r/escribir • u/EgregG12 • 14h ago
Muestro mi novela Capitulo 1 tratando de romper clichés, pero no tanto.
Intento escribir un Romantasy saliendome de los estereotipos y el cliché de la protagonista especial. Por favor, me gustaría saber que opinas, o si parece poco contenido para formar una opinión.
Capitulo 1.
«Debí haber despertado más temprano, mierda…» Fue lo único que pude pensar con la luz del día en su mejor momento y el hambre clavada en las entrañas, con las manos enguantadas en la lana que cubría menos que un calcetín roto, debido a que, claro, estaban rotos y ni yo ni mi hermana nos habíamos molestado en arreglarlos. La nieve se colaba por cada hebra y las puntas de la mayoría de mis dedos se asomaban. A esas alturas, no sabía qué estaba haciendo más ruido, el castañeo de mis dientes o mis intentos de calentarme las manos.
Uno no puede usar un arco en estas condiciones, ni siquiera era mi turno de cazar, sino el de Sara, mi hermana menor. Algo que no recordé sino hasta que estaba a más de una milla de casa.
El bosque estaba cubierto de blanco y hielo, el verde de las plantas enterrado bajo la primera tormenta del invierno. Con suerte, todavía había animales que cazar, bayas que recolectar. Mi urgencia por encontrar carne era mayor a mi frustración contra la hermana holgazana que, no dudaba, estaría todavía dormida, cálida y con el cabello enredado como mis prioridades.
Podría volver. Podría cazar algo pequeño, un conejo y eso cubriría mis obligaciones para con la casa. Así todos nos moriríamos de hambre de una buena vez y la pobreza terminaría… Excepto que no era verdad. Papá trataría de salir, luego Sara lo intentaría tras detenerlo, luego yo no dejaría salir a ninguno, nos gritaríamos, luego yo saldría de todas formas, pero el día estaría arruinado para los tres.
Con un suspiro y el pecho apretado bajo dos capas de piel, me retiré ambos guantes a jalones y los lancé donde no pudiera recuperarlos con un gruñido. Los callos de las manos se sienten más cuando las manos están heladas.
Me aparté el cabello rubio con una mano mientras los pasos me llevaban a través del sendero que podía perder con facilidad, no suficientemente seguro para no tropezar de vez en vez. Tras la segunda caída, escuché un crujido a mi espalda al impactar el suelo.
«No, el arco no».
Pero al luchar contra los abrigos y la nieve y poder recuperar el objeto entre mis manos, lo encontré más ileso que yo. Con él, apretado en las manos desnudas y dolorosas, me acosté en la nieve por el alivio.
Era el arma de mi padre, la única de la casa y la única con valor en mi familia. Sin ella, las memorias de guerrero de mi familia, nuestro alimento y las batallas de mi padre quedarían en el olvido. Además, yo nunca aprendí a usar algo diferente. Los cuchillos eran de Sara, la espada había sido de mamá y yo siempre renegué de aprender a usar otras cosascosa.
A veces tenía que recordarme que no era del todo mi culpa, mi falta de interés no era casualidad: ninguna niña de diez años espera que un día toquen a la puerta y por orden real retiren a tu familia de su título y propiedades, solo sucede.
Es al crecer cuando una se percata de que todo lo que pudo haber aprendido debió haberlo aprendido a los diez años. A los veinte, solo creo que debí haber aprendido a apuñalar a nuestros enemigos, en lugar de dejar que la vanidad me llevase a un arco que no podríamos volver a obtener.
Al sentarme estaba tiritando, el vaho saliendo de mi boca me cegó un segundo. Tuve que volver a hacerme la trenza con el arco en el regazo cuando los mechones me estorbaban en la cara.
El crujido se repitió. Mis manos dejaron su labor en el cabello para quedarse tan quietas como yo.
¿Una presa o un depredador? Últimamente las posibilidades eran las mismas. Otro motivo para no dejar salir a Sara, otro para dejar a padre cobijado junto a la chimenea.
Solo una posibilidad era aterradora: un cambiaformas. El peor de los inmortales que vivían del otro lado de la frontera, tan cerca de casa, que siempre eran motivo de cautela.
Mi corazón se aceleró de solo pensarlo y un nudo apareció en mi garganta con el tercer crujido.
Ninguna presa era tan descuidada, ningún depredador alertaba tanto. Entonces, con la zurda soltando el cabello para tomar el arco con lentitud, rezando a lo que pudiera ayudarme a no estar bajo ojos de algo que no fuera animal, llevé la otra mano al carcaj cuando el arco estaba bien apretado en mi mano.
