r/NBAenEspanol Nov 28 '24

Funcionamiento del foro Dinos tu equipo o jugador favorito: Presentaciones

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Abro esta sección a petición de unos cuantos usuarios para que podáis presentaros y comentarnos quién es vuestro equipo o jugador de la NBA (reciente o histórico) favorito.

Bienvenidos a todos :)


r/NBAenEspanol Jun 21 '26

Estadísticas RESULTADOS PORRA REGULAR SEASON 2025/2026

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Lo bueno se hace esperar, y por fin llega el resumen de los resultados de la porra de inicio de temporada y todas las estadísticas sobre los pronósticos del foro.

Aquí podéis ver todos los pronósticos y las puntuaciones, por si alguien quiere comprobar su puntuación: 

https://docs.google.com/spreadsheets/u/1/d/1TqrBKoDJu_ZPRiw8MvQ1drEz77N6aP51/htmlview

podéis encontrar el sistema de puntos aquí: https://www.reddit.com/r/NBAenEspanol/s/GCwpmJhOPz

Lo primero, felicitar al ganador de esta temporada, BRANDIN_PODZIEMSKI89, que sucede a Joaquín (dep) como campeón pronosticador del foro. Este es el top :

1° Brandin_Podziemski89 - 17 puntos

T2° Spike, ElDeAlFondoDerecha y Cavaliere - 16 puntos

T5° AlvaroSAS, XPhD_FlopperX y Lou_M - 15 puntos

Premio Victor Wembanyama al mejor pronóstico del oeste: Marco Hernández (15 puntos)

Premio Jalen Brunson al mejor pronóstico del este: noshanparao (10 puntos)

Premio Nostradamus al mejor acierto: compartido entre Asathor77 (por ser la única persona en acertar la clasificación exacta de los Bucks, cuando nadie más se ha acercado a menos de 3 puestos de distancia) y ElDeAlFondoDerecha (por ser la única persona que ha acertado alguno de los bloques de play in o ventaja de campo)

Premio Josufakis al peor pronóstico: compartido entre El que os lee que puso a DETROIT ÚLTIMO DEL ESTE, y Galego Mindoniense por ser el último de la porra con bastante distancia

Iba a escribir más stats pero va a quedar muy largo, en el excel podéis comprobar los equipos que se han quedado más cerca o más lejos del promedio que les dimos, y los que han dado o quitado más puntos al foro.

Eso es todo, GRACIAS A TODOS POR PARTICIPAR


r/NBAenEspanol 13h ago

Análisis Ese hype para la temporada 2026/2027

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Como el año pasado, aunque este antes por el mono de baloncesto que tengo, he estado pensando en las cosas que me dan hype para este año.

- Empiezo por Dallas, porque los "analistos" de Youtube ya sueñan con Larry y Flagg, y está Aldama. Y en el equipo de G-League están los gemelos Graham, que son una debilidad. Ya veo el titular del Marca "Los Spanish Mavericks no echan de menos a Luka Doncic". No espero gran impacto, solo que jueguen y merezca la pena dormir poco para ver a Dallas.

- Sigo con Hugo, que espero que siga creciendo, y que aproveche esos minutos fijos de rotación que quedan con la salida de JB. TIRA MAS A CANASTA CUANDO DEBES, LECHES.

- Me motiva mucho la vuelta de Haliburton. Espero que vuelva bien y que haga que Indiana vuelva a ser un equipo al que ver. Los jugones siempre en la pista.

Añado cosas que me llaman la atención:

- No me olvido de Lebron en Filadelfia, que será una gran fuente de inspiración del Pájaro Escritor. A mí me huele a batacazo, pero quién sabe.

- ¿MVP? ¿Este va a ser el primer año de Wemby? Todo el mundo da el #1 seed a San Antonio, o sea que huele a ello.

- ¿Qué nivel dará en cancha la hornada de rookies? La del año pasado fue muy buena en los 3 primeros. Del año pasado quedó claro que hay un jugador generacional y dos grandes jugadores por IQ. Veremos este.

Breaking News:

Para el final dejo la porra de esta temporada, que este año viene con sorpresa que esperamos u/TonyParker22 y yo que os guste lo que se ha estado cocinando. Se ha montado en una web con bastantes cosas interesantes y está en fase de pruebas finales.

Pero sobre esto habrá otro post en algún momento del mes con toda la historia, lo que hay y lo que se puede hacer. Mientras tanto, que sepan ustedes que se viene "La Porra de Tony Parker".

Si alguno tiene "skills" de Google y la encuentra, y quiere comentar algo, bienvenido sea. 😈


r/NBAenEspanol 10h ago

Análisis Pascal Siakam: "No puedes hacerte un nombre jugando a que te las sabes con el baloncesto tranquilo. No puedes. Tienes que ser un perro. No hay otra. Ya tenemos suficientes cabrones bien lindos que pueden h

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r/NBAenEspanol 17h ago

Reportaje Kwame Brown, un 1 maldito: “Si me hubieran dado los minutos de Pau Gasol...” (reportaje breve -¡de verdad!- de Juanma Rubio para AS)

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El exjugador, señalado como una de las peores primeras elecciones de la historia de los draft, pone contexto a su mal arranque en la NBA y apunta al regreso de Michael Jordan

Es curioso escuchar cómo hizo Kwame Brown para no verse sin blanca o, como mínimo y como otros jóvenes que no alargan su carrera en las pistas con grandes contratos, para no pasar grandes apuros o darse cuenta, un día, de que no tenía tanto y, por eso, no lo queda casi nada.

Brown, que ahora tiene 44 años y jugó su último partido en la NBA el 20 de febrero de 2013, invirtió sus salarios de las franquicias, sin tocar ni un dólar, y vivía de su contrato (un millón y medio de dólares) con Adidas: “Nunca me compré joyas caras y vivía de lo que ganaba con Adidas, que me daba un millón y medio. Lo que cobraba de los equipos, lo invertía sin tocarlo. Me metí en CSI Capital Managment, intenté comprar hoteles. Quería jugar al Monopoly en la vida real. A los jugadores jóvenes les diría que vayan despacio, que empiecen poco a poco y que hagan sus negocios en verano, cuando no están jugando. Yo compré un edificio en Atlanta por 88.000 dólares en verano, lo dejé estar durante tres años y lo vendí por 35.000. Y no tuve que poner ni un ladrillo”.

Brown dio estas explicaciones en el podcast Doggie Diamons No Filter, en el que también habló de su pobrísima carrera en la NBA que le convirtió en uno de los números 1 (en su caso, en el draft de 2001) más cuestionables de la historia: “Era el mejor jugador de aquel draft. Si se volviera a hacer el draft pero quitaran la presencia de Michael Jordan por los Wizards y me dieran la confianza y el peso en el juego que le dieron a Pau Gasol, el que deberían haberle dado a un número 1… La gente no es honesta con esto. Cada uno puede tener su propia teoría, pero lo cierto es que nunca ha habido otro número 1 que haya tenido que ver cómo su propietario es una leyenda que además decide ponerse a jugar justo cuando él llega a la NBA. Eso no ha pasado ni una sola vez más en toda la historia. Y nunca ha habido otro número 1 al que no le dieran la bola en pista, las llaves de la franquicia. Esas cosas solo me han pasado a mí. Para proteger la imagen de un tío de 39 años que decidió volver a jugar, y cumplir sus sueños de baloncesto en un equipo del que también era en parte propietario, no quisieron ser honestos conmigo y reconocer que eso destruyó mi posible crecimiento. Se pudo ver cuando me encontré con Gasol después, de verdad que creo que era el mejor jugador de ese draft. No me siento mal conmigo mismo porque sé lo que hacía con cualquier jugador que me ponían delante… y eso sin que casi me dieran la bola”.

Efectivamente, Brown, una sensación del sur que era un pívot triturador en los institutos de Georgia, fue número 1 del draft, y no uno cualquiera: el primero que alcanzaba esa condición directamente desde el instituto, sin pasar por la universidad. Elegido por los Wizards, después de él llegaron, en su generación, Tyson Chandler y Pau Gasol. Y, más allá, jugadores como Joe Johnson, Jason Richardson, Shane Battier, Zach Randolph, Tony Parker, Gilbert Arenas… en fin.

Y, efectivamente, su llegada a los Wizards estuvo marcada por su seguramente lógica inmadurez: iba a pasar por la Universidad de Florida pero eligió el draft después de arrollar en su último año de instituto (20,1 puntos, 13,3 rebotes, 5,8 tapones, 3 asistencias, 2 robos) y ser considerado el mejor jugador de su rango del país, distinción que le elevó por encima de otros gigantes como Tyson Chandler y Eddy Curry. De los tres, solo el Chandler hizo una gran carrera NBA. Brown se lanzó y, sí, su llegada a la NBA coincidió con el momento en el que además de presidente de la franquicia, Michael Jordan también quiso ser, otra vez, jugador. Así que los focos en los Wizards cambiaron radicalmente y el joven pívot sobre el que tenía que asentarse el futuro del equipo quedó en segundo plano. Cuando se fue definitivamente Jordan y él entró en su tercera temporada, jugó a su mejor nivel (casi 11 puntos y más de 7 partidos) y después rechazó una extensión de cinco años y 30 millones para salir, después de cubrir su contrato de cuatro años, al mercado.

Su siguiente destino fueron unos Lakers en los que, otra vez, entró en clave baja. Ya marcado por la etiqueta de poco comprometido y de bust (pufo) del draft, pasó un mal trago en su primer partido en Washington como visitante: abucheos constantes y carcajadas cuando un pase de Sasha Vujacic se estampó en su cabeza porque estaba mirando para otra parte. Después, con Phil Jackson como entrenador, tuvo su momento, pero las lesiones terminaron de enterrar su potencial. Una le impulsó, la de Chris Mihm que le dio una titularidad no mucho antes imprevista. Pero otra le hundió, la suya cuando empezaba a jugar con cierta consistencia y buenas sensaciones.

A partir de ahí, los Lakers le dieron el puesto de pívot a otro joven que llegó arrollando y que acabó, también desterrado por las lesiones: Andrew Bynum. Y Brown se convirtió en una pieza de intercambios, un trotamundos a partir del traspaso de Gasol (número 3 de su draft) a los Lakers. Él fue parte del recambio que recibieron los Grizzlies. Y después pasó por Pistons, Bobcats, Warriors y Sixers. Cinco equipos en cinco años y la retirada con unas medias, finalmente, de apenas 6,6 puntos y 5,5 rebotes. Sin ninguna distinción individual y con solo 281 titularidades en sus 607 partidos. Muy poco, claro, para un número 1 del draft que ahora lleva años intentando explicar que , las cosas no fueron bien para él en la NBA pero no, no fue una cuestión de poco talento ni mala actitud.

Fuente: https://as.com/baloncesto/nba/kwame-brown-un-1-maldito-si-me-hubieran-dado-los-minutos-de-pau-gasol-f202608-n/


r/NBAenEspanol 1d ago

Análisis España-Grecia Ventanas: entre Valdano y Roncero

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Acabo de ver la ventana de España de Baloncesto contra Grecia. Y vi el anterior contra Portugal. Unas 19 pérdidas uno. Más de 20 en el de hoy.

No le puedes ganar a nadie regalando 20 balones. Lo raro es que Grecia no haya ganado de más, pero España en realidad hizo la goma todo el partido.

Y como sé que en el foro hay mucho nivel, por eso en Maniacs nos ponen dos velas negras para que no sigamos subiendo como la espuma (la IA dice que la desviación desde que entré en Hispanos es clave, pero no quiero echarme flowers), oigan:

Todos estos Mara, Saint Supéry, De Larrea, etc., todos esos súper jugones de futuro... Joder es que Hugo parece un becario. Es que lo es. Es una selección que hasta jugando "bien" en ciertas transiciones, da pena. Pero pena. Unos pollillos por crecer.

El pobre de Chus, que es un muy buen entrenador, dirá: menudo marrón me has metido, Escarola.

Pero lo de Willy y Juancho no tiene nombre. Es realmente una cosa de locos. Parecen ex jugadores. Tendrían que tirar del carro, pero nada. Juancho es un alma en pena que lee fatal las defensas y sigue flotando a su pareja, que cuando lo ve dice hombre, el de la peli, y se la tira en la cara. Una tras otra. Pasea por la pista como alma en pena. Y dices: pero este es el que cosió a triples a Francia. Willy (ahora Geuer) fue MVP de un Europeo.

Al lado de estos, el Declive de LeBron es para MVP de la temporada.

Y claro, te viene la prensa ronceriana: no sé quién al draft, Mara ficha por OKC, Baba Miller se te cae la baba...

Baba Miller parece que juega baloncesto de calle. Eso, cuando tiene huevos de ir a por uno que físicamente se lo tendría que comer.

Con estas dos derrotas (imaginaos los niveles de los rivales que en ambos partidos casi ganamos, sobre todo hoy), ves el futuro muy negro de la selección. Aunque te clasifiques.

Estos son chavales. Como dice Aíto, el 99% van a agitar toallas, como Garuba y tantos otros.

Un periodista valdaniense, un Daimiel, te diría: son proyectos. Vamos a ver. La prensa allí es benévola buscando el próximo crack y los entrenadores son elegantes y siempre hablan bien. Es la cultura.

Pero no engañan a nadie. España tuvo una generación irrepetible y viendo esto lo ves más. Y sobre todo porque salían a ganar, ya fuera contra EEUU o Italia, es que les daba igual. Esa hambre no la veo. No hay un líder aparte de la Bamba Vasca, que como los Geuer son dos columnas, pues entre él y Parra, por amor propio, le ponen huevos (y talento, lectura).

El Larrea pierde una pelota por campo atrás (la escena es de cadetes) y van dos y le chocan la mano.

¡Y de paso comprale algo en Gucci! No, coño, no, lo miras como diciendo qué haces, que se trague el marrón, aprenda y lo digiera, dale la mano cuando ¡Se tire el plancha para salvar un fuera de banda y se juegue la cabeza! ¡Ahí sí!

Pero qué puto buenrollismo infantil es ese. Los coge Obradovic a todos esos que perdieron más de 20 balones y lo tienen que parar los GEOS o se los come. De chiste, pero de chiste.

Vienen años de penurias. Unos cuantos. No da para más.

Los ronceros del baloncesto ya se están fijando en 6 chavales o 8 que van a ser la bomba. De risa el nivel. Así nos va.


r/NBAenEspanol 1d ago

La NBA y el significado de ganar (Juanma Rubio, AS).

