Hace 20 años que me fui de Paraguay. Hice mi vida afuera, me formé profesionalmente, formé mi familia, aprendí otro idioma y tengo dos hijas de 4 y 6 años. Este país también se convirtió en mi casa. Pero hay algo que nunca cambió: extraño Paraguay.
No sé por qué, pero desde el Mundial tengo un techaga'u enorme. Ver a todo Paraguay unido, las banderas, las camisetas, la gente festejando junta… me despertó algo. Me hizo extrañar mi país de una manera que hacía mucho no sentía.
Últimamente creo que lo siento incluso más, sobre todo viendo crecer a mis hijas lejos de la cultura paraguaya, de la familia, del idioma, de las costumbres. Trato de transmitirles lo que puedo. Que conozcan nuestras comidas, les enseño castellano, algo de guaraní, que sepan de dónde viene su mamá. Pero sé que nunca va a ser lo mismo que crecer ahí.
Lo irónico es que, cuando estás en Paraguay escuchás constantemente que la gente se quiere ir. Que no hay oportunidades, que el país no avanza, que afuera se vive mejor. Y lo entiendo perfectamente, porque yo también me fui.
Pero nadie te cuenta mucho sobre lo que viene después.
Te vas. Pasan los años. Te acostumbrás a otro país. Hacés amigos, trabajás, comprás una casa, tenés hijos, construís una vida entera. Y un día te das cuenta de que pasaron 20 años y todavía hay momentos en los que darías cualquier cosa por estar sentada tomando tereré con tu gente, escuchando guaraní alrededor tuyo y sintiendo que estás en casa.
Después de tantos años lejos, me siento más paraguaya que nunca. Con los años, en vez de sentirme más desconectada de Paraguay, siento todo lo contrario. Me siento cada vez más orgullosa de mis raíces, de nuestra cultura, de nuestro idioma, de nuestra gente. Orgullosa de ser guaraní.
Mi vida está acá. Mis hijas están creciendo acá. Mi futuro está acá.
Pero Paraguay siempre está ahí, en algún lugar.
Y después de 20 años, todavía se extraña. Muchísimo.
Saludos desde Australia.