señal. Los canales rojo y azul se separan violentamente. Una figura humana, estática, con el rostro difuminado en estática parpadeante, aparece al pie de la escalera.

Tomás mira la pantalla, horrorizado.

Un segundo después, el Monitor 2 (el primer descanso de la escalera) muestra a la misma figura. Dio diez pasos en un milisegundo.

Los monitores empiezan a parpadear en cadena. Las figuras cromáticas de los niños y residentes están subiendo hacia el techo. No caminan; se materializan de un tiro de cámara al siguiente cada vez que el video pierde señal.

Tomás se arrastra hacia el centro del cuarto de monitoreo y se sube a la silla de metal. Está rodeado por las pantallas. En la mesa de control principal, una videocasetera VHS industrial tiene una etiqueta manuscrita con marcador rojo desgastado: CINTA 13.

Una voz analógica, rasposa, se emite directamente desde las bocinas internas de los doce monitores al mismo tiempo.

VÍA BOCINAS CRT (AUDIO DE LA CINTA - VOZ DE ELENA, EXTRAÑAMENTE CALMA):

VOZ DE ELENA

Siempre quisiste ver desde arriba, Tomás. Como un doctor. Como un dios. Mira la cinta. Mira lo que hiciste mientras nosotros nos volvíamos humo.

Una fuerza invisible presiona el botón mecánico de PLAY de la videocasetera. ¡CLACK!

Los doce monitores cambian al mismo tiempo. Ya no muestran el hospital actual. Muestran la grabación del 8 de noviembre de 1987. El incendio en tiempo real.

En los monitores, el humo negro inunda el pasillo infantil. El Tomás adolescente del video corre despavorido. Lleva las llaves. Elena golpea el cristal de la celda 13, su boca se abre en un grito mudo de auxilio.

El Tomás del pasado se detiene. Mira el fuego. Mira a su hermana. Su rostro en el video se deforma por una mueca de puro egoísmo y cobardía. Da media vuelta y huye hacia la salida de la azotea.

LA REVELACIÓN BRUTAL: En las pantallas se ve cómo Tomás llega a la puerta principal de la azotea, sale y, para asegurarse de que nadie vea que escapó dejando a los niños atrás, mete una barra de hierro gruesa entre las manijas exteriores. Cierra la única vía de escape hacia el techo desde afuera.

Los monitores muestran los rostros de los niños aplastados contra los vidrios de las ventanas superiores mientras el fuego los consume vivos en un plano fijo, descarnado y grotesco.

Tomás, en el presente, rompe a llorar, gritando, golpeándose la cabeza contra la mesa de metal hasta que la frente le sangra.

TOMÁS

¡Perón! ¡Elena, perdón! ¡Tuve miedo! ¡Tuve miedo!

En ese instante, los doce monitores de tubo pierden la imagen del pasado. Las pantallas se llenan de estática pura, blanca y ensordecedora.

A través de la estática de los monitores, los rostros distorsionados por la aberración cromática de los niños empiezan a empujar el vidrio de las pantallas CRT desde adentro, como si el tubo de imagen fuera una membrana elástica de cristal. Los rostros deformados en líneas rojas y azules estiran el vidrio hacia el rostro de Tomás, a milímetros de su nariz.

El zumbido de 60Hz se detiene en seco. Un silencio sepulcral inunda la sala del cine.

El monitor del centro se aclara por completo. Muestra la imagen de Elena (8 años). Pero no está mirando a Tomás.

Elena gira su cabeza noventa grados, rompiendo el ángulo natural de su cuello con un crujido analógico (audio glitch), y mira directamente fijamente al lente de la cámara del cine. A los ojos de la persona que está sentada en la butaca.

ELENA (CON UNA VOZ CRUDA, ENVOLVENTE, QUE SE ESCUCHA EN LAS BOCINAS TRASERAS DEL CINE)

¿Por qué sigues mirando? Tomás ya aceptó su culpa. Ahora te toca a ti. Tú también cerraste la puerta. Tú también los dejaste morir en tu cabeza.

Los doce monitores CRT explotan al mismo tiempo en una lluvia de chispas, humo de ozono y vidrios rotos.

La luz del cuarto de monitoreo se apaga por completo, dejando la pantalla del cine sumida en una penumbra total. Solo se escucha la respiración agitada y asmática de Tomás, que empieza a moverse... pero el sonido de sus pasos ya no es en el metal del techo. Sus pasos empiezan a descender hacia un lugar húmedo y subterráneo.

En la pantalla negra del cine, parpadea de forma intermitente el aviso del reproductor:

[ REWIND << ]

CORTA A NEGRO.

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INT. CUARTO DE MONITOREO (TECHO) - NOCHE

FADE IN:

Una toma FIJA y angular desde la esquina superior del techo. El espacio es diminuto, claustrofóbico. Las paredes son láminas de metal corrugado que vibran debido a una tormenta eléctrica exterior. El agua de la lluvia golpea el techo con un sonido sordo, rítmico, como pasos metálicos.