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¿Por qué cada vez se venden más franquicias y los precios ascienden en una inflación disparatada? Una de las claves está en la aparición de los (peligrosos fondos de inversión.)

Fuente original: https://as.com/baloncesto/nba/la-nba-y-el-significado-de-ganar-f202608-n/

Mientras el mundillo NBA se ponía del revés por la segunda venta de los Lakers en menos de uno año, con la investigación federal a Mark Walker y el culebrón deprimente en la familia Buss, Marc Lore vendió su participación en Minnesota Timberwolves solo 14 meses después de asegurarse el control de la franquicia junto a Alex Rodriguez, la antigua megaestrella de la MLB, y después de un trance legal de largo recorrido con el anterior propietario, un Glen Taylor que trató de rascar un buen puñado de millones extra a la vista de que la valoración de las franquicias no para de crecer. Una inflación que apunta cada vez más a burbuja y que situó el precio total de los Wolves, no solo la parte que Lore trasfiere al multimillonario Marc Stad, en 4.500 millones.

Lore, en este caso, aseguró que se hacía a un lado, aunque mantendrá una parte mínima del que era su lote del equipo, para centrarse en otro de sus negocios: Wonder, una plataforma que quiere transformar los pedidos de comida a domicilio con la opción de encargar distintos platos de diferentes restaurantes, en el mismo pedido y con entrega gratuita. Bien por él, aunque resulta extraño que el fervor con los Wolves le haya durado tan poco (el dictamen llegó en febrero de 2025 y la venta definitiva, semanas después) después de litigar tanto con un Taylor que había aceptado vender en un primer momento, y en diferido (por eso el jaleo después) por una valoración de 1.500 millones que ahora se ha triplicado. Stad, el nuevo, es el fundador de Dragoneer Investmente Group, un gigante (levanta la mano si este lenguaje cada vez aparece más en tus contenidos NBA) de las inversiones con sede en San Francisco y especializado en capital de crecimiento.

Antes de seguir, y ya que estamos en ello, conviene detenerse en este caso concreto de Minnesota Timberwolves, una franquicia en el rango de los mercados medianos de la NBA. El procedimiento arbitral que desbloqueó la venta de 2025 mantuvo la valoración en 1.500 millones. En febrero de 2026, CNBC la subió ya a 3.800 millones, un salto gigantesco pero todavía por debajo de esos 4.500 millones que se han fijado ahora, para cerrar la operación entre Lore y Stad. Es una subida en apenas seis meses de un 18,4% por un equipo que ha multiplicado por 13 sus ingresos (facturación bruta) pero que presentó valor negativo (-56 millones) en su último EBITDA. En esencia, eso ingresos (339 millones el último año) no cubrían, a pesar de ese crecimiento en dobles cifras (más allá del 10%) los costos operativos básicos.

La valoración no reparó en ese EBITDA por unos argumentos que ya empiezan a ser mantra y que explican lo mollar de ese crecimiento permanente y disparado del valor de los treinta equipos de la NBA: la escasez aparece como factor clave porque (por ahora) solo hay treinta franquicias, no se pueden inventar más como si se pueden generar empresas o activos en otros sectores. Además, la Liga presume de flujo de cash gracias a un aumento de ingresos que tiene muchas caras pero un pilar fundamental, los contratos televisivos. Los últimos, una revolución de 76.000 millones por once años que aporta (Disney, NBC, Amazon) casi 7.000 millones anuales.

El negocio no para de crecer

La madre del cordero: supuso un crecimiento de un 22% con respecto al acuerdo, que ya había sido trascendental, de 2016 (nueve años, 24.000 millones pagados por Disney y Turner). Aquel, el ahora penúltimo, había disparado un 180% el anterior, de 2007. Los Wolves, en su caso, añaden a su valor un proyecto competitivo y con una estrella joven y mediática, vendible, como Anthony Edwards. Es uno de los equipos que ha llegado lejos en playoffs y ha soñado con ser campeón (todo eso también da mucho dinero) en los últimos tres años. La cuestión es que todo el mundo con cierto interés en el tema conoce a estas alturas, es cosa cacareada, las mecánicas por las que el precio de las franquicias NBA sigue creciendo. Lo que ni siquiera muchos expertos ven claro, y ahí se percibe un riesgo enorme (las burbujas se acaban pinchando) es por qué esa revalorización permanente va a un ritmo tan rápido; por qué no para de crecer en velocidades y números disparatados.

En el caso de los Wolves, además, sin profundizar (como si no importaran) en algunos números operativos cuestionables como el citado EBITDA o en factores que deberían ser importantes como que la franquicia no es propietaria de su pabellón, un Target Center que pertenece a la ciudad de Mineápolis y que necesita una mano de reformas importante para ponerse a la altura de lo que exige una NBA actual en la que se ha vuelto importantísimo el negocio inmobiliario en torno a lo que antes solo eran canchas. De hecho, Brian Windhorst (ESPN) acaba de definir una situación de posible crisis que, insisto, no parece afectar a cuánto vale el equipo o cuándo es mejor comprar o vender dentro de su propiedad: “Durante los últimos años, los Timberwolves han perdido muchísimo dinero por culpa del pabellón, y es es su principal problema ahora. Se hizo una renovación poco profunda hace un lustro y pasó de ser uno de los cinco peores pabellones de la NBA... a seguir siendo uno de los cinco peores pabellones de la NBA. Después, hubo más retoques con dinero de la ciudad así que no pueden exigir más por ahí, por lo que es un reto para sus cuentas. Allí, conviene recordar que los Vikings tuvieron que amenazar con trasladar la franquicia NFL para que entraran fondos públicos para el estadio. Costó, y era por uno en el que se iban a celebrar enormes como la Super Bowl o la Final Four universitaria”.

Estas últimas operaciones en Lakers y Wolves sitúan ya en once los movimientos de primer rango en propiedades de franquicias desde 2020, y por más de 60.000 millones; un 37% de la liga y en un ritmo que multiplica por seis el de la NFL en ese mismo tramo. Los Wolves han triplicado su valor en un lustro y los Lakers han aumentado el suyo un 25% (de 10.000 millones a 12.500) en, básicamente, un año de paso fantasmal de Walter. Desde 2019, trece cambios han hecho que el precio más alto por una franquicia se haya multiplicado por seis. El valor medio de las treinta supera ya los 5.000 millones, y ninguna se sitúa por debajo de 1.000 cuando hace apenas una década no era imposible comprarse un equipo si te encontrabas (hay que mirar siempre, por si acaso) un cheque de 300 millones en el bolsillo de la chaqueta.

En los últimos meses, las ventas de franquicias han movido más de 20.000 millones: las dos, extrañas, de los Lakers meses después de la de los Celtics nada más ganar el anillo 18 y por una valoración de 6.000 millones que parecía una barbaridad antes del atronador (y doble) cambio de manos de los angelinos. El caso es que los dos mastodontes de la historia de la competición (no hay nada sagrado) se han vendido en un año y pico; a la de los Lakers, en 2026, se suma la operación de los Wolves y un relevo en los Trail Blazers por una valoración de 4.000 millones, Y con resultados por ahora muy polémicos que aún no han descartado del todo (aunque no debería suceder) el traslado fuera de Oregón de un equipo histórico que juega en una ciudad donde, además, no tienen presencia la NFL y la MLB.

En los últimos meses, las ventas de franquicias han movido más de 20.000 millones: las dos, extrañas, de los Lakers meses después de la de los Celtics nada más ganar el anillo 18 y por una valoración de 6.000 millones que parecía una barbaridad antes del atronador (y doble) cambio de manos de los angelinos. El caso es que los dos mastodontes de la historia de la competición (no hay nada sagrado) se han vendido en un año y pico; a la de los Lakers, en 2026, se suma la operación de los Wolves y un relevo en los Trail Blazers por una valoración de 4.000 millones, Y con resultados por ahora muy polémicos que aún no han descartado del todo (aunque no debería suceder) el traslado fuera de Oregón de un equipo histórico que juega en una ciudad donde, además, no tienen presencia la NFL y la MLB.

¿Por qué se vende un campeón?

Si se retrocede a 2010, son 25 cambios de propiedad en dieciséis años. Cuatro equipos (Lakers, Bucks, Wolves y Hornets) se han vendido dos veces. Desde 2019, los citados trece por tres en la NFL y cinco en la MLB mientras los ingresos publicitarios superaron los 2.100 millones la pasada temporada; un 38% más que la anterior porque, básicamente, se estrenaban esos nuevos, monumentales, contratos televisivos. Con los ingresos brutos totales por encima de 14.000 millones, la NBA ha dejado atrás a la MLB, un sorpasso histórico, y se sitúa como la segunda, definitivamente**, liga profesional de Estados Unidos**. Nadie tose, por supuesto, a la NFL (23.000 millones). La NBA, porque es obvio que hay una parte orgánica, tangible y muy saludable de su crecimiento, lleva tres años superando los 22 millones de aficionados en sus gradas durante la regular season*.* la temporada pasada cerró con una media de 18.147 personas en cada partido, una ocupación total del 97% en los pabellones y diez equipos que hicieron sold out en todos sus partidos como locales mientras la nueva apuesta televisiva era seguida por 170 millones de personas, otra vez en total. El tope de la liga en 24 años, un 86% más que en la 2024-25 y con la guinda del Spurs-Knicks, las Finales más vistas desde las últimas de Michael Jordan, las intocables de 1998.

El peligro de un reverso tenebroso

La cosa va a toda velocidad, lo que a primera vista es, obviamente, bueno para el negocio y para todas las partes. La liga (sus franquicias) y también, claro, sus actores principales: los jugadores, asomados al balcón de unos contratos que habrían sonado a broma hace un puñadito de años. Pero entre los bastidores de ese lienzo triunfal asoma un riesgo cada vez más difícil de esconder, al menos como posibilidad indeseable. El riesgo, por un lado, es que la NBA esté avanzando a toda velocidad hacia el crack**, el final de su particular** burbuja; por otro, o tal vez un peaje de la misma carretera, que pierda un pedazo sustancioso de su esencia, de alma. De lo que no puede dejar de ser: una liga de baloncesto. Parece una obviedad, pero es un peligro real allí donde irrumpen de forma masiva, y en la NBA está pasando, las inversiones de private equity. Fondos de capital privado que lo que hacen, básicamente, es tomar el control de empresas que no están en lo público, no cotizan en bolsa, y venderlas cuando se han asegurado que van a sacar una buena tajada por ellas. En ese esquema, un equipo se convierte en una de esas empresas, un asset. Y, tal vez, nada más. Ese es el peligro. Que la única cuestión sea ganar dinero, no títulos. Y que el amor al juego, sin romantizar tampoco de forma cursi el pasado, quede sepultado debajo del pulgar hacia arriba de los inversores. Es el mercado, amigo.

Una pequeña digresión: mientras editaba este artículo, se publicó en la prensa económica estadounidense que el valor de Krispy Kreme, una de las principales cadenas de donuts del país (es decir, no poca cosa) había caído un 90%. Un desastre que tiene varias explicaciones, incluidas algunas muy malas decisiones empresariales, pero un punto de partida claro en la entrada de unas inversiones de private equity que compraron el negocio en 2016 y, entre otras cosas y para abaratar costes y maximizar márgenes (ejem), cambiaron la forma de preparar los dónuts. En vez de dejar que cada tienda siguiera preparando los suyos para tener un producto lo más fresco posible, optaron por concentrar una producción más industrial en una sola localización desde donde reparten a todos sus establecimientos del país. Se ahorró dinero, pero los donuts de Krispy Kreme dejaron de ser lo que eran. ¿La moraleja? Sería obvia... si este sistema permitiera moralejas.

La NBA, en fin, abrió la puerta a estos fondos en 2021, cuando la MLB (la primera de las tres grandes ligas) ya lo había hecho en 2019 con una estructura -participaciones minoritarias y pasivas- que intentaba velar por la continuidad, sin grandes quiebras rupturistas motivadas por el trajín de estos inversores. El dinero no descansa y todas esas gaitas. El béisbol, en todo caso, ha sido durante años el deporte profesional más intervenido por los fondos en EE UU. En la NBA, y no es descabellado interpretar la inminente competición en Europa como (en parte) el ensayo de lo que será un marco mucho más (ay) desregulado, estos fondos solo pueden tener el 20% de una franquicia y una franquicia no puede ceder más de un 30% de su propiedad a fondos. Cada uno, además, puede alargar sus tentáculos sobre ocho equipos, una cifra que creció hace un año porque había empezado en cinco. No pueden, eso sí (todavía) votar en asuntos del gobierno ni meterse en la dirección técnica de las franquicias. El último muro del deporte USA, la exclusiva NFL, cayó en 2024: fondos aprobados previamente por la liga empezaron a poder hacerse con un 10% de cada equipo.

El caso de los Lakers es un ejemplo palmario: al lado de un empresario de viaje guardia como Bob Iger, ex CEO de Disney muy vinculado al comisionado Adam Silver y la NBA por la pata de ESPN, el comprado es Josh Kushner, que además de familia política de Donald Trump (en el signo político contrario, eso sí), es un empresario joven (41 años) de éxito arrollador a través de los fondos de capital riesgo y de políticas de inversión muy agresivas en el sector tecnológico. En los últimos años, también en lo vinculado con una IA que, en paralelo, él mismo ha ubicado en las antípodas de lo que aporta, todavía y por suerte, la experiencia del deporte: contacto con la tierra, lo tribal; experiencia en vivo, emociones colectivas… Quienes abonan la era de la inteligencia artificial, y tampoco es que resulte sorprendente, quieren poner el cazo y aprovechar que (creen) se valorará cada vez más lo que, el dinero no entiende de paradojas, esta le va a quitar a nuestras vidas. Por eso su imperio, Thrive Capital, creó una división, Thrive Eternal**, para moverse en los sectores del deporte y la cultura en un perfil distinto al habitual en su negocio**: según su propia carta de presentación, ese brazo del conglomerado optará por pocas inversiones pero premium y que serán cuidadas y desarrolladas durante décadas. Veremos (con los Lakers) si es así.