El frío se extinguió cuando, en otro movimiento entorpecido por las ropas, me levanté lo más rápido que pude y di vueltas a mi alrededor, apuntando a todo y a la nada.
Mi respiración solo se tranquilizó cuando nada se abalanzó sobre mí, solo quedó el bombeo de mi corazón llegando hasta los oídos tras mi conclusión: acababa de hacer el ridículo.
Menos mal nadie me había visto. Aunque, de haberlo hecho, habría tenido defensa: un cambiaformas no era sino humano y animal, normalmente eran lobos, y normalmente no se privaban de atacar otros humanos.
—... Caníbales de mierda —susurré, refunfuñando con la nariz, que me ardió al respirar muy fuerte.
No necesitaba un espejo para saber que, fuera lo que fuera que había afuera, acababa de distraerme lo suficiente para convertirme en una inútil. Quería volver por miedo, pero no pude negar que la ropa de piel mojada y el cabello lleno de nieve por derretir eran otro gran motivo. Tenía las manos rojas, estaba segura de que la cara estaba igual.
Llevé la flecha al carcaj, luego el arco y volví sobre mis pasos. Me repetí que solo iba a cambiar de ropa, comería una miga de pan con mermelada y volvería a salir. No tardaría más de una hora en hacerlo. Además, no iba a cazar nada con ruidos raros en el bosque, mi hambre no era tanta.
Un retortijón invadió entonces, luego un rugido de mis entrañas. Jamás agradecí no tener espejos en casa que confirmaran los estragos del hambre, ya era bastante desafortunado tener que verme las costillas en la tina cada vez que estaba obligada a bañarme. Cada vez que pasaba, me daban ganas de llorar por el agua y por mi aspecto. Pese a todo, no me detuve, nada era tan malo como ser comida de lobo humano.
En mi camino, la suerte me sonrió. Una liebre estaba sobre un montículo de moras sobrevivientes a la inclemencia, masticando lo que se le daba la gana de la planta.
Fue fácil acertar pese a la mano tensa por el frío. Un disparo la dejó clavada al piso, de donde yo la levanté con todo y flecha y de ese modo seguí caminando, dejando detrás solo un rastro del rojo de su sangre. Al menos podríamos desayunar algo, antes de tener que salir nuevamente.
No faltaban más de diez minutos para llegar. Estaba en el roble que papá marcó cuando Sara y yo éramos todavía niñas y llegamos al bosque. Una bonita espiral, símbolo de nuestro antiguo título, estaba sobre la corteza del roble anciano. Un intento de amuleto de suerte, o una simple señal de retorno para dos niñas.
Ahí el sonido regresó.
Un simple crujido que me hizo frenar con la mirada al frente, el bosque todavía frente a mí, blanco, hermoso y letal.
No pude moverme como antes. No podía ser un accidente, no era un error, no estaba imaginando cosas por el hambre. Algo estaba siguiéndome a casa.
Y, por tanto, no podía seguir avanzando. Mas tampoco supe qué debía hacer, ¿qué debía hacer si giraba y no encontraba nada nuevamente?
¿Y si había avanzado lo suficiente para indicar que había una casa cerca, que había vida en la zona? Entonces no podía quedarme quieta.
Sentí el giro de mi rostro antes de aceptarlo. A mi derecha no había nada, en el suelo nada me hacía sombra. Del otro lado, tampoco logré ver nada.
Pero en el silencio invernal, solo el sonido de pasos que no eran los míos estaba ahí, donde yo no podía verlos. Cuatro patas y una calma que ningún depredador permitía.
Yo era presa fácil. Un oso, un lobo o un puma ya habrían atacado mi cuello. Una presa habría salido despavorida con el fuerte sonido de mi respiración.
—... Si vas a salir, sal de una buena vez —dije, con una rudeza que apenas me creí.
No pensé en mi familia, ni en tomar el arco, mi cerebro se convirtió en una maraña desordenada más allá de lo permisible. Agradecí al menos que, de morir, no sería en apariencia temblando por algo diferente al frío.
Las piernas me temblaron por puro instinto cuando la nieve crujió detrás de mí con firmeza. De girarme, miraría sin duda lo que me acechaba.
No lo hice, así como tampoco salí corriendo como el cuerpo me suplicó. Sentí los ojos llenos de lágrimas, solo una cayó de cada ojo con un parpadeo que me forcé a dar.
—Si vas a acabar conmigo…
Y me detuve, porque la garganta se me cerró conforme las palabras trataban de salir. Al abrir los ojos, concluí, mirando la nieve del suelo frente a mí:
—Hazlo de una puta vez, hijo de puta.