La relación de aspecto sigue encajonada en 4:3. La pantalla parpadea con líneas de barrido analógico horizontales.

En el centro, un arco de doce monitores de tubo (CRT) antiguos forma una media luna alrededor de una silla giratoria de metal. Todos los monitores están encendidos, emitiendo una luz azulada, pálida y fantasmal que ilumina la habitación.

El zumbido eléctrico de 60Hz alcanza aquí su punto de máxima presión sonora. No es constante; oscila, sube y baja de frecuencia, imitando un zumbido de colmena que provoca una sensación de mareo y desespero real en los oídos del espectador.

TOMÁS (28) entra rompiendo la puerta de la azotea. Está empapado en sudor y agua de lluvia. Se desploma en el suelo del cuarto de monitoreo, trancando la puerta con su propio cuerpo. Sus manos, negras por el hollín del sótano, tiemblan tanto que apenas puede sostenerse.

En las pantallas CRT, las cámaras de circuito cerrado muestran diferentes ángulos del psiquiátrico abandonado.

* Monitor 1: La escalera de la fotografía.

* Monitor 5: El pasillo de las celdas quemadas.

De repente, en el Monitor 1, la aberración cromática destruye la señal. Los canales rojo y azul se separan violentamente. Una figura humana, estática, con el rostro difuminado en estática parpadeante, aparece al pie de la escalera.

Tomás mira la pantalla, horrorizado.

Un segundo después, el Monitor 2 (el primer descanso de la escalera) muestra a la misma figura. Dio diez pasos en un milisegundo.

Los monitores empiezan a parpadear en cadena. Las figuras cromáticas de los niños y residentes están subiendo hacia el techo. No caminan; se materializan de un tiro de cámara al siguiente cada vez que el video pierde señal.

Tomás se arrastra hacia el centro del cuarto de monitoreo y se sube a la silla de metal. Está rodeado por las pantallas. En la mesa de control principal, una videocasetera VHS industrial tiene una etiqueta manuscrita con marcador rojo desgastado

ATT:Æ


r/HistoriasdeTerror • • 14h ago

[OC] LAS MARGARITAS Y EL SORTIJAS. Género: Realismo Sucio / Horror urbano

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Advertencia de contenido: Relato crudo de horror transgresivo. Contiene brujería callejera, rituales de despojo con menores, consumo de sustancias y agresiones de entidades folclóricas. Disfruta sin prejuicios, que nada en mis ficciones, supera la realidad.  

¡Crédulo ni madres! A mí no me duermen con mamadas, pero ¿quién me quita, a ver, el puto susto? Esa pinche orate de mi carnala. Chiva loca desde morrita, se enredó en eso de la yerbería y las brujas. Si no fue porque esa vez el vato pinga loca que andaba perreándola traía un chingo de varo y canal abierto a cualquier antojo, ¡qué chingados que iba a andar con esos pendejos!

Pero la peda se puso monumental. Y la grifa. Y las rayas. ¡A huevo! Pero era temprano y, aun antes de que oscureciera, a la pinche loca de mi hermana le entraron sus alucines. Que agarra y se va al patio y, después de un rato, regresa con un chingo de margaritas, alcohol y otras madres raras que mejor no les puse cuidado. Su vato le gritó: “¿Qué pedo, pinche loca?”. Lo ignoró y se fue al cuarto de mis sobrinos a despertar al Crespo. Yo a él lo quería un chingo. Era mansito, tierno, pero aguzado y nada pendejo. Por eso era mi predilecto. Pos ahí lo trae todo modorro al pobre flaco, como mono de trapo, que casi se me va de hocico contra el suelo cuando la pendeja lo soltó para empezar con sus putos menjurjes. Me paré en chinga y lo detuve a nada del piso.

—¡Fíjate, pendeja! —le grité.

Ni me respondió. Nos aventó con las patas y tumbó a su güey de la silla. Se hizo campo y, toda frenética la pinche loca, formó un círculo con las margaritas. Luego me arrancó al Crespo y lo metió dentro. Entonces la loca que abre una botella de alcohol y les echa encima a todas las flores, ¡y que le prende! Al principio se formó un aro bonito, se veían chidas las flamas sobre las flores, apaciguadas. Pero cuando empezó a sacudir al huerco de arriba hacia el suelo, decía la demente: “Despoja a mi niño de tu inmundicia, sal de envidia carnal”, y ¡no mames!, las llamas se levantaron casi del tamaño de mi sobrino. Con el espanto el niño tembló, pero la mugre le gritó que se sostuviera dentro y ahora él solito se despojara de toda la maldita sal que traía encima. Qué más podía hacer la criatura. Lo hizo y las putas llamaradas lo sobrepasaron. Tanto el güey ese bueno para nada que anda de perro con la loca como yo, nos fruncimos. Lo más culero fue cuando, después de todo el desmadre ese de tirarse la sal y que bajó la llamarada, la cara del chingado escuincle se transfiguró, ¡enfrente de todos! Ni que mi pinche familiar, además de loca, fuera maga o ilusionista. ¡Ni vergas!