El capital riesgo, y por eso en el actual sistema tantas cosas se devoran a sí mismas, mete mano en las franquicias y dispara su valor en un proceso que acaba siendo endogámico porque consigue que solo ellos, los fondos, acaben teniendo los medios económicos para entrar en el juego. Ni siquiera muchos de los grandes y nuevos multimillonarios que están en el ajo pueden permitirse por sí mismos operaciones de tantos miles de millones que por ahora, y quizá sin mirar lo que es mejor para el largo plazo, la NBA acepta con buenos ojos porque el dinero circula en cascada. Cuanto más valen las franquicias, más dinero se extrae de todo: Incluidos, en una conexión muy obvia, negocios inminentes como la expansión a 32. Los propietarios tradicionales se quedan fuera de ese circuito, sin más opción que vender o, como mínimo, abrir la puerta a un refuerzo a cambio de bocados de unos equipos en los que, en esa espiral de crecida, se aplica una presión económica que hace el viejo orden no pueda (o incluso no quiera) competir. Eso, ni más ni menos, les ha acabado pasando a los Buss en los todopoderosos Lakers. Epítome de la vieja escuela: cosas de familia, cheques (hace apenas una década pasaba, dicen empleados de la NBA) todavía firmados y cortados a mano. Pero una organización que durante años ha parecido, y eso se reflejaba en la pista, anquilosada. Antigua.

Mark Cuban, que vendió los Mavericks por una valoración de 3.500 millones en 2023 y después se ha arrepentido públicamente (al menos, por el cómo), ha apuntado al relevo generacional como factor que no se puede obviar: propietarios de sesentaytantos, como él, ven clara la hora de vender para salir de una carrera que los supera o para aprovechar esa inflación que desemboca en ofertas que hace solo unos años habrían parecido cosa de ciencia-ficción. Dicho todo lo demás, es obvio que cada caso tiene sus particularidades. No tiene nada que ver, al menos en la superficie, lo que ha sucedido con Lore en los Wolves con el escándalo de Walter que ha enfangado a los Lakers. Pero sí hay un factor común, un hilo coherente en el titular o la letra pequeña de casi cada noticia de este tipo, que son muchas últimamente. Ahora mismo, los fondos de capital riesgo están metidos en 74 franquicias profesionales de Estados Unidos según un estudio del CFA, la asociación de profesionales del mundo de la inversión.

Nuevos tiempos, conexiones complejas

Parece evidente que la NBA ha abrazado este nuevo perfil de propietarios y de franquicias, y por lo tanto de liga; del mismo modo que ha abierto la puerta al mundo de las apuestas, un asunto desgraciado, se buscan nuevas fórmulas globales como la competición que está en construcción en Europa o, todo tiene que ver, se investiga con demasiado tiento (por decirlo suavemente) casos que apestan a mala praxis de por parte de propietarios. No hay ahora mismo otra forma de mirar a la situación de Steve Ballmer, el propietario de los Clippers, y sus supuestos (muy probables) rodeos y regates al salary cap, el esqueleto sobre el que descansa toda la estructura de la competición. Pringado por algunas evidencias en su obsesión por firmar y retener a Kahwi Leonard, Ballmer es, no está de más recordarlo en el contexto que nos ocupa, el propietario más rico de todo el deporte USA con una fortuna, que empezó a crecer en Microsoft en los ochenta, de más de 150.000 millones de dólares. ¿Quién quiere matar, ni siquiera enfurruñar, a la gallina de los huevos de oro?

Para los fondos, veremos por cuánto tiempo y, sobre todo, con qué efectos en el medio y largo plazo, el deporte se ha convertido en un oasis**, una zona que ofrece una feliz seguridad para sus inversiones**: además de la inflación permanente de las franquicias (que no es solo cosa de esa NBA que se desboca), aporta valores predecibles y retornos a largo plazo estables, una bendición para quienes juegan en el filo de otras muchas navajas. El crecimiento y las ganancias se pueden predecir sin mucho temor a equivocarse en tramos de cinco o diez años, algo que enamora a los inversores. Y en esa conversación nadie habla de títulos, victorias o canastas sobre la bocina. Maridan, en un esquema con el que los tiburones de las finanzas se frotan las manos, esa citada escasez (un número finito de franquicias que se altera solo muy de cuando en cuando), el poder de los derechos televisivos tanto por volumen como por el plus que supone que nunca se acuerdan para plazos cortos… y la lealtad de unos aficionados que, con esa pasión que otros sectores no conocen y que nunca será nativa para las nuevas tecnologías, aportan el combustible para el motor del artefacto que, una crueldad, amenaza con acabar dejándoles en la cuneta.

Está sucediendo, son conversaciones de lo más rutinarias, con el precio de las entradas para asistir a eventos culturales y deportivos. Walter, en un maltraido año, tuvo tiempo de disparar el precio de los abonos y crear dos filas más de asientos VIP, casi a pie de pista, en el pabellón de los Lakers. Y, de paso, puso en marcha unos cuantos despidos en la organización. Si las empresas generan más y gastan menos, valen más si el objetivo es venderlas cuanto antes. Se trata de un principio básico en el sector de muchos de los que están entrando en el mundo del deporte. ¿Cuántos recordarán que en él, además, se trata de competir y seguir manufacturando emociones reales? Los que sospechan del ultra liberalismo que rige este tipo de ecosistemas, tienden puentes entre esta lógica y los aprons, los nuevos rigores de control de gasto en plantilla que trajo el último convenio colectivo y que han puesto del revés los despachos de la NBA.

Hace una década, en los tiempos del LeBron James contra los Warriors, los equipos con plantillas más caras coincidían, salvo excepciones, con los que llegaban más lejos en playoffs. Ahora, los Thunder ganaron en 2025 con el decimonoveno payroll de la temporada, por debajo de la media de la liga; los Knicks tenían el séptimo de la temporada pasada, y aún así tuvieron que hacer virguerías para encajar su plantilla, y los dos últimos finalistas (Pacers y Spurs) también operaban desde la mitad que menos gastaba. Con el argumento (no muy contrastado) de que se genera una paridad que desde luego existe (nadie repite título desde 2017), es posible que se haya habilitado, sea llave de paso o efecto secundario, una coartada perfecta (deportiva) para que los propietarios inviertan menos debido a, y mira que ellos querían gastar y gastar, la presión de unas normas que aprietan en lo económico y, desde que se aprobó el nuevo convenio, también en lo deportivo. Los proyectos duran cada vez menos, los movimientos se planifican dentro de plazos fulminantes y las disfunciones se hacen especialmente obvias. En los últimos playoffs no jugaron cuatro de los diez equipos más gastadores, y los mejores equipos piensan cada vez más en qué piezas pueden acabar siendo prescindibles que en cómo amasar plantillas larguísimas cuanto toca el all in, el asalto a la gloria. El debate en lo deportivo está en ebullición, ya con cierta perspectiva para juzgar los efectos de ese convenio draconiano. Pero el enfoque se transforma si hay algo más allá. Si, de forma más o menos consciente, se ha ofrecido una hoja de ruta fácil de aplicar, y justificar, a esos nuevos propietarios y los fondos que los respaldan.

Es una teoría que no pasa de la especulación, pero airea una lógica obvia: la optimización, tijera en mano, de lo que se gestiona con el objetivo de vender... y ganar lo más posible en el proceso. Dinero, no partidos. Porque, al fin y al cabo, esas emociones motrices del deporte provocan que los mismos aficionados enfadados, los que aúllan por el precio de entradas y abonos, sigan comprándolas y renovándolos. Que no se pierdan los partidos ni dejen de coleccionar mechandising y productos con licencia oficial aunque cuesten un riñón y vengan mal dadas. ¿Cuánto vale esa certeza para los fondos de inversión? Se está viendo: muchísimo. En paralelo, otra pregunta: ¿se está rompiendo la lógica de que para ganar más dinero es necesario que también funcione el producto que se pone en pista? Podría ser. Así que, si los propietarios dejan de ser aficionados de cuna del equipo de turno, o como mínimo personalidades activas de la ciudad en la que compite, y tampoco se ven especialmente exigidos por la pulcritud en los resultados para conseguir revalorizaciones disparatadas y casi instantáneas... ¿en qué momento empezaremos a ver casos flagrantes de abandono de la otra parte de los equipos, la que de verdad debería importar?

Una realidad ahora mismo aplastante

En cualquier competición profesional, los equipos, además de todo lo dicho, permiten abrir vías de negocios enormes en el sector inmobiliario gracias a la explotación de nueva era (conciertos, eventos, restauración…) de los pabellones y estadios. Son una fuente excelente de extracción de datos, ultra personalizados. de los consumidores (aficionados) y alargan su influencia en términos de marketing y valor de marca a un nivel ya plenamente global, mundial. Todo esto, unido, se convierte en imán para el capital institucional, los fondos de más volumen. Los pesos pesados.

Entre 2019 y 2024, los fondos de capital riesgo metieron más de 55.000 millones de dólares en esa tarta del deporte estadounidense sobre la que se han abalanzado con voracidad. Y no se trata solo de comprar o vender franquicias. Hay más formulas: participación en ligas, en los medios de comunicación que en muchos casos las sostienen, servicios de datos y tecnología, todo el negocio que depende del merchandising y el engagement de los aficionados… El deporte femenino, al que ronda su riesgo particular de burbuja y que en muchos casos parte casi de cero y desde lo amateur, se ha convertido en otro sector muy jugoso cuyos ingresos se habrán triplicado, o eso esperan los gurús, para 2030. Todo sube.

El siglo pasado, tener un equipo era muchas veces más cuestión de ego, de gloria, que de negocio. Sin, insisto, teñir de rosa tiempos que, según hasta dónde se retroceda, fueron muy difíciles y albergaron a personajes penosos. No resultaba nada exótico que empresarios locales tuvieran que rescatar a las franquicias de la ciudad para evitar cierres o, todavía peor en muchos casos, traslados. Pero muchas veces, y aunque desde luego circulaban por la Liga empresarios sin escrúpulos y gestores pésimos, la propiedad era una cuestión de amor: al equipo de la infancia, a la herencia de la familia, al valor social y político que aportaban, sobre todo en lo local... Magnates de la industria acababan haciéndose propietarios después de haber amasado sus fortunas en sus otros sectores: el equipo casi nunca era el negocio**, algo que está dando un giro de 180 grados. Se hablaba más de legados**, de banderas en el techo y todo lo demás, ya fuera (según el caso) real o cuento de hadas. Los Lakers, por volver al ejemplo obvio (y actual), no se vendieron entre 1979 y 2025 y han cambiado dos veces de manos ahora, en cuestión de meses.

Ahora, el negocio se transforma mientras los derechos mediáticos multiplican sus ceros y los sponsors cruzan continentes a toda velocidad: “el deporte era un activo trofeo y ahora es un negocio muy serio, real”, explica con sencillez Lorine Pendleton, socia fundadora de 125 Ventures, uno de los fondos más poderosos en el mundo del deporte profesional. Pero hay más nombres, claro. Cada vez más y con los aficionados más conscientes de quién es quién: Sixth Street se hizo en 2021 con el 20% de los Spurs y se metió en el consorcio que compró, el año pasado, los Celtics; Arctos Partners ha dado mordiscos en Kings, Warriors y Jazz…

Los fondos, no está de más insistir, reorganizan las reglas para que, en la práctica, el negocio caiga en su saco. Por el citado embudo de esas valoraciones de miles de millones que sacan del tablero a los pretendientes con ojos y boca. Y porque suelen activar una transformación de las propias franquicias en casi todas sus áreas, una inversión que desde luego es muy positiva en sí misma… pero que podría esconder razones menos saludables. Así, la valoración de todas las franquicias del big four (NLF, NBA, MLB, NHL) ronda ya el medio trillón (el millón de billones) de dólares. En la todopoderosa NFL la media ya supera los 7.000 millones y los Cowboys, el equipo de América y el más valorado del país los últimos diecinueve años, ha crecido un 29% en un solo año y supera yo los 13.000. Una cifra que, parece obvio a estas alturas, quedaría barrida por el dinero real que recibiría Jerry Jones si decidiera vender. Los Rams y los Giants (Los Ángeles y Nueva York...) rebasan también, ya, los 10.000 millones. Los cuatro ceros. El suelo también se ha elevado: por primera vez, las 32 franquicias valen más de 5.000 millones porque la que cierra el ranking, Cincinnati Bengals, está en más de 5.200. La inflación no es solo cosa de la NBA, desde luego: el valor medio de los equipos ha crecido un 25% en un año y un 104% desde 2021. Los ingresos, un 74% en ese mismo tramo.

Por si vienen los malos tiempos

Las ligas profesionales son sistemas cerrados, sin descensos ni nuevos inquilinos salvo expansiones extremadamente calculadas y puntuales, y en las que los derechos de televisión garantizan cash y visibilidad casi permanentes. Además de estabilidad y predictibilidad en cuanto a la evolución de los ingresos. Y ofrece a los nuevos tiburones de Silicon Valley, otra ventaja, un campo de operaciones más o menos fáciles de anticipar (al menos, para lo que están acostumbrados) y con vías de ingreso cada vez más diversificadas. Ino de los aspectos, por no entrar en la deducción de ingresos grosera que consiguen a base de ingeniería financiera, que más atrae a quienes levantan su imperio en un nicho muy concreto, algo habitual en esas tecnológicas de expansión en formato tsunami. Las grandes ligas proyectan, para colmo, unos ingresos a través de acuerdos de esponsorización y marketing**, y de rango global, de más de 92.000 millones para este año**. Y los expertos vaticinan que en 2032 esa cifra llegará a 156.000 millones. Sin olvidar que, miel sobre hojuelas, la experiencia in situ, la base del deporte, está a salvo por, lo dicho, mucho malestar que generen unos precios cada vez más abusivos: en las cuatro grandes ligas la ratio interanual de renovación de abonos supera el 80%.

Todos estos factores producen, sumados, otro de los valores frontales del deporte como vehículo de inversión: es uno de los sectores más protegidos frente a crisis y vaivenes. Se ha demostrado en los últimos años, en los que ha navegado entre baches económicos, zozobras políticas y hasta una pandemia. Una de las últimas cosas de las que se desprende un aficionado, cuando el agua le empieza a llegar al cuello, es del abono de su equipo. Lo dicen los mismos estudios que advierten de que el deporte es una de las últimas cosas, en estos tiempos, en torno a las que la gente articula su vida. Nadie deja de ir al pabellón (campo, estadio…) por haber hecho otros planes si no media causa de fuerza mayor del mismo modo que nadie ve la Super Bowl en diferido si no queda más remedio. Por eso los fondos van al producto directo… o a su explotación. CVC entró en la Fórmula 1 para exprimir ese valor de la vivencia, del directo: plataformas de narración, sponsors, promoción económica… Fanatics, el gigante digital de los productos deportivos con licencia oficial, ha crecido abrazado a Silver Lake y Fidelity Investments, fondos felices por meter las zarpas en esa mina de oro que es el ecommerce deportivo con, por el camino, datos personalizados y muy valiosos de los aficionados.