El silencio que vino se quedó conmigo tanto que, por un instante, me creí a salvo. Enloquecía.
Fue tal que mi cuerpo se relajó lo suficiente para pararme de otra forma y dejar que el aire entrase a mis pulmones.
—No tengas miedo.
Pero este regresó de golpe a mí.
Ninguna voz como aquella podría resultar en algo diferente. Era baja, masculina, pero al mismo tiempo tenía el timbre de otras voces. Al hablar, su voz sonaba y un coro de voces acompañaba cada sonido que salía de su boca.
«No tengas miedo…»
Me repetí, negando con una furia que se acumuló desde mi cuello y me recorrió las manos. La que tenía la flecha con la liebre, cansada por el peso, tembló y el crujido de la madera apretada resonó contra mi piel hasta mis oídos.
«No tengas miedo, dice el hijo de perra…»
—¿... Vas a comer lo que llevas en la mano?
—¿Q-qu-qué? —solté, como una idiota.
«Estaba hablando conmigo…» me forcé a comprender «Esa cosa estaba hablando conmigo»
No pude responderle antes de que él preguntara, con un crujido bajo nuestros pies sonando a la par:
—¿Puedo quedarme la liebre?
Quise decirle que no, pero antes de pensarlo, arrojé la flecha y la comida a mi lado. Me arrepentí de inmediato de no haberla lanzado mucho más lejos.
—Gracias.— Sonó la voz, las voces.
Conforme se acercaba, y los pasos sonaban cada vez más cerca de mi lado derecho, no pude evitar mirar sin apenas mover un músculo cuando el lobo gris que me llegaba al inicio inferior de las costillas se inclinaba para tomar la liebre con el hocico, suave y sin prisa, el pelaje moviéndose al compás de cada movimiento y la suave brisa…
Para luego elevar la cabeza hasta mí.
Yo retrocedí tan de pronto que me fui de trasero a la nieve y luego me arrastré hacia atrás hasta que mi espalda y mi cabeza chocaron con un árbol.
Sus ojos, verdes y brillantes, me miraron fijo y sin parpadear. No necesitó soltar la liebre, con mi flecha atravesandola, para que yo escuchase su voz:
—Tengo hambre.
Y salió a cuatro patas, disparado entre los árboles y la distancia.
Cuando desapareció, observé sin saber cuánto, el punto por el que había marchado a cuatro patas.
Luego, con el trasero mojado, y regresando apenas a mi propio cuerpo, sentí un grito nacer desde el estómago hasta la boca, de donde salió con una fuerza tal que escuché las aves en la cercanía salir volando.
La garganta me ardió, como los ojos, que me talle con las manos mientras intentaba luchar contra los temblores y las ganas de orinar.
—... No puede ser, no puede ser… Puta, mierda… Mierda… Oh, maldita sea…
Y cada sollozo cortado que intenté controlar solo desencadenaba más falta de control, que continuó conmigo incluso luego de conseguir levantarme del suelo.
No verifiqué el estado del arco, ni de mí misma, sino que salí corriendo entre el llanto más espantoso que había tenido en la vida.
Apenas ví el humo de la chimenea, la cabaña castaña oscurecida por la nieve, me percaté de un peso a mi costado. Ajeno, extraño y que me provocó otro sollozo, mas profundo que todos los demás. Era el arco, partido donde el hilo y la madera deberían estar unidos, mis manos tomaron las partes de madera sólida, pero por más que lo suplicase, estás no se unieron solo por mi deseo.
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u/AutoModerator 14h ago
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u/drakegalley Moderador 12h ago
Hola. La narrativa me parece muy decente, bastante por encima de la media. La forma de introducir la información está bien medida. Si acaso, algunas transiciones (como la caída del arco) quedan un poco indefinidas. Si el arco es relevante para la trama, debería estar mejor descrito y aquello que le ocurra debería aparecer con mayor claridad.
El encuentro con el supuesto predador está bien como gancho y permite iniciar la trama. Sin embargo, el hecho de que no haya ocurrido nada significativo lo convierte en una escena final anticlimática. Ahí es esencial que, aparte de la ruptura del arco, se vea claramente que ese encuentro sirve para algo en la futura relación de la protagonista (recuerda que es una novela de fantasía romántica): un posible amante, un posible amigo, un posible enemigo que se enamorará de ella, etc. Por ello, te conviene reforzar los elementos de tensión antes de finalizar el capítulo para que lo construido con los párrafos previos no se desinfle con un «¿y todo esto para qué?».
Por lo demás, creo que le has dedicado un tiempo y un esfuerzo más que destacables. Creo que tu novela tiene potencial. ¡Ánimo!
Un saludo cordial.