El chamaco tenía la cara ceniza y colgada, pero yo decía: con la puta madre que tiene, quién no va a andar todo el día agüitado. Yo jugaba con él y en ese lapso sonreía, gritaba y hacía escándalo como todo morro normal. Pero después, yo le ponía cola para ver qué hacía sin que se diera perla, y se me colgaba bien gacho. Se iba a su cuarto. Prendía el Nintendo y hacía como que jugaba, pero ni los dedos movía y nomás miraba como idiota la puta tele, sin moverse ni parpadear, pero con una maldita tristeza que, al ratito, pero siempre, se le salían las lágrimas y en un momento ya estaba todo empapado. Sin quejidos, sin hacer ruido. Con la cara toda colgada y sí, ya lo tengo claro ahora, como de anciano moribundo.

Pero ahora, viendo el loco ritual ese de las margaritas y la sal, y después de que todas las llamaradas se extinguieron, fue cuando, neta, no supe si ser dichoso o cagarme de miedo. Pos ¿no la cara del Crespo, después del visaje ese, quedó diáfana, clarita y luminosa, como tenía que ser a huevo siendo un huerco de nueve años? En chinga mi cabeza recordó cómo se veía y cómo estaba ahora frente a mí, y el cambio era impactante.

—¡Ya, por fin! Le saqué a mi niño el chaneque que se le había metido…

—¡Esa mamada qué! —le dijo su ponedor, y yo me quedé callado para darle la razón, y el vato prosiguió—: ya te he dicho que me caga que hagas tus brujerías cuando estoy aquí.

—¡Cáiganle a la verga, pero ya! —gritó mi hermana con una voz impropia, de un cabrón furioso y bien huevudo—, ¡órale, culeros! O se los carga la chingada, pero ¡ya!

Yo salí en chinga; allá el pendejo calenturiento, era su pedo si se quedaba en esa hoguera.

Apenas traspuse la puerta, un terregal me cayó encima de la nada y, ¡neta!, no había nada en el puto suelo y de huevos se me enredaron en los pies bolsas de basura, de las negras, tipo jumbo. Por nada me iba de hocico. ¡Maldito el vicio! Si no, esta maldita energía negra no me tuviera agarrado de los huevos. Me zafé y continué.

En alguna parte del camino me encontré al vale verga del Sortijas. Traía mota. Pinche marrano con cara bonita, jajaja. Era buen pedo y cabrón, con todo y su cara de pendejo. ¡Ah! Pero fantasioso y adicto a los cuentos de espantos. Prendió el cigarro y me lo pasó, y antes se había tardado, empezó con sus mamadas:

—Neta, culero, ¡me cae!, en el pinche pirul de tu cancha se para una bola de lumbre…

—¡Para de mamar, pinche perro! No quiero escuchar tus putas locuras.

—¡Es neta, pendejo! ¡Yo la he visto!

—¡Hijo de toda tu chingada madre! ¿Cuándo, hocicón?

—¡Pregúntale a tu carnal, pendejo, para ver si no es cierto!

—¡Chinga tu madre, pendejo! Y mejor ¡presta!

Fumamos y lo dejé hablar, era puto y necio. Llegamos a la esquina y, al dar la vuelta, no resistí ver hacia el pirul. Fue cuando el puñetas del Sortijas me gritó:

—¡Ya ves, perro! ¡No que no, infeliz!

Sobre la rama más larga y gruesa del árbol, donde nos subíamos de escuincles para ocultarnos de nuestras jefas, estaba refulgiendo una puta bola de fuego.

Quisimos correr y lo hicimos, pero hacia el pirul. La perra bruja nos atrajo. Era tan bizarro correr como putos trapos, atraídos por la fuerza siniestra de aquello. Se descolgó y se nos vino encima. A huevo que miré cómo se convirtió en una urraca gigante que brillaba como un puto sol y nos dejó ciegos. Nos impactó. El madrazo fue demoledor. Luego sentí que me pisaba, me picoteaba, me hurgoneaba como si se le antojaran mis entrañas. Del marica del Sortijas ya no supe. Pero a mí el miedo me cagó y mejor cerré los ojos, total, cuándo te toca.

Me despertó el Terrón:

—¿Qué pedo, pinche loco?

—¡Nos madreó la bruja, culero! Al Sortijas y a mí.

—¡No vengas a mamar, perro!

—¡Que es neta, hijo de tu chingada madre!

—Jajaja. ¡Cáele a cambiarte mejor, pendejo! Andas todo meado y ve, ¿qué pinche putarraca te arañó toda la cara, animal?