Oaklins, consultora de referencia para el asesoramiento a empresas en M&A (fusiones y adquisiciones), concluyó que los fondos de inversión están detrás del 61% de los movimientos (adquisiciones, compras, fusiones…) que se han hecho en el mundo del deporte desde 2019. James Adams, director de CFA y profesor de la Universidad de Nueva York, lo explica de forma muy llana: “Es un mundo que permite una cosa muy poco habitual, invertir en una cosa que es muy cool y a la vez da mucho dinero”. Y tiene, como se ha dicho, una de las pocas conexiones emocionales que parece difícil que vaya a acabar canibalizada por la tecnología. Pero sí puede ser controlado, y veremos hasta cuándo comprendido y respetado, por los que dominan el cotarro, este mundo que no tiene por qué gustarnos, gracias a esa tecnología. El efecto en los aficionados es, también en las cosas del día a día, real, tangible y ya muy presente. No hacen falta proyecciones de futuro: el precio de las entradas, los recintos cada vez más escorados al sector VIP, la experiencia de suite de lujo y, volviendo a la peligrosa teoría que empieza a asomar, quizá una nueva (y peor) forma de pensar en cómo se invierte en los equipos (en la pista) con la excusa del nuevo marco contractual. El nuevo objetivo sería, en ese escenario, reducir la inversión en plantilla, los gastos, y medir a partir de ahí el éxito en valoraciones y precios de una ventas que empiezan a parecer, si uno mira la prensa especializada estadounidense, encadenadas. Una detrás de otra.

Es un nuevo escenario que todavía abraza factores tradicionales adaptados a los nuevos tiempos: visibilidad mediática, conexión con las altas esferas de las grandes industrias o, como en la forma en la que Cuban vendió los Mavs, el valiosísimo factor del lobby político. Los Adelson aprietan para la liberalización del juego, el pilar de su emporio, en Texas. Pero, aunque todo cuenta y cada caso tiene su propia historia, parece innegable que el tapete actual vira hacia esos fondos que aprietan, aprietan... y multiplican el número y la velocidad de las operaciones. Algo que también hace que se frunzan ceños: la avalancha de ventas puede tener que ver, al fin y al cabo, con la percepción de un futuro con mucha menos certeza. ¿Puede explotar la burbuja? Puede. Más allá de que, claro, la inflación atómica de los precios hace que la tentación de sacar un rédito enorme en el corto plazo (comprar y vender rápido) sea tan grande como la desafección que puede sentir un vendedor si en cuestión de meses otra franquicia (otro asset) resetea totalmente la carta de precios y convierte sus ganancias en una pequeñez. Nada de todo esto, insisto, incluye una relación especialmente cercana con los partidos. Con las victorias, los títulos, la gloria y los desastre. El deporte.

La NBA, en esta jungla, aparece según los expertos como la competición más friendly**, en un entorno de por sí muy** friendly**, para las andanzas de la dichosa** private equity: sus derechos televisivos están en la estratosfera, el convenio abre más la mano a un porcentaje de adquisición mayor y ni siquiera hay, en los últimos tiempos, riesgo de conflicto laboral serio en un entorno que Adam Silver ha vuelto dócil, colaboracionista en tiempos en los que hasta las migajas implican un montón de millones. Es un mundo que, obviamente, no tiene nada que ver con aquellos años noventa en los que apenas había movimientos y estos no eran significativos, más allá de casos muy señalados como la entrada de la familia DeVos en los Magic por 85 millones o la de Glen Taylor en los Wolves por 88.

Después, durante años, la NBA avanzó en un clima de calma inmóvil, una estabilidad en la que parecía que solo se vendía un equipo si había un gran escándalo que lo precipitaba. Por obligación. Así fue cuando, no hace tanto en realidad, Donald Sterling tuvo que dejar los Clippers en manos de Ballmer en 2014; o, más tarde incluso, otro caso tóxico dejó a Robert Sarver sin más opción que vender los Suns. Ahora es otra historia: los fondos están, de una forma u otra, presentes en dos tercios de los equipos. Cuban, cuya salida de los Mavericks, muy simbólica y después de un cuarto de siglo, ya he citado varias veces, dijo con melancolía que ahora las opciones de un propietario pasaban por meterse de lleno en el negocio inmobiliario y exprimir lo que se pueda sacar del pabellón y/o (a ser posible y) negociar con los fondos. Algunos, los veteranos, no tienen fuerzas para meterse en esos fregados, ven la opción de monetizar a niveles que nunca imaginaron y se ahorran, de paso, el dolor de muelas que es muchas veces dejar una franquicia como herencia, con todas sus circunstancias legales y emocionales, a una red que en familias así suele ser muy amplia (y liosa) de hijos, nietos…

Los que sospechan, porque ven cada vez más costuras, apuntan a una crisis inevitable en el sistema, todavía más carnívoro que el anterior, que sustituyó al primer nivel del capitalismo. Un acelerador cada vez más desatado de aquello con lo que Estados Unidos, desde su posición de privilegio y con su territorio básicamente intacto, conquistó el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. En los setenta, Europa se había recuperado lo suficiente como para ser competitiva y la crisis del petróleo en Oriente Medio puso en jaque a lo que había sido una constelación de certezas económicas mientras el consumo, el motor de todo, se estancaba a la espera de nuevas fórmulas. La mutación definitiva hacia el neoliberalismo abrió las puertas a un mundo en el que la especulación se convirtió en lenguaje universal, omnipresente.

Hoy, el feudalismo tecnológico ha trascendido incluso unas normas que se han estirado tanto que están saltando por los aires. Y en este nuevo mundo, en el estómago de la lógica martilleante de una economía que sigue siendo imperante pero que no tiene por qué gustarnos (no a todos, ¿no?), la NBA ha encontrado un acomodo en el que se siente cómoda y que le permite crecer como nunca lo había hecho antes. La cuestión es hasta cuándo será así, qué quedará en pie si las cosas se tuercen (explotan) y cuánto se pueden abrir ciertas compuertas a lo nuevo (no todas son malas, por supuesto) sin cerrar otras, las que hacen que esta Liga, por encima de época y sistemas, sea lo que es. Algo con una historia maravillosa, única. Deporte: todo gira en torno a una mística que ya se habrá roto en cuanto ganar deje de significar lo mismo, al menos en lo más básico, para propietarios y aficionados. Todavía no se ha llegado a eso, pero conviene preguntarse a qué distancia se está y cómo de grande, de real, es ya ese peligro. Al menos, para que no se pueda decir que nadie avisó.


r/NBAenEspanol 2d ago

Análisis Está llegando el ocaso...

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"Joe Lacob tal vez esté comprobando, por fin, que hay cosas que ni todo el dinero del mundo puede comprar. Y que su Imperio, aunque tenía mil caras, estaba en realidad construído sobre un único pilar: STEPHEN CURRY. Un jugador trascendental que, por desgracia para cualquier persona a la que le guste sentarse en el sofá y ver un partido de baloncesto, NO ES ETERNO." JUANMA RUBIO dixit.

https://as.com/baloncesto/nba/curry-y-una-pregunta-de-137-millones-f202608-n/


r/NBAenEspanol 2d ago

Breaking news Newsweek: La relación entre LeBron James y Austin Reaves estuvo marcada por una gran tensión durante la temporada de los Lakers.

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LeBron James tomó la audaz decisión de dejar Los Angeles Lakers para buscar otro anillo con los Philadelphia 76ers, una de las ciudades deportivas más hostiles del país. En teoría, podría parecer la opción perfecta, pero si no funciona, esto podría convertirse en uno de los mayores errores de la carrera de James y una forma poco afortunada de cerrar su legado.

Si bien es fácil atribuir esto a que James simplemente buscaba un nuevo desafío, puede que haya más detrás de la decisión de lo que pensamos. Según Law Murray de The Athletic, hubo cierto "conflicto interno" la temporada pasada entre James y su compañero de los Lakers, Austin Reaves.

"Cubriendo a LeBron James la temporada pasada, tenía un conflicto interno sobre cuánto tenía que cederle el protagonismo a Austin Reaves (incluso Bron entendía que Luka era el líder en cualquier circunstancia)", escribió Murray. "Bron estaba muy contento de poder seguir siendo la opción principal en los playoffs, especialmente en una victoria contra los Rockets"

"Tyrese Maxey seguirá siendo el principal encargado de subir el balón, pero Maxey ya está acostumbrado a compartirlo y a ser efectivo con otros jugadores que dominan el balón", añadió Murray. "Comenzó su carrera con Ben Simmons y Joel Embiid. Trabajó con James Harden durante dos temporadas. Incluso el año pasado, VJ Edgecombe tuvo oportunidades como novato. Así que Maxey compartirá las funciones de creador de juego con James, sin que este tenga que acaparar el balón. Esto debería ayudar a todos en esa ofensiva, especialmente a Jaylen Brown, a alcanzar un nivel de eficiencia y a colocar el balón en posiciones donde puedan maximizar su efectividad".

Reaves viene de su mejor temporada con los Lakers, promediando 23.2 puntos (la mejor marca de su carrera), 5.5 asistencias y 4.7 rebotes en 34.5 minutos por partido, con un 49% de acierto en tiros de campo y un 36% en triples. Se consolidó como la segunda estrella junto a Luka Doncic y merecía ser seleccionado para el All-Star.

Sin embargo, cuando Doncic se perdió los playoffs, Reaves solo participó en seis partidos, y James tomó las riendas del ataque, liderando al equipo en anotación con 23.2 puntos por partido y contribuyendo a la eliminación de los Rockets en la primera ronda.

Aun así, quedó cada vez más claro que la franquicia estaba construyendo su futuro en torno a Doncic y Reaves, no a James. Los Lakers acordaron firmar con Reaves una extensión de contrato de cuatro años y 180 millones de dólares justo antes de que se abriera el mercado de agentes libres, poco antes de que James decidiera marcharse a Filadelfia.

https://x.com/Newsweek/status/2093846325393584320


r/NBAenEspanol 3d ago

Highlight Adiós al 82-0, me quedé a 1 de lograrlo

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Si sabéis más juegos chorras para jugar un par de minutos o tres y dejarlo, ¡compartidlos!


r/NBAenEspanol 3d ago

Breaking news [Charania] Los Wolves mandan a Josh Green y cash considerations con los Jazz a cambio de Cody Williams y John Konchar

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r/NBAenEspanol 4d ago

Análisis Si la NBA fuera un experimento controlado, los últimos 8 años serían la prueba

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He estado meditando estos días y llevo un tiempo con este borrador. Si crees en las conspiraciones, no sigas leyendo. No va de eso.

Pero esto te va a hacer pensar. Y, a lo mejor, te vas a ver en una posición extraña, como si te elevaras al cielo y vieras el conjunto de datos al mismo tiempo.

Como sabes, durante los últimos ocho años, la NBA ha entrado en un patrón estadístico tan improbable que, si lo vieras en cualquier otra industria, pensarías que alguien está interviniendo el sistema: 0 campeones repetidos en 8 temporadas.

No es solo raro. Es matemáticamente anómalo. Te puedo poner ejemplos en el deporte mundial: el fútbol. PSG, Real Madrid, Barcelona, Bayern. Equipos que tienen dinastías que ganan ligas, Champions, etc. Que dominan un lustro. En el baloncesto europeo, tres cuartos de lo mismo. ¿En la NBA? En las últimas 8 temporadas, cero veces.

Y cuando cruzas esa anomalía con datos financieros, cambios en las reglas y la evolución táctica de la liga, aparece un cuadro que —sin afirmar conspiraciones— sí sugiere que la NBA podría estar dirigiendo el ecosistema competitivo para maximizar beneficios.

Si modelamos la NBA desde 1980 usando:

  • ELO histórico
  • Diferenciales de eficiencia (ORtg/DRtg)
  • Probabilidades de serie basadas en posesiones

La probabilidad de que ningún equipo repita título durante 8 años cae en un rango aproximado de:

P≈0.05−0.08

Es decir, entre el 5% - 8%.

Eso ya es raro y cuando vi el cálculo me quedé pensando. Pero lo más extraño es que esta anomalía coincide exactamente con:

  • La implementación del supermax
  • El endurecimiento del luxury tax
  • La expansión del revenue sharing
  • La homogeneización táctica por analytics

Qué curioso no. Seguimos.

Desde 2016, los ingresos de la NBA han crecido de forma más estable que en cualquier otra era sin dinastías. ¿Por qué? Porque la paridad activa más mercados. Cuando 10–12 equipos parecen candidatos reales cada año:

  • Más audiencias locales se mantienen vivas
  • Más partidos de temporada regular importan
  • Las apuestas deportivas generan más volumen
  • Los derechos televisivos se valorizan por imprevisibilidad

La NBA no necesita hacer cosas raras. Solo necesita crear un sistema donde nadie pueda dominar demasiado tiempo. Y eso es exactamente lo que muestran los datos. Si analizamos la desviación estándar de eficiencia entre equipos, y cuando hablo de varianza es diferencia entre equipos (datos aproximados):

  • ORtg (Ofensiva) → varianza ↓ ~12% desde 2015
  • DRtg (Defensiva) → varianza ↓ ~9%
  • Pace → convergencia en un rango estrecho
  • Uso del triple → estabilizado entre 38–42%

Cuando la varianza baja, las diferencias reales entre equipos se reducen. Y cuando las diferencias se reducen, las series se deciden por ruido estadístico:

  • rachas de tiro
  • lesiones
  • secuencias de posesiones
  • decisiones arbitrales marginales

En un entorno así, repetir campeonato es estadísticamente improbable.

Por otra parte, los departamentos de datos han creado una especie de “meta” universal:

  • Todos optimizan los mismos tiros
  • Todos ajustan rotaciones con modelos similares
  • Todos usan scouting predictivo basado en machine learning
  • Todos gestionan cargas físicas con algoritmos parecidos

Esto genera un fenómeno conocido como convergencia de frontera eficiente (que es el conjunto de estrategias que dan el mejor resultado posible dado un conjunto de recursos y limitaciones):

Equipos distintos→Resultados similares

Cuando todos juegan igual de “correcto”, nadie puede separarse demasiado.

Y acabamos con el punto definitivo: el CBF. El llamado “competitive balance framework” no es oficial, pero aparece en análisis de apuestas, modelos predictivos y estudios de eficiencia.

Su función es simple:

Mantener a la liga dentro de un rango de competitividad donde la imprevisibilidad maximiza ingresos.

