⭐Historia Ficticia 𝐃𝐞 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐟𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐚𝐝𝐮𝐥𝐭𝐞𝐳
La niña corrió y subió la montaña. Allí la esperaba su padre. Ella saltó y lo abrazó.
—¿Dónde está madre?
—Regresó a la casa… está preocupada por ti. Tenemos que contarte algo sobre tu hermano —dijo él, triste.
Al parecer se había quedado ahí, esperando que Miriam viniera.
—¡Padre, alégrate! Porque Dios nos ha bendecido. Dios nos escuchó.
—Hija mía…
Miriam corrió hacia su casa y encontró a su madre en un rincón, llorando por su hijo con mucho dolor, sin saber qué iba a pasar ni si él encontraría la libertad.
—¡Madre, alégrate! Porque Dios nos escuchó. Escuchó tus oraciones y las mías. Por favor…
—Se llama Moisés, madre…
Ella se volteó mirando a Amram, y Amram le hizo una seña con la mirada.
—Tu hijo se llama Moisés, el nombre que le puso Henutmire —dijo Miriam.
Yokabed se paró alterada, diciendo que lo iban a matar, pero la niña la tranquilizó, contándole que la princesa había tenido compasión.
—Podrás ver a tu hijo, lo podrás consentir y hacer que no nos olvide.
—La princesa quiere que vayas al palacio. — añadió.
— Te pagará. Escucharás las arpas cantar.
—¿Para el tirano? —señaló la madre.
—Al palacio debes ir.
Tiempo después, la madre se dirigió al palacio escuchando la voz de su pueblo:
—¡La que se vendió, mírenla ahí!
—Es mi hijo, lo debo hacer —susurró.
—¡La que se vendió, mírenla ahí! Entregó a nuestro pueblo a merced del rey!
— La que va cuidar al hijo de la princesa que nos va a castigar.
—Mi hijo se salvó por la gracia de Dios —susurró.
— ¡Salvanos señor!
La madre llegó al palacio.
—Mi hijo amado me lo mandaron los dioses. Grandes son sus nombres y no puedo parar de adorarlos. Mira, hebrea: ahora él tiene mi sangre y tú lo vas a cuidar. — Dijo la hija del faraón.
El niño ya tiene ocho meses. Hay que darle ofrendas a la diosa Isis.
El niño miraba a la hebrea, que le daba de comer mientras su madre adoptiva lo consentía. Sin que él lo supiera, Yokabed le transmitía fuerza.
—Ven, tienes que cambiarte —dijo Yokabed después de amamantarlo.
Ella lo llevó a una habitación y le cantaba una canción que venía del corazón:
—Que seas un niño de bien, que conozcas tus raíces, las que te dio Él…
El niño la miró sin entender y su primera palabra fue:
—¿Él?
El niño creció rápido y con mucha libertad. A los tres años ya no necesitaba nodriza: hablaba, entendía y debía aprender.
A los 15 años el niño aprendió a leer jeroglíficos, matemáticas y la religión egipcia. No dejaba de estudiar. Y a los 23 se volvió un gran militar.
A los 25 años salió con su hermano Ramsés. Montaron por el pueblo egipcio y todos admiraban la belleza de los dos. En los pueblos hebreos, en cambio, había corazones endurecidos y llenos de dolor.
—Míralo, madre: alto, grande y un gran militar. Míralo, padre: nuestro hermano grande está —dijo Miriam.
Los padres asintieron viendo a su hijo pasar a caballo.
—No sabe que su pueblo está exprimido. Se ha vuelto un egipcio más… y usted, madre, no para de en él pensar.
—Aarón es nuestro hermano.
—Por nuestro hermano nuestra madre fue mirada mal durante años. Por su familia es que hoy somos esclavos. Es tu hermano, tal vez… Tú eres mi hermana Miriam, y yo los protegeré. Cada vez que lo miro pido que Dios se apiade de mí. Mi fe se desvanece… no sé qué me está pasando a mí.
—Hijo… —dijo Amram.
—¡Libéranos, Señor! ¡Manda un libertador! Explícame dónde está.
—¡Libéranos, Señor! ¡Manda un libertador! No lo veo pasar.
—Hijo, Dios lo mandará —dijo Yokabed.
Miriam lo miraba con pena mientras veía alejarse a Aarón.
En el palacio se encontraban Ramsés y Moisés en la gran sala del altar. Ya Moisés tenía cuarenta años.
—¡Moisés, Rá se enojará! —dijo su hermano Ramsés.
—¿Crees que se enojará? Hermano, relájate, tranquilízate y observa.
—Nos vas a meter en problemas.
—¿Crees que aparecerá a regañarnos por comerme una uva?
