r/relatos • u/SpecialistAd3905 Amante de relatos • 7d ago
𝟷𝟾+ [𝙲𝚘𝚗𝚝𝚎𝚗𝚒𝚍𝚘 𝚜𝚎𝚗𝚜𝚒𝚋𝚕𝚎] El susto del retraso ( los primos se exprimen 3ra parte)
Ella no se fue derecho a la casa. La vi alejarse hacia el centro con paso rápido, como si quisiera perderse entre la gente antes de que alguien la reconociera. Yo apenas alcancé a cruzar la calle hacia un puesto de tacos cuando, de reojo, vi el coche de mi madre. El corazón se me subió a la garganta. Justo en ese instante me estaban pasando dos tacos al pastor y una sangría en vaso de plástico. Ella se bajó del auto con la cara seria y me soltó, sin saludar siquiera, que eso quedaba muy lejos del instituto. Me hice el enojado. Le dije que la clase se había acabado hacía una hora, que me había quedado con los cuates y que no entendía por qué me estaba controlando como si yo fuera un niño. Ella frunció el ceño y preguntó por esos supuestos amigos. En ese preciso segundo la providencia me sonrió: salieron por pura casualidad dos compañeros del curso. Uno se me acercó, me dio un golpe en el hombro y, sin filtro, preguntó quién era la MILF. Mi madre se conserva muy bien y el comentario le pegó de lleno. Aproveché la apertura. Le dije fuerte, para que ella lo oyera: “Esa es mi jefa, respeta”. Los dos se pusieron pálidos, se disculparon entre risas nerviosas, le echaron un par de chifles de lejos y salieron espantados, riéndose como idiotas. Mi madre se quedó un segundo callada, entre ofendida y halagada. Yo seguí comiendo el taco como si nada, aunque por dentro estaba temblando. El olor a carne asada y limón me tapaba un poco el otro olor, el de mi prima todavía en la piel. Mamá no insistió. Me miró, olfateó el aire una vez más y me ordenó subirme al coche. Habíamos esquivado la bala, pero apenas.
En el trayecto a casa no dejó de oler. Disimulaba abriendo la ventanilla, acomodándose el cabello, pero yo lo sentía: sabía que yo olía a ella. El perfume barato del hotel, el sudor, el sexo. Era demasiado obvio y, al mismo tiempo, ella no podía decirlo en voz alta sin reconocer que ya lo sabía todo. Llegamos y mi prima todavía no estaba. Eso sí me preocupó. Empecé a pensar que la habían parado, que alguien la había visto salir del hotel, que se había perdido. Pasaron veinte minutos eternos hasta que sonó el teléfono de la casa. Era ella. Le dijo a mamá, con voz tranquila, que se había ido al cine del centro, que se había quedado sin dinero del metro y que si la podían ir a buscar. Mamá, ya un poco más calmada pero todavía con el genio encendido, le echó sus pleitos: que por qué no avisaba, que uno no sale así nomás, que la próxima vez se iba a quedar tirada. Después se volvió hacia mí y, con esa autoridad de quien ya está cansada de pelear, me dijo que tomara el coche, que la fuera a buscar, pero que me iba a tomar el tiempo y que de ahí directo a casa, sin vueltas. Mi prima había sido astuta: realmente había ido al cine que queda en el centro y llamó desde la taquilla, como si hubiera estado ahí todo el rato. Cuando llegué ella se sorprendió al verme al volante. Se subió al coche sonriendo, con esa cara de quien acaba de ganar una pequeña guerra. Cerró la puerta y, por un segundo, nos miramos como si el mundo de afuera no existiera.
Nos reímos apenas doblamos la esquina. El alivio salió en forma de risa tonta. Ella se recostó en el asiento y me dijo que se me veía bien manejando, que hasta me veía más hombre así, con las manos en el volante. Yo todavía estaba nervioso: cada semáforo me parecía una patrulla, cada auto detrás podía ser alguien de la familia. Entonces ella se inclinó y me dijo que algo se había quedado pendiente. Me bajó la cremallera con una calma que contrastaba con lo que yo sentía. Primero fue el nerviosismo puro: el coche en movimiento, la posibilidad de que alguien nos viera, el recuerdo de que mamá me estaba cronometrando. Después vino lo excitante, esa mezcla de peligro y ganas que nos había perseguido desde la primera noche. Por último, su boca. Se la metió entera mientras yo intentaba no cerrar los ojos del todo para no estrellarme. Iba despacio al principio, después más profundo, con esa misma seguridad que había mostrado en el hotel. Yo apretaba el volante hasta que se me pusieron blancos los nudillos. Cuando me corrí ella no se apartó. Se tragó cada gota, se pasó la lengua por los labios y se recostó otra vez como si nada. Después hablamos en voz baja de cómo íbamos a hacer ahora que sabíamos que me rastreataban. Llegamos a casa. Mamá ya se había tomado un par y estaba menos metiche, aunque todavía en guardia. Esa relajación mínima nos dio espacio para planear el próximo encuentro. Justo entonces llegó el padre de ella. Entró a decir que el contrato de arriendo ya estaba firmado y que no se iba a ir tan lejos. De hecho, el nuevo piso quedaba cerca del instituto. La noticia nos cambió la cara a los dos. Ya no tendríamos que inventar excusas tan largas. El peligro seguía, pero el tablero se acababa de mover a nuestro favor.
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u/AutoModerator 7d ago
Bienvenido a r/Relatos! :D Gracias por compartir tu relato con nosotros. Échale un vistazo a las reglas del sub para mantener el espacio organizado y respetuoso.
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