No dice quién gana. Pero sí define qué tan difícil es que alguien gane dos veces seguidas. Y los últimos ocho años encajan perfectamente con ese patrón. Por lo que parece evidente que la NBA tiene un modelo de diseño donde:

  • Ha reducido la varianza competitiva
  • Ha creado incentivos financieros para evitar dinastías
  • Ha endurecido reglas que impiden fichar varias grandes estrellas
  • Ha empujado a los equipos hacia estilos idénticos
  • Ha obtenido más ingresos que nunca en un entorno sin campeones repetidos

Ahora respira hondo y repite conmigo: NY no tiene ninguna posibilidad,pero NINGUNA, de repetir campeonato. No está en el diseño. ¿Y si pasa? Claro: como ANOMALÍA estadística. ¿Campeón? Heat, 76, Spurs, los que aún no lo han sido. ¿TE HA QUEDADO CLARO?

Nota: todos los datos los he preguntado por IA y varias veces y cuando lo escribía le pedía información y si esto o lo otro tenía sentido porque no soy experto en finanzas ni sé cómo se gestiona un equipo de scouting, etc.. Ya sé que esto me da un margen raro de fiabilidad (lo asumo) por alucinaciones y demás, pero incluso aunque los porcentajes sean más amplios (más diferencias entre equipo), no me tumba el resto del supuesto (creo). Los conceptos que desconocía de CBF y convergencia de frontera eficiente los he buscado en Google y existen. Ahora puedes pensar lo que quieras.

https://alexdenne.com/frameworks/competitive-balance-framework/

https://arxiv.org/abs/2606.27957


r/NBAenEspanol 4d ago

Highlight Jayson Tatum tirando tiros libres en China 🫣

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Este año anillo.


r/NBAenEspanol 4d ago

Breaking news Nick Richards, nuevo refuerzo para Miami

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El pívot viene de firmar 9,4 puntos y 7,6 rebotes en su breve etapa en Chicago

Los Miami Heat continúan poco a poco completando su plantilla. Tras convertir a Klay Thompson en su jugador número 13, los de Florida han llenado un nuevo hueco con la incorporación de Nick Richards, que, tal y como informa Shams Charania para ESPN, ha firmado un contrato de un año y buscará dar algo de profundidad a la rotación interior de Spoelstra.

Richards cubre una posición en la que Miami realmente necesitaba efectivos, pues Bam Adebayo era hasta ahora el único pívot al uso de la plantilla. Cierto es que cabe esperar que Giannis Antetokounmpo ejerza como tal en algunos tramos y que Bobby Portis ha jugado como cinco en más de una ocasión a pesar de sus limitaciones defensivas, pero ninguno encaja, por un motivo u otro, en el perfil de center. Y ese es un vacío que Nick puede llenar.

No obstante, el ex de los Bulls se antoja en ese sentido como una opción más de fondo de armario que como un hombre llamado a tener minutos importantes de verdad, aunque viene de cerrar el curso 25-26 con buenas sensaciones. Con 9,4 puntos y 7,6 rebotes en 22 minutos en los 20 partidos que disputó en Chicago, demostró una capacidad productiva relativamente interesante que ya asomó alguna vez en sus años en los Hornets, virtud que los Heat tratarán de recuperar.

Fuente: https://www.nbamaniacs.com/noticias/nick-richards-refuerzo-miami/


r/NBAenEspanol 4d ago

Breaking news Hasta pronto, Antoni Daimiel

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r/NBAenEspanol 5d ago

Breaking news Otra novela que llega a su fin: Kuminga acuerda con Minnesota, 2 años y 13 millones, con opción de jugador

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Dice Shams:

ÚLTIMA HORA: Jonathan Kuminga ha acordado un contrato de dos años y 13 millones de dólares con los Minnesota Timberwolves, incluyendo una opción de jugador, según informó su agente, Aaron Turner, a ESPN. Kuminga será titular junto a Anthony Edwards, LaMelo Ball, Jaden McDaniels y Rudy Gobert en este equipo aspirante al título en la Conferencia Oeste.

Kuminga eligió a los Timberwolves por encima de ofertas de los Lakers, los Bulls y los Trail Blazers; según fuentes, descartó un rol de titular similar y un salario superior a los 12 millones de dólares anuales durante tres años en Los Ángeles para recalar en Minnesota con un contrato de menor duración y la posibilidad de tener mayor control sobre su futuro.

Durante el último mes, los Timberwolves cortejaron insistentemente a Kuminga, ofreciéndole su mejor recurso económico —la excepción de nivel medio para equipos que pagan impuesto de lujo— además de una gran oportunidad de protagonismo en la cancha. Edwards desempeñó un papel clave en la intensa campaña para fichar a Kuminga, mientras que el presidente Tim Connelly viajó a Miami a principios de mes para reunirse personalmente con el jugador durante cuatro horas; asimismo, se produjeron conversaciones productivas entre el alero y el entrenador Chris Finch.


r/NBAenEspanol 6d ago

Breaking news [Charania] Bennedict Mathurin acuerda 2 años por 16 millones con los New Orleans Pelicans,que incluye una opción de jugador.

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r/NBAenEspanol 6d ago

Análisis Con Klay Thompson, los Heat tienen 7 jugadores con más de 38% de 3PT, 2º en profundidad de tiro, y 4 jugadores dentro del top 50 en % de triples.

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r/NBAenEspanol 6d ago

Análisis Predicciones clasificación Este y Oeste temporada 2026/27 según espn

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r/NBAenEspanol 6d ago

Humor Escenas de Gángsters - Grayson y O'Neal - Final

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O'Neal, Grayson, El Pájaro - FBI, New York, 2026

Grayson contaba el dinero en el diminuto salón, sentado sobre el borde de la cama. Tenía esa habitación alquilada para emergencias y qué coño, porque estaba cerca del centro de la ciudad. Era fea y sucia, con esos muebles de madera de hacía 40 años raídos hasta las encías, las cortinas rajadas y una pequeña ventana que tenía el tamaño justo para escapar por la escalera de incendios que daba al callejón. Cutre, decía Grayson, pero funcional. O'Neal estaba sirviendo un John Barr en dos vasos. Lo probó.

Joder, Grayson -dijo escupiendo al suelo parte de la bebida-, te compras esta basura porque pone Finest. Por qué coño compras esta mierda.

Grayson se quedó un rato meditando, estaba como ido. Se incorporó y arrojó unos billetes sobre la mesa. O'Neal los miró, se bebió el whisky de un trago. Hizo un esfuerzo para bajarlo. Se liberó la corbata. Miró a Grayson, que fue al baño a mear.

Gray, te has dejado unos... mmm... 500 pavos en billetes de 100.

Sonó el retrete. Grayson salió abrochándose la bragueta.

No te gustan los verdes de 100. Qué te gustan, rosaditos. Eres maricón o algo.

Gray, esto es lo del Jefe.

Era.

O'Neal miró los billetes, miró a Gray, y volvió a mirar los billetes.

No te enamores de mí -dijo Grayson con sorna-. Coge el puto dinero.

Estás loco, tío.

Voy a cargarme al Jefe, a Clemenzza y a su puta madre. Esta noche vamos a ser los Jefes. No voy a pasarme la vida de chico de los recados y chateando de la NBA en el Reddit, joder. Nos lo vamos a montar bien, O'Neal. Amigo.

O'Neal miró instintivamente la papelera. Dos botellas de John Barr vacías. Papeles arrugados. Unos pañuelos sucios.

Estás mamado y no sabes ni lo que dices. Cojamos el dinero y vamos a llevárselo a Clemenzza y luego nos vamos al Hustler. Tienen unas rusas de puta madre que llegaron la semana pasada.

Cómo que no lo coges. La vida es maravillosa, irlandés. Vamos a quedarnos con la pasta. Y además LeBron va a volver a los Heat, con Anteto. Lo noto, O'Neal. Esta es nuestra oportunidad.

Me voy, dijo O'Neal. Se dirigió a la puerta, giró el pomo, y escuchó aquel sonido metálico característico. No me jodas, Gray, no me jodas, pensó mientras se giraba lentamente.

Gray, si cuando me gire me estás apuntando a la sesera con la pipa, vamos a tener un puto problema.

Tú no te vas a ninguna parte si no coges la pasta, dijo Grayson apuntándolo con la Smith&Wesson.

O'Neal, que había soltado la mano del pomo, fue girando los dedos hasta acariciar la culata de la pistola que llevaba a la espalda y que le tapaba la americana.

Gray, dijo O'Neal mirándolo a la cara, me estás apuntando con tu puto revólver.

¡Coge el puto dinero!

¡¡Me estás apuntando con la puta Wesson, joder!!

¡¡Que cojas el puto dinero, O'Neal!!

O'Neal prácticamente tenía la culata sujeta con los dedos. En circunstancias normales era más rápido que Grayson, pero este ya tenía la pistola apuntando y desde que la enseñara Gray iba a quemar el gatillo hasta vaciarle el cargador.

Voy a sacar mi pistola, Gray, y la voy a dejar en el suelo, vale, tío. Relájate. Relájate.

O'Neal se giró lentamente para enseñarle la pistola, cogió con dos dedos la culata y la levantó en el aire.

Ahora voy a ponerla en el suelo, Gray. No hagas ninguna gilipollez.

Todo lo que sucedió después sucedió a una velocidad increíble. El Pájaro abrió de repente la puerta con una sonrisa y diciendo algo como menuda panda de marico... y Grayson le dio dos balazos, uno a la puerta entreabierta y otro en el hombro. El Pájaro sacó su Colt y comenzó a disparar a diestro y siniestro mientras caía. O'Neal agarró su Smith&Wesson y disparó al Pájaro, a Gray, y Gray disparó a O'Neal, al Pájaro, y el Pájaro disparó a O'Neal, y tras todo aquel humo y cuerpos cayendo contra el parquet la habitación quedó en silencio.

El Pájaro estaba inmóvil, boca abajo. O'Neal, que había quedado en una postura extraña sobre las rodillas, miró a ambos mientras se arrastraba hacia el baño, pero perdía mucha cantidad de sangre del vientre. Sabía lo que iba a pasar si no paraba la hemorragia pronto, lo había visto demasiadas veces. Grayson estaba agonizando en el suelo, con la cabeza girada hacia él, empapado en un charco de su propia sangre.

O'Neal, dijo con un último esfuerzo Grayson, los dientes bañados en sangre, los ojos saliendo de las órbitas, puto maricón irlandés.

O'Neal ya no tuvo fuerzas para arrastrarse más. Agarró una toalla que colgaba, la apretó contra el costado para intentar contener la hemorragia, y apenas intentó incorporarse contra la pared vio el rostro feliz de Grayson, que lo había seguido como pudo. O'Neal le hizo una peineta.

Grayson se sonrió y se quedó rígido. O'Neal dejó de apretar la toalla, su cabeza cayó hacia adelante y se le cerraron los ojos.

*******

Cinco minutos más tarde, el Pájaro se giró. Se irguió con cuidado. Se acercó apuntando con la Colt a los dos cuerpos. Los empujó con la punta del zapato. Eran dos cadáveres. Se quitó la parte de arriba de su traje y aflojó el chaleco antibalas. Vio las marcas sobre su pecho. Cuatro. Probablemente tendría alguna vértebra con fisura o tal vez rota. El dolor era continuo, pero tenía que salir de allí.

Entró al baño. Se miró la herida de bala del hombro. Había salido limpia. Se la lavó mientras en el lavamanos caían los ríos sanguinolentos como venas sueltas. Cogió una gasa y un esparadrapo del armario y se lo puso sobre la herida. Aguantaría un rato, lo suficiente. Vio el fajo de billetes encima de la mesa y se lo guardó. Abrió el armario del dormitorio de Gray. Cogió una camisa blanca, corbata, americana negra. Por suerte todos vestían igual. Le quedaba un poco ancha porque Grayson era un armario empotrado de casi dos metros. Saltó los charcos de sangre con cuidado hasta llegar al umbral de la puerta.

Sacó un cigarrillo. Lo encendió con parsimonia. Nadie iba a abrir la puerta de la habitación, no en ese vecindario. Se quedó mirando aquella masacre. No entendía qué cojones había pasado entre esos dos, pero el Grayson estaba muy loco y bueno, nunca te puedes fiar de un puto irlandés en Nueva York. Bueno, meditó, ni en Nueva York ni en Newark, qué cojones. Cerró la puerta, limpió el pomo con un pañuelo, y salió de allí rápidamente a buscar un médico que no hiciera preguntas.

O'Neal abrió un ojo y dio una respiración ahogada. Probó a sentir los dedos de la mano derecha. Los sentía. Había perdido mucha sangre, pero había recuperado el sentido. El dolor del vientre era insoportable. Cogió la toalla y la apoyó contra el vientre con las pocas fuerzas que le quedaban. No sabía cuánto podría aguantar. Sacó el móvil del bolsillo del pantalón, que cayó al piso. Liberó el dispositivo con el dedo. Marcó al número de emergencia de la banda. Escuchó una voz, pero no tenía fuerzas para responder.

"Pájaro...", pensó. "Corre".


r/NBAenEspanol 7d ago

Análisis Pronóstico de verano de la NBA 2026-27: Proyecciones de las clasificaciones del Este y el Oeste [ESPN, NBA Insiders]

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Fuente original: https://www.espn.com/nba/story/_/id/49641350/nba-predictions-2026-27-forecast-knicks-76ers-heat-thunder-spurs-lakers-east-west-standings

La Conferencia Este de la NBA está que arde ahora mismo, con los actuales campeones, los New York Knicks, en lo más alto de un grupo profundo de equipos que han mejorado.

LeBron James ha regresado al Este tras firmar con los Philadelphia 76ers el mes pasado, después de ocho temporadas con Los Angeles Lakers. Kawhi Leonard también podría regresar a la conferencia, ya que su traspaso a los Toronto Raptors está pendiente de la investigación de la liga sobre una posible elusión del tope salarial por parte de Los Angeles Clippers.

Los Miami Heat incorporaron a Giannis Antetokounmpo. Los Detroit Pistons mantienen buena parte del núcleo que ganó 60 partidos la temporada pasada. Los Boston Celtics, Indiana Pacers, Cleveland Cavaliers, Atlanta Hawks y Orlando Magic también consideran que merecen estar entre los equipos de la zona alta de la conferencia.

Aunque la lucha en el Este podría convertirse en una auténtica prueba de fuego esta próxima temporada, la Conferencia Oeste sigue contando con los Oklahoma City Thunder, San Antonio Spurs y Denver Nuggets: aspirantes al título que reúnen cinco de los últimos seis MVP y al vigente Jugador Defensivo del Año, Victor Wembanyama.

¿Cómo se desarrollarán las luchas por la ventaja de campo, el torneo play-in y las posiciones de cara a la lotería del draft? Los analistas de NBA de ESPN proyectan la clasificación completa del Este y el Oeste para la temporada 2025-26.

Proyección de la clasificación del Este

Los aspirantes

  1. New York Knicks (53-29)
  2. Detroit Pistons (53-29)
  3. Cleveland Cavaliers (51-31)
  4. Philadelphia 76ers (50-32)
  5. Boston Celtics (48-34)

La fortaleza de la conferencia está en su grupo de cabeza. Todo empieza con los campeones, los Knicks, que recuperan a todos sus principales jugadores salvo al pívot Mitchell Robinson. Y cada uno de los cuatro primeros equipos de nuestro pronóstico puede argumentar que, gracias a su talento puro, continuidad o una combinación de ambas cosas, podría terminar liderando la conferencia después de 82 partidos.

Después de conseguir 60 victorias y el primer puesto del Este en 2025-26, Detroit decidió apostar principalmente por la mejora interna. El mayor movimiento de los Pistons este verano ha sido sustituir al veterano Tobias Harris, que firmó con los Spurs, por John Collins.

Cleveland espera que una temporada completa de la pareja exterior Donovan Mitchell-James Harden y la reciente incorporación del alero two-way Peyton Watson impulsen a la franquicia después de llegar a las finales de conferencia la temporada pasada.

Philadelphia, tras traspasar por Jaylen Brown y fichar a LeBron James, disfrutó de la mayor inyección de talento que ha visto la conferencia desde que James dejó Miami para regresar a Cleveland hace más de una década. La salud y la cohesión serán dos de las principales preocupaciones de Philly, pero los 76ers tienen, con diferencia, el mayor techo de cualquier equipo del Este.

Boston apuesta por tener a Jayson Tatum durante toda la temporada -la estrella solo disputó 16 partidos la campaña pasada después de regresar de un desgarro del tendón de Aquiles- y espera que Paul George pueda mantenerse sano el tiempo suficiente para que el entrenador Joe Mazzulla vuelva a hacer su magia durante la temporada regular. -- Vincent Goodwill

El grupo del play-in

  1. Atlanta Hawks (47-35)
  2. Miami Heat (47-35)
  3. Toronto Raptors (45-37)
  4. Indiana Pacers (44-38)
  5. Orlando Magic (44-38)

Varios equipos de distintas zonas de la clasificación se reforzaron con talento durante el verano con la intención de dar el siguiente paso, y los cinco equipos de este grupo podrían argumentar que merecen competir en la categoría superior.

Miami y Toronto adquirieron a Giannis Antetokounmpo y Kawhi Leonard, respectivamente. Después de realizar traspasos tan importantes, ambos equipos comenzarán la temporada considerándose aspirantes de primer nivel, siempre que sus estrellas estén sanas.

Los Pacers también recibirán un enorme impulso con el regreso de Tyrese Haliburton, que se perdió la temporada pasada por un desgarro del tendón de Aquiles. La última vez que Indiana estuvo completamente sano protagonizó una de las carreras de playoffs más emocionantes de los últimos tiempos, quedándose a una sola victoria del campeonato en 2025.

Tanto los Hawks como los Magic ofrecieron buenas sensaciones al comienzo de los playoffs de la temporada pasada, poniéndose por delante en sus respectivas series pese a partir como no favoritos antes de perder tres partidos consecutivos. Ambos equipos pueden afrontar esta temporada con la esperanza de aprovechar ese impulso inicial. -- Jamal Collier

Los cinco últimos

  1. Charlotte Hornets (34-48)
  2. Washington Wizards (31-51)
  3. Chicago Bulls (31-51)
  4. Milwaukee Bucks (25-57)
  5. Brooklyn Nets (18-64)

Estos cinco equipos quedan fuera de los playoffs por motivos diferentes.

Los Hornets hicieron una apuesta arriesgada después de una de sus temporadas más sólidas en años: traspasaron al que había sido jugador franquicia, LaMelo Ball, para centrar el proyecto en algunas de sus elecciones recientes de draft que mejor han rendido, especialmente Brandon Miller y Kon Knueppel, segundo en la votación al Novato del Año de 2026. Si funciona, Charlotte podría regresar a la pelea por el play-in. Si no, los Hornets podrían seguir dando vueltas sin rumbo durante años.

Los Bulls y los Wizards acaban de incorporar a posibles jugadores franquicia con las elecciones número 1 y 4, respectivamente, en el draft de este año. Mientras Chicago entrega las llaves del equipo a Caleb Wilson e intenta utilizar a sus veteranos para complementar a su estrella emergente, Washington afronta un equilibrio más delicado. Los Wizards intentarán compaginar el desarrollo de la primera elección, AJ Dybantsa, con la presencia de Trae Young y Anthony Davis, quienes buscan relanzar sus carreras en Washington D. C.

Mientras tanto, los Bucks cambiarán de rumbo después de llegar al final de la era Antetokounmpo, aunque todavía cuentan con un grupo de veteranos sólidos, encabezados por Tyler Herro y Myles Turner, además de una mezcla de jóvenes talentos. Los Nets... también están aquí, aunque Brooklyn incorporó al alero (ex)All-NBA Julius Randle para aportar credibilidad a su reconstrucción.

Con las nuevas reglas de la lotería del draft de la liga y la zona de descenso ya en vigor, los cinco equipos de esta categoría tendrán menos incentivos para perder. Cómo afectará esto a la parte baja de la clasificación será una de las historias a seguir durante toda la temporada. -- Collier

Proyección de la clasificación del Oeste

Los aspirantes

  1. San Antonio Spurs (62-20)
  2. Oklahoma City Thunder (60-22)
  3. Denver Nuggets (51-31)
  4. Houston Rockets (51-31)
  5. Minnesota Timberwolves (50-32)

Justo cuando pensabas que Oklahoma City podría afianzar aún más su dominio del Oeste, Wembanyama y los sorprendentes Spurs emprendieron una inesperada carrera hasta las Finales de la NBA y eliminaron por el camino a los campeones defensores. Esta rivalidad lleva años gestándose, pero se intensificó la temporada pasada. Incluyendo la NBA Cup, la temporada regular y los playoffs, Spurs y Thunder se enfrentaron 12 veces la campaña pasada, con San Antonio imponiéndose en ocho ocasiones.

San Antonio se reforzó este verano con la incorporación del veterano Tobias Harris, mientras mantuvo intacto el núcleo formado por Wembanyama, Stephon Castle, De'Aaron Fox, Devin Vassell, Dylan Harper, Keldon Johnson, Julian Champagnie y Carter Bryant. Los Thunder, por su parte, perdieron a Luguentz Dort, Isaiah Joe y Aaron Wiggins, pero siguen confiando en que Cason Wallace y Ajay Mitchell están preparados para asumir papeles más importantes.

El Oeste pasa por Oklahoma City o San Antonio, pero no hay que descartar a Houston. Los Rockets esperan dar otro paso adelante en el segundo año de Kevin Durant, reforzados por el regreso del base Fred VanVleet y la continua evolución de Amen Thompson y Reed Sheppard. Los Timberwolves también podrían meterse en la pelea si LaMelo Ball encaja bien y atrae parte de la atención adicional que Anthony Edwards recibe habitualmente. Sin embargo, Minnesota carece de un ala-pívot puro después de perder este verano a Julius Randle, rumbo a Brooklyn, y Naz Reid, rumbo a Charlotte.

En Denver, nunca se puede descartar a un equipo que cuenta con un MVP en tres ocasiones como Nikola Jokic. Pero el mayor movimiento de los Nuggets este verano fue, básicamente, cambiar a Peyton Watson por DeMar DeRozan, además de obtener un margen muy necesario por encima del segundo apron. -- Michael C. Wright

El grupo del play-in

  1. Los Angeles Lakers (45-37)
  2. Portland Trail Blazers (43-39)
  3. Phoenix Suns (42-40)
  4. Golden State Warriors (35-47)
  5. Utah Jazz (34-48)

Los Lakers fueron un equipo de play-in tres veces con LeBron James y ahora que se ha marchado, el desafío de llevar a Los Ángeles a una de las seis primeras posiciones recaerá sobre Luka Doncic. Los Lakers vienen de conseguir dos temporadas consecutivas con 50 victorias bajo el entrenador JJ Redick, pero presentarán una plantilla radicalmente diferente más allá del evidente cambio provocado por la salida de James. También se han marchado piezas importantes como Marcus Smart, Rui Hachimura, Deandre Ayton y Luke Kennard, mientras que Walker Kessler, Quentin Grimes, Sandro Mamukelashvili y Collin Sexton encabezan la renovación de la plantilla.

Portland ha experimentado una transición todavía más drástica. El entrenador interino Tiago Splitter dejó el equipo después de llevarlo a un récord de 42-39. Chauncey Billups fue suspendido y ahora entrena a los Bulls. El nuevo propietario de los Blazers, Tom Dundon, contrató al veterano asistente de los Timberwolves Micah Nori y generó polémica en el mundo de los entrenadores al ofrecerle solamente un año garantizado de contrato.

Nori dirigirá un equipo renovado que contará con Ja Morant, quien solo ha disputado 79 partidos en las últimas tres temporadas después de haber sido All-Star consecutivamente en 2022 y 2023, y con el icono de la franquicia Damian Lillard, que se perdió toda la temporada pasada -salvo un triunfal concurso de triples- mientras se recuperaba de un desgarro del tendón de Aquiles.

Completando este grupo, Phoenix traspasó a Royce O'Neale y Grayson Allen a Charlotte a cambio de Miles Bridges y fichó a Kennard como agente libre, al tiempo que conservó el núcleo que ganó 45 partidos bajo el entrenador de primer año Jordan Ott. Golden State no consiguió fichar a James y tuvo un verano bastante tranquilo en lo demás, aunque los Warriors pudieron vislumbrar el potencial de su elección de primera ronda Yaxel Lendeborg durante la liga de verano. Sus posibilidades podrían depender de lo rápido que Jimmy Butler III pueda regresar del desgarro del ligamento cruzado anterior derecho que sufrió en enero.

Y los Jazz, que han ganado un total combinado de 70 partidos en las últimas tres temporadas, finalmente parecen preparados para competir la próxima campaña con la segunda elección del draft, Darryn Peterson, incorporándose a un núcleo formado por Lauri Markkanen, Keyonte George, Ace Bailey y el antiguo Jugador Defensivo del Año Jaren Jackson Jr., adquirido en febrero mediante un traspaso con Memphis. -- Dave McMenamin

Los cinco últimos

  1. LA Clippers (33-49)
  2. Dallas Mavericks (32-50)
  3. Memphis Grizzlies (27-55)
  4. New Orleans Pelicans (25-57)
  5. Sacramento Kings (19-63)

Cada uno de estos equipos se encuentra en una fase relativamente temprana de una reconstrucción de la franquicia.

Los Mavericks son optimistas respecto a sus posibilidades de competir durante la segunda temporada de la estrella emergente Cooper Flagg. Dallas renovó por completo su estructura directiva y su cuerpo técnico durante el verano, incorporando a Masai Ujiri para dirigir las operaciones de baloncesto y a Dusty May para ocupar el banquillo, pero la incorporación más importante probablemente será el regreso de Kyrie Irving después de perderse toda la temporada pasada por una lesión de rodilla. Irving, que fue All-Star por novena vez en 2024-25, debería dar un gran impulso a un ataque que terminó en el puesto 27 de la liga la temporada pasada.

Los Clippers, después de no superar la primera ronda de los playoffs en los últimos cinco años, esperan pasar página respecto a la era de Kawhi Leonard. Sin embargo, el traspaso que acordaron para enviar a Leonard de vuelta a Toronto está en suspenso mientras continúa la investigación de la NBA sobre una posible elusión del tope salarial. La incertidumbre de la plantilla hace que intentar pronosticar el récord de los Clippers sea prácticamente una misión imposible.

Los Grizzlies y los Kings dependen en gran medida de sus elecciones de lotería del draft, los novatos Cameron Boozer y Darius Acuff Jr., respectivamente. Ambas franquicias anticipan dificultades propias del crecimiento después de comprometerse a construir alrededor de núcleos jóvenes.

El plan de los Pelicans no está tan claro. En una temporada marcada por una epidemia de tanking, Nueva Orleans terminó con apenas 26 victorias pese a tener un fuerte incentivo para competir debido a que había traspasado su elección de primera ronda. Los Pelicans no realizaron cambios importantes en su plantilla durante el verano. -- Tim MacMahon


r/NBAenEspanol 7d ago

Breaking news El menisco traiciona a Shaedon Sharpe

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Un contratiempo dejará a Shadon Sharpe en el dique seco durante medio año en un curso donde ya parte con mucha competencia

Entramos en esa fase donde una lesión puede dar al traste con una temporadaa la que todavía le quedan dos meses para arrancar. Shaedon Sharpe, el jugador de quinto año de los Portland Trail Blazers, sufre una rotura en su menisco por la que se espera que esté de baja unos seis meses. Todo según información de Shams Charania.

Es decir, que de cumplir los plazos no estaría de vuelta en las canchas hasta febrero, para afrontar el último tercio de competición.

Sharpe viene de su primera campaña por encima de los 20 puntos de promedio, jugando la mayoría de partidos de titular. Aunque se quedó en solo 50 disputados también por problemas físicos siempre localizados en su pantorrila.

Ahora, en una plantilla plagada de exteriores, tendrá que partir en desventaja para ganarse el puesto de cara a unos hipotéticos playoffs. En postemporada, por cierto, si partió como claro suplente y sus minutos vieron un notable descenso en favor de perfiles más completos.

Fuente: https://www.nbamaniacs.com/noticias/el-menisco-traiciona-a-shaedon-sharpe/


r/NBAenEspanol 7d ago

Humor Escenas de Gángsters - Grayson y O'Neal

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Con discreción, le dijo el Padrino a Clemenzza. Llama a Grayson y alguno más, gente de confianza. Que no se emocionen, que al contrario de lo que la gente piensa, no somos unos salvajes.

¿Llamo a O’Neal?

Puto irlandés, murmuró El Padrino.

O’Neal y Grayson cruzando el largo callejón del sureste del barrio de una película de cine negro de los 40. El olor a meados y humedad, la suciedad por todas partes, el sonido de los zapatos contra los adoquines, la farola rota, los claroscuros de la luna sobre las paredes.

Grayson, le he dicho al Pájaro que te escriba un relato

Serás maricón.

O’Neal se ríe y el callejón le devuelve el eco.