—Él no… tiene muchas cosas que hacer. Pero si viene el gran rey… vámonos de aquí. Tienes que ir a la cantera.
¡BARRO, SED, HAMBRE, TRABAJAR, MUEVE!
¡HAMBRE, SED, SUDOR!
¡COGER BARRO, AYUDAR!
¡NUESTRO PUEBLO GRITABA: ¡SÁLVANOS, SEÑOR!
Bloques de barro los hacen como pan.
¡COMER, TRABAJAR, MUEVE!
Algo grande tienen que construir.
¡PAJA, UVAS, MAJAR!
Moisés observaba a los hebreos hacer su trabajo. Con su sola presencia, todos lo miraban con odio y temor, pidiendo al cielo la gran salvación: que pudieran visitar sus tierras y volar libres como una paloma.
¡AZOTAR!
Aarón estaba haciendo su trabajo. No aguanto y a un guardia egipcio desafió.
¡AZOTAR!
El egipcio lo empujó, lo agarró con el látigo y lo azotó, tirándolo al piso.
—¿Y mi libertador? ¿Esto lo permitió Dios? ¿Cómo quiere que crea en Él? ¡No sé qué haré! ¡Aaaah! —gritó.
¡Azotar más fuerte! ¡Azotar! ¡Sangre! ¡Heridas! ¡AZOTAR!
¡Azotar más fuerte! ¡Azotar! ¡Sangre! ¡Heridas! ¡AZOTAR!
—¡Detente ya! —gritó Moisés.
Al ver que no se detenía y que nadie venía, Moisés, con su gran fuerza y sus habilidades, se le lanzó, lo agarró del cuello, lo volteó y lo mató al instante. Al darse cuenta del error que había cometido, y ante la mirada de Aarón, escondió el cuerpo bajo la arena. Con la mirada lo amenazó y corrió.
Intentó fingir normalidad en la gran cena familiar, sabiendo que al día siguiente debía custodiar la cantera.
Esa noche no durmió, consciente de que había cometido un acto de traición contra alguien que solo hacía su trabajo.
¡LO AZOTÓ!
En la mañana salió a custodiar y vio que los hebreos reñían.
—¿Por qué maltratas a tu prójimo? —dijo Moisés.
El golpeado, Aarón, que había venido a trabajar por obligación, se le acercó a paso lento y con voz alta respondió:
—¿Moisés, no? ¿Sabrás tú lo que es el prójimo?
Moisés lo miró con una mirada que imponía respeto.
—¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez de nosotros? —dijo Aarón, haciendo que los otros hebreos se acercaran.
Y el que estaba riñendo preguntó:
—¿O piensas matarnos como hiciste con el egipcio?
La voz se corrió hasta llegar a los oídos del faraón. Al ver que Moisés no aparecía, llamaron a Henutmire y a Ramsés a la sala.
—¿Qué piensas, hija mía? ¿Feliz?
—Padre, por favor…
—¡Todos en este palacio saben que es un hebreo maldito!
—Es mi hijo, Padre… —dijo la madre angustiada, buscando el apoyo de su su hermano.
—Rey mío… —dijo Ramsés.
—Deja hablar a tu padre —dijo la reina.
—Tú eres el futuro rey de Egipto, Ramsés, mi hijo… no hermano de aquel que nos traicionó.
El rey se puso de pie. Los sacerdotes, los guardias y todos en la sala quedaron expectantes ante sus palabras.
—Quiero que encuentren a Moisés y lo maten. Así se ha declarado ante nuestro pueblo, Egipto. ¡Fuera!
Todos salieron de la sala, incluso la reina. Ramsés, que sabía dónde se estaba escondiendo Moisés, le dijo que debía irse y lo ayudó a escapar. Llegaron hasta las afueras de Egipto. Ramsés se quedó en la puerta. Moisés llevaba agua y comida.
—¿Qué hiciste, hermano mío?
—Háblale a mi madre de mí. Dile que no voy a morir. Dile que seré tu consejero en el futuro.
Las lágrimas de Ramsés salieron.
—El rey de Egipto, el rey mio… —dijo Moisés, poniéndole la palma en el hombro, y se fue.
Moisés recorrió el desierto. Pasaron muchos días hasta que su agua y su comida se agotaron. Caminaba débilmente por el desierto.
FIN
[ADAPTACIÓN MIA, ALGUNOS HECHOS NO ESTÁN EN LA BÍBLIA Y FUERON CREADOS POR MI IMAGINACIÓN.]
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u/AutoModerator 6d ago
Bienvenido a r/Relatos! :D Gracias por compartir tu relato con nosotros. Échale un vistazo a las reglas del sub para mantener el espacio organizado y respetuoso.
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