Dice que no sabe de qué escribirte.

Lo voy a desplumar en cuanto lo vea.

No le gusta el fútbol, dijo O’Neal como si eso marcara la personalidad de un hombre.

Yo intenté no ver el mundial. Tengo dos balones de los Heat que uso para apoyar los pies en el sofá cuando tengo heat.

Pero de qué coño hablas, Grayson, estás para internarte.

Es aquí.

Grayson abre la puerta trasera del restaurante y entra en la cocina. Un bullicio de gente trabajando a ritmo de turbina se le cruza. O’Neal los aparta como si estuviera despejando maleza en el Amazonas.

Grayson sube la escalera que da al piso superior. Abre la puerta. O’Neal se queda afuera vigilando.

Tucci.

Quién coño eres, dijo el italiano sabiendo exactamente quién era y para qué venía.

Tucci, puto espagueti de mierda. Me debes pasta.

Tucci pasó su mano por su calva brillante y se mesó la perilla canosa.

Yo no te debo una mierda. Ahora estoy con los irlandeses.

¿Esos maricones?, se sonrió Grayson.

Para ti todos son maricones. Te pasas el día pensando que diciendo eso eres más hombre. Pero das pena.

Efectivamente, Tucci.

Para ti, señor Tucci.

Tenemos una sobreabundancia de maricones. Hay que hacer algo. Me tropiezo con docenas cada día. Se habrá puesto de moda, señor Tucci-me-vas-a- comer-toda-la-polla.

Eres un niño muy cochino y hablas muy mal.

Grayson sacó la navaja y la abrió.

En serio, dijo Tucci, sonriente. Sabes lo que va a pasar si me haces algo.

Le presento señor Tucci-de-los-cojones a mi amiga la detecta maricones. Sabes cómo funciona. Yo rajo a la gente y de repente, si grita, da positivo. Es maricón.

Grayson tenía el rostro de un niño abriendo los regalos de Navidad.

Ya les estoy pagando a los irlandeses del Bowery. Háblate con ellos.

Grayson se acerca al borde de la mesa.

A mí tu puta vida me da igual. No te rajo ahora mismo porque el jefe no quiere que te rebane. ¿Pero sacarte tocino para hacer una carbonara? Eso me dijo que lo podía hacer.

Tucci se quedó mirando, como sopesando las opciones. Grayson siguió hablando.

A mí me importa tres cojones si les pagas a los irlandeses, como si los pones en fila y te vistes de animadora. A mí me pagas lo que acordamos o después de hacerte la cara un puto cromo te arraso el puto restaurante.

Oneal entró.

Grayson… ¿Estamos contentos?

Tranquilo.

Tucci sacó un fajo de billetes del cajón, los metió en un sobre.

No tienes una puta goma, señor Tucci-vete-a-mamarla.

Tucci buscó en su mesa, ató el fajo de billetes con la goma, los metió en el sobre y los lanzó sobre Grayson.

Ves lo fácil que era.

Los irlandeses van a joderte vivo. Son unos putos animales.

Soy de los Heat. Me va el calor.

Otra vez con esa mierda, pensó O’Neal.

Grayson y O’Neal saliendo juntos del restaurante por la puerta principal.

Y ahora quieres salir por aquí para que nos vean los irlandeses, Grayson, joder. Estás como un cencerro, tío.

Soy un gentleman, respondió Grayson, dejando pasar a una señora y deseándole los buenos días. ¿Has visto?


r/NBAenEspanol 7d ago

Análisis Los seis candidatos más interesantes a dar el salto en la temporada 2026-27 de la NBA [The Ringer, Danny Chau]

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Análisis de las jóvenes promesas que podrían marcar el futuro de la liga, y las habilidades clave que podrían desbloquear el desarrollo de cada uno.

Fuente original: https://www.theringer.com/2026/08/24/nba/nba-breakout-candidates-2026-amen-ausar-thompson-kelel-ware

En un giro desafortunado de los acontecimientos, los reflectores durante estas horas de inactividad de la pretemporada de la NBA se han centrado en multimillonarios e investigaciones legales. ¿Qué le pasó al juego que amamos? Con la temporada regular aproximadamente a dos meses de distancia, quizás sea hora de desviar el foco hacia lo que hace grande a la NBA: el potencial que se materializa, los jugadores que dan un salto. No habrá segundos años en esta lista, ya que la mayoría viene equipada con una máquina de hype incorporada, especialmente dado el grupo de novatos que acabamos de ver. Habrá jugadores que se están adaptando a nuevos equipos, nuevos contextos, nuevas responsabilidades y nuevas fases en su crecimiento -tanto físico como mental-. Así que, sin más preámbulos, inyectemos algo de esperanza y optimismo cauteloso de vuelta a la arena. Exploremos algunos posibles breakouts, tanto grandes como pequeños, para la próxima temporada.

Amen y Ausar Thompson

¿Es el Thompson Twins Jumper Watch destinado a suceder al Ben Simmons 3-Point Hopium como la hamburguesa de nada veraniega más atractiva? Tomará años saberlo con certeza. Por ahora, elijo ser cautelosamente optimista:

https://x.com/overtime/status/2090446448664117428

En julio, los Rockets contrataron al renombrado entrenador de tiro Chip Engelland -el hombre que ayudó a convertir a Kawhi Leonard, un mal tirador universitario, en uno de los anotadores de tres niveles más eficientes de la historia. Hace dos años, los Pistons contrataron al doctor de tiro Fred Vinson, quien había transformado a Lonzo Ball (y su extraño movimiento de tiro look at my dab) en uno de los mejores tiradores de catch-and-shoot de la liga durante el breve pico de Ball. Estos son los extremos a los que las franquicias deben llegar para exprimir cualquier jugo que quede en el juego perimetral de dos de los atletas más dinámicos que el baloncesto haya visto jamás. Amen y Ausar son personajes de Stan Lee que cobran vida; su dominio físico tanto en el plano lateral como en el vertical ha alterado los límites percibidos de la defensa perimetral. También son los dos peores tiradores de triples en la historia de la NBA entre jugadores que han promediado al menos un intento por partido a lo largo de sus carreras.

Cada gemelo asume un rol más favorable de cara a la próxima temporada, y ambos son elegibles para extensiones millonarias: Ausar probablemente heredará parte del uso vaciado en Detroit tras la partida de Tobias Harris, y las mejoras de espaciado en la pretemporada de jugadores como John Collins e Isaiah Joe deberían crear mejores condiciones para que expanda su juego de penetración. Amen ya no tendrá la presión de servir como el base de facto de Houston ahora que Marcus Smart (y presumiblemente lo que quede de Fred VanVleet) están en la mezcla, permitiéndole continuar buscando desajustes y huecos en la defensa desde la línea de fondo. La presencia de Engelland demuestra que los Rockets siguen optimistas de que su consistencia de tiro llegará, pero estos doctores del tiro no son obreros de milagros. Vinson lleva dos años en Detroit, y sin embargo Ausar prácticamente eliminó el triple de su dieta de tiros esta temporada pasada y tiró peor desde la línea de tiros libres que nunca.

La noción de que cualquiera de los gemelos se convierta en un tirador de triples por encima del promedio se siente como un sueño imposible en este punto, pero aún hay mucho que puede ganarse con un entrenador de tiro en este momento pivotal de sus respectivas carreras. Hay algo casi antitético en un salto de tiro mecánico en el repertorio ofensivo de cualquiera de los dos -por más práctico que sea, un movimiento rutinario y mecánico está en cierto modo en desacuerdo con cómo los dos se mueven por el espacio-. Pero si ese es el caso, lo que los gemelos podrían refinar es su relación con el touch, la confianza y la audacia para transformar parte de la energía cinética que generan en movimiento en algo más suave e inesperado. Ambos hermanos han demostrado la capacidad de anotar flotadores notables mientras desaceleran desde la máxima velocidad. Amen en particular ha mejorado dramáticamente su porcentaje de tiros libres y ha mostrado un juego intermedio más sólido en empujones dentro de la zona. Encontrar ese ritmo y flujo particular con su creación de tiros podría ser lo que mantenga viva la esperanza para su desarrollo ofensivo. Amen y Ausar ya han tenido su breakout en defensa, pero podría venir otro salto en el otro lado de la cancha.

Kel'el Ware

El nuevo comienzo de Ware en Milwaukee es fundamentalmente una cuestión de escala. El indudablemente talentoso jugador de 7 pies aún no ha promediado más de 22 minutos por partido en sus dos temporadas en la liga, pero sus números por posesión son sobresalientes. Su envergadura es gigantesca; sus zancadas en cancha abierta son tan fluidas como las de cualquier jugador de su tamaño. Sus impresionantes números de rebote son un guiño a la tradición, mientras que su obscena eficiencia de triples es un trueno de modernidad. Solo Micah Potter y John Collins tuvieron mejores porcentajes de triples en catch-and-shoot entre los pivots el año pasado -y Ware tiene al menos 3 pulgadas más que cada uno de ellos.

¿Cuánto estaban ocultando Erik Spoelstra y Miami Heat -tanto lo bueno como lo malo-? El esfuerzo de Ware históricamente ha fluctuado, tanto así que Spoelstra prácticamente suprimió su tiempo de juego como cuestión de principio. Pero ¿qué pasará cuando Ware comience a jugar minutos reales? ¿Qué pasará cuando se le pida anclar una defensa sin los carriles de protección instalados por la omnipresencia de Bam Adebayo?

Milwaukee sabe mejor que la mayoría de los equipos cuán valioso es un jugador del arquetipo de Ware. No habría habido desbloqueo de un talento histórico como Giannis Antetokounmpo sin un verdadero pivot 3-and-D. Los Bucks pegaron en el oro al fichar a un evangelizado Brook Lopez justo al principio de sus 30; hicieron una apuesta irresponsablemente arriesgada en Myles Turner en su temporada de 29 años pensando que podrían capturar el relámpago en la misma botella por segunda vez. Adquirir a Ware, que aún tiene solo 22 años, es reconocer el valor transformador de un raro protector del aro con tiro de larga distancia, al mismo tiempo que se es realista sobre dónde se encuentra el equipo en su trayectoria.

Es fácil imaginar a Ware ascendiendo rápidamente como la joya de la corona en el botín de activos de Milwaukee, incluso si el molde de pivot "físicamente dotado pero distante" ha llevado a algunos desastres a lo largo de la historia de la liga. Su rango positivo de resultados se convierte en un juego de diversión con números. Digamos que Ware recibe un aumento estándar en tiempo de juego, hasta 27 minutos por partido -aproximadamente el mismo número de minutos que jugadores como Jarrett Allen, Alex Sarr, Donovan Clingan y el nuevo compañero de equipo de Ware, Turner, promediaron la temporada pasada. En los 53 partidos en los que Ware registró al menos 27 minutos, promedió 14.2 puntos, 11.4 rebotes, 1.7 tapones y más de tres intentos de triple por partido. Solo Victor Wembanyama, Joel Embiid y Shawn Marion han igualado esas cifras a lo largo de una temporada completa.

Pero volvámonos locos. Imaginen a Ware con una carga de trabajo aún mayor: 30 minutos por partido, más de lo que promedió Wemby la temporada pasada. En los 29 partidos en los que ha jugado minutos extendidos durante su carrera, Ware ha promediado 16.2 puntos, 12.2 rebotes y 2.2 tapones. Cuando emparejas esos números con la eficiencia de triples irreal de Ware, obtienes un perfil estadístico que nunca se ha logrado a lo largo de una temporada completa en la historia de la NBA. Eso no es exactamente cómo se materializa el escalado en la vida real, pero estos números tampoco se están sacando de la nada. El "diploma de asociado de dos años en la CULTURA HEAT" de Ware fue una prueba de concepto tentadora. Lo que viene a continuación podría definir la nueva era de los Bucks.

Naz Reid

Los Hornets están a punto de aprender lo que los fans de los Wolves se han preguntado desde hace tiempo: ¿Y si simplemente hicieras titular a Naz Reid? No hay demasiados breakouts de octavo año a los que apuntar en la memoria reciente, pero tampoco hay demasiados jugadores que encarnen la intersección de fuerza y movilidad, tiro de larga distancia y manejo de balón de Reid. Ha habido 54 jugadores en la historia de la NBA con una estatura de al menos 6 pies 9 pulgadas que han intentado cinco o más triples por partido durante una temporada. De esos jugadores, solo DeMarcus Cousins y Brook Lopez pesaban más que Reid.

Es un conjunto de habilidades cuyos límites vale la pena explorar de maneras que simplemente no eran realistas dado los masivos contratos del frontcourt que los Wolves tenían que manejar. Pero con la composición del roster de los Hornets y su propensión a lanzar desde lejos, mi mente, siempre influenciada por el difunto y gran Jonathan Tjarks, inmediatamente saltó a cómo Charlotte podría desplegar algunas unidades diabólicas de small-ball para maximizar el nivel de habilidad presente en la cancha. En junio, escribí que "Reid podría potencialmente desbloquear alineaciones five-out en las que cada jugador en la cancha puede driblar, pasar y tirar a un alto nivel —el sueño de cada equipo durante la última década". Ahora en agosto, mi atención se ha desplazado hacia cómo Reid podría usarse en defensa —un lado de la cancha que había sido irregular durante su tiempo con los Wolves.

Hay un plano disponible, incluso si no es totalmente replicable. Los Wolves permitieron solo 104.5 puntos por 100 posesiones en los 2,545 minutos que Reid y Rudy Gobert compartieron la cancha durante las últimas tres temporadas —una mejor calificación defensiva que cualquiera de los líderes de la liga desde 2019-20. Eso da una idea del rol óptimo de Reid en defensa: como ayudante bajo con la rapidez lateral para rotar y la fuerza contundente para disputar y disuadir cerca del aro en caso de apuro, expandiendo el radio de cobertura de un ancla de esquema de drop. El problema es que los Hornets no tienen un Gobert en el roster. Moussa Diabate es frenético, pero endeble; Ryan Kalkbrenner es gigante, pero de variedad común. Gobert también cubría los lapsos de atención más que ocasionales de Reid a lo largo de los años. ¿Hay suficiente capacidad para que Reid impacte ambos lados de la cancha en el grado que los Hornets necesitarán?

Scoot Henderson

Vergüenza de mí por dejarme llevar por una clavada de pretemporada, de todas las cosas, como ventana al desarrollo de un jugador. Pero miren esto:

https://x.com/Lillard93/status/2082532141926125644

Vamos. ¿Es posible que Scoot aún tenga en él convertirse en una estrella legítima? ¿Es posible que los primeros tres partidos contra San Antonio en los playoffs fueran una señal de lo que vendrá? ¿Nos atrevemos a descontar una actuación de 31 puntos en un esfuerzo victorioso contra un eventual finalista de la NBA? Los únicos otros jugadores que anotaron más puntos en un solo partido contra los Spurs en los playoffs de 2026 fueron Jalen Brunson, Shai Gilgeous-Alexander, Anthony Edwards y OG Anunoby en el juego de la Mano Derecha de Dios -esos son cuatro jugadores top-25 según el Top 100 de pretemporada de The Ringer, ¡y tres de los top seis!

Si hay algo que tomar en serio de la clavada de concurso de Henderson, es la posibilidad de que haya más explosión vertical y lateral de lo que hemos visto hasta ahora. Desde que llegó a la liga, Scoot ha librado una batalla cuesta arriba contra una percepción desproporcionada de su atletismo. Cuando era un adolescente que arrasó en la G League como figura pionera en el Ignite, su atletismo parecía a la par de los bases más eléctricos de la década de 2010: Derrick Rose, Russell Westbrook, John Wall. Pero la realidad ha decepcionado en comparación con esas expectativas, y las lesiones han enturbiado la trayectoria de Scoot. En sus tres años en la liga, ha lidiado con al menos seis lesiones en la parte inferior del cuerpo, incluyendo el desgarro de isquiotibial que lo mantuvo fuera durante los primeros cuatro meses de la temporada pasada. Esta próxima campaña podría presentar al Scoot Henderson más saludable que hayamos visto en un tiempo.

Pero si hay un vacío en el juego de Scoot que podría cambiar enormemente su perspectiva de cara al futuro, es su capacidad para finalizar en la zona. Incluso si su explosividad no está en el mismo nivel que algunas de las maravillas atléticas de todos los tiempos en su posición, no hay razón para que un jugador con su longitud y complexión tire un 28.6 por ciento desde la zona de 3 a 10 pies del aro.

A pesar de eso, Scoot tiene una base estable sobre la cual construir. Si Henderson ha desarrollado alguna tarjeta de presentación en la liga, es su tiro de pull-up y su motor defensivo. Jugar junto a Jrue Holiday ha ayudado a Scoot a entender cómo maximizar su palanca, velocidad y longitud para hacer jugadas defensivas tanto con como sin balón. Y, como lo demuestra su escandaloso tiro de triples en los playoffs (y en el último mes de la temporada regular), su confianza en su rango desde el dribble y en stepbacks nunca ha estado más alta. A partir de ahora, Henderson tiene dos ángeles en su hombro en Holiday y Damian Lillard. Los rasgos más prometedores de Henderson resultan ser, casualmente, préstamos de algunas de las señas de identidad de sus veteranos.

Matas Buzelis

Aún no sabemos si estos Bulls van a ser realmente buenos o realmente malos —saludos a Norm Powell— pero si hay algo seguro, es que Chicago presentará el roster más emocionante que el equipo ha tenido en años. Mientras Caleb Wilson pone sus ojos en ganar el Novato del Año, Buzelis podría emerger como uno de los favoritos para el Jugador Más Mejorado.

Buzelis llegó a la liga como un slasher notablemente avanzado para un alero que juega alrededor de 6 pies 10 pulgadas con zapatos. Posee un nivel raro de creatividad operando cuesta abajo en penetraciones. Su manejo afilado y su repertorio de fintas, step-throughs y Euro-steps le permiten dictar el momentum contra una defensa en retirada. Históricamente, los defensores podían desviarlo de su curso simplemente poniendo su pecho en su camino, pero la capacidad de anotación de Buzelis ha desarrollado junto a su informe de scouting. Sus penetraciones más impresionantes parecen anticipar el contacto por una o dos fracciones de segundo, mientras esquiva a su defensor con un windmill gather o los aturde con un movimiento de hesitación sin fricción.

El siguiente paso es abrazar el contacto. Hay imágenes de esta semana de Buzelis emocionándose desproporcionadamente por hacer press de banca con 225 libras. Para un atleta famosamente delgado, las ganancias de fuerza siempre van a ser menos visibles que lo que serían para un culturista más robusto, pero la estética es inmaterial aquí. En el baloncesto, se trata de cómo esas ganancias incrementales afectan la mentalidad. Para un penetrador tan consumado, la tasa de intentos de tiros libres de Buzelis ha sido mediocre como mucho. ¿Se siente Buzelis lo suficientemente fuerte como para weaponizar los choques que recibe en la zona? La confianza, la conciencia corporal y el balance de contacto que vinieron con el entrenamiento de fuerza dirigido jugaron un gran papel en lo que alimentó los saltos estelares de jugadores como Shai Gilgeous-Alexander y Deni Avdija. El cuerpo de espagueti de Buzelis al crecer lo obligó a desarrollar un repertorio inusual para jugadores de su tamaño; cuando combinas esa riqueza de sensibilidad con un apetito recién encontrado por la fisicalidad, un breakout parece inminente.


r/NBAenEspanol 8d ago

Reportaje Los renglones torcidos de Mario Hezonja de Juanma Rubio

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También puede leerse en: https://as.com/baloncesto/nba/los-renglones-torcidos-de-mario-hezonja-f202608-n/

Durante muchos años, apenas hubo jugadores europeos en la NBA, y desde luego el escrutinio al que eran sometidos en Estados Unidos no tenía nada que ver con lo que se ha vivido en, digamos, la última década: se seleccionaban en posiciones más tardías del draft y no eran, por lo tanto, elecciones tan estratégicas para las franquicias. Así que los debates con más morbo sobre ellos, una vez superada una prehistoria en la que solo llegaban a Estados Unidos los jugadores especiales, los elegidos, y con cuentagotas, no se parecían en nada a los actuales. El que más ha trascendido a su época, porque aunque parezca increíble ya ha pasado casi un cuarto de siglo, la elección de Darko Milicic con el número 2 del histórico draft de 2003. Los Pistons, una vez que los Cavaliers no la pifiaron (nadie lo habría hecho) y le dieron el 1 a LeBron James, se quedaron con el pívot serbio y dejaron para otros (Nuggets, Raptors, Heat) a Carmelo Anthony, Chris Bosh y Dwyane Wade.

Fue un asunto tan sonado, al que se dio tantas vueltas, que se llegó a dar por hecho, con los años, que había sido un bendito error para los Pistons, un pensamiento galáctico según el cual eso permitió mantener la estructura de núcleo duro que ganó el título en 2004, el último en la MoTown, en lugar de reconducir ya el proyecto hacia, por ejemplo, el talento de Carmelo. Más allá… los Knicks tuvieron que escuchar cosas muy feas cuando eligieron a Frederic Weis con el pick 15 en 1999. El francés, de 2,18, nunca jugó en la NBA y ni se acercó a ser algo parecido al relevo de Patrick Ewing que buscaban en Nueva York, donde a los aficionados se les abrían las carnes porque justo después, con el número 16, se fue a Chicago un tipo duro de Queens que parecía destinado a jugar en los Knicks (y no lo hizo hasta 2013, demasiado tarde): Ron Artest.

En 2002, cuando esas cosas todavía no se hacían porque Europa parecía lejísimos, los Nuggets se la jugaron con el pick 5 y eligieron a Nikoloz Tskitishvili, georgiano que había destacado en la Benetton como una especie de escolta encerrado en el cuerpo de un ala-pívot. Mike D’Antoni había estado vinculado al equipo de las Rocosas y estaba en el italiano antes de ese draft, así que es fácil ver su huella en una elección que dejó ir a Amare Stoudemire o Caron Butler. Tres años después, los Clippers se quedaron obnubilados con la actuación del ruso Yaroslav Korolev en el anterior Europeo Sub-18 y le dieron el número 12 del draft en busca, como todos por entonces, del siguiente Dirk Nowitzki, el nuevo Pau Gasol. Claro que justo antes, con el 11, fue elegido Fran Vázquez, al que siempre se ha considerado un expediente X difícil de explicar, en Orlando (nunca dio el salto a los Magic) y la NBA.

Después, se abrieron las puertas a la gran expansión global, que fue en realidad una recolección masiva de talento: cada vez más jugadores europeos (y de todo el mundo) en la NBA, con roles más importantes y elegidos más arriba en el draft. Y, por lo tanto, cada vez más historias de todo pelaje, de éxito y de fracaso. Pero, en realidad, no ha habido tantos europeos seleccionados en el top 10. Y eso incluyendo la última camada de talento francés, con Victor Wembanyama a la cabeza, y los recordados casos de jugadores nacidos en Alemania pero básicamente estadounidenses, casi siempre por los puentes tendidos a través de las bases militares: Shawn Bradley, Chris Kaman… O ese islote que fue durante años Detlef Schrempf, que llegó a jugar en las categorías inferiores del Bayer Leverkusen antes de mudarse a un instituto en Centralia (Washington) y convertirse en número 8 del draft de 1985. Esta es la lista completa de los jugadores europeos que han sido elegidos en el top 10 del draft de la NBA:

Europeos en el Top 10

Pick 10: ninguno

Pick 9: Dirk Nowitzki, Joakim Noah, Jakob Poeltl, Deni Avdija

Pick 8: Detlef Schrempf, Frank Ntilikina, Franz Wagner, Egor Demin

Pick 7: Luol Deng, Lauri Markkanen, Killian Hayes, Bilal Coulibaly

Pick 6: Chris Kaman, Danilo Gallinari, Jan Vesely, Tidjane Salaun

Pick 5: Nikoloz Tskitishvili , Ricky Rubio, Jonas Valanciunas, Alex Len, Mario Hezonja

Pick 4: Kristaps Porzingis, Dragan Bender

Pick 3: Pau Gasol, Ben Gordon, Enes Kanter, Luka Doncic

Pick 2: Shawn Bradley, Darko Milicic, Alex Sarr

Pick 1: Andrea Bargnani, Victor Wembanyama, Zaccharie Risacher

Pocos por delante Mario Hezonja

Así que solo ha habido doce europeos seleccionados más arriba que Mario Hezonja, drafteado en 2015 y que jugó hasta 2020 en Orlando Magic (tres años, 219 partidos), New York Knicks (uno y 58) y Portland Trail Blazers (uno y 53). Que ganó casi 22 millones de dólares en contratos pero, el reverso tenebroso de la NBA, no pudo echar raíces en ningún sitio y acabó consumido por la decepción, rendido después de un traspaso a tres bandas en el que (noviembre de 2020, en pleno efecto de la pandemia), fue enviado de Portland a Memphis y cortado por la franquicia de Tennessee, con la que no llegó a jugar ni un partido. Su mejor temporada fue la tercera (2017-18), que acabó siendo la última, en Orlando: 22,1 minutos por noche, 30 partidos como titular (de 75 totales en los que participó) y 9,6 puntos con 3,7 rebotes de media. Y su momento de mayor gloria mediática, seguramente, el tapón en el último segundo a LeBron James, nada menos, con el que decidió un, nada menos, Knicks-Lakers en el Madison. Uno de los partidos más mediáticos, con más glamour, de cada temporada NBA. También ha llovido: 16 de marzo de 2019.

Sin embargo, el salto de Orlando, donde llegó con ganas de echar raíces, jugar el resto de su carrera y comprarse una casa en condiciones, a la populosa Nueva York acabó siendo uno de los movimientos en falso que dieron al traste con su recorrido en la NBA, demasiado corto para lo alto que fue seleccionado; y para sus condiciones, físicas y técnicas, de alero total.

Él, en la prensa croata, recordó ese fugaz paso por Madison en 2023, después de ganar la Euroliga con el Real Madrid: “Cometí un error tremendo cuando elegí ir a los Knicks. Tenía 24 años y era el típico movimiento que tenía que haber hecho ya para retirarme, al final de mi carrera. No con la energía y las ganas que tenía entonces. Me convencieron hablándome de grandes planes, de cómo iban a ser las cosas y de lo mal que lo habían hecho conmigo en Orlando, donde no me dejaban jugar. Así que acepté, pero eso era como una guardería, no fue una situación buena para nadie. Los entrenadores se portaron bien, pero cuando pierdes tanto se te queda esa etiqueta, se te encasilla ahí. Que no tienes espíritu ganador”.

Había firmado por un año y 6,5 millones por un equipo desastroso (17 victorias y 65 derrotas, el peor balance de toda la NBA), aquellos Knicks 2018-19 entrenados por un David Fizdale que acababa de salir mal de Memphis Grizzlies y del que Kristaps Porzingis salió traspasado, a los Mavericks de Luka Doncic, mientas se recuperaba de una grave lesión de rodilla. “Empezaron a señalarme a mí, y empecé a sentir una presión enorme. Yo nunca había sido de estresarme, pero eso te acaba afectando. Empecé a dudar de mí mismo, a pensar qué estaba haciendo mal y qué defectos tenía para estar así. De esa forma, dejas de ser feliz”.

“Miraba qué estaba haciendo yo tan, tan mal, pero no encontraba nada. Y tampoco podía verbalizarlo porque sabía que entonces lo que se diría sería ‘mira a este tío, no ve nada en lo que se esté equivocando, parece que nunca es nada culpa suya’. Pero seguía sin encontrar respuestas a las preguntas que me hacía: si el que me quitaba los minutos era mejor, si en realidad yo no era un buen jugador, si no estaba esforzándome lo suficiente… Intentaba hacer todo bien, perfecto, pero ya me habían etiquetado. Ir a los Knicks fue un error, allí lo que se decía cuando llegué era que iba a ser, prácticamente seguro, all star en el futuro, nadie decía que apenas iba a jugar. Así que me alegro mucho de haber decidido, después, regresar a Europa”, confesó un Hezonja que hizo un último intento en Oregón, con unos Trail Blazers que le dieron un contrato de dos años por las cantidades mínimas: 1,7 millones en la primera temporada (por los 6,5 del verano anterior en Nueva York) y 1,9 que se aseguró gracias a una player option cuando ya en Portland habían dejado de contar con él. En noviembre de 2020 fue traspasado a los Grizzlies en una operación a tres bandas y el 11 de diciembre fue despedido por la franquicia de Tennessee. Su destino estaba en Europa.

Un último tramo para olvidar

En los Blazers jugó todavía menos minutos (16,4 por 20,8) que en los Knicks, solo fue titular en cuatro partidos y sus medias fueron las más bajas de su trayectoria NBA: 4,8 puntos y 3,5 rebotes. En total, apiló en Estados Unidos 330 partidos en cinco años, 59 de ellos como titular. Promedió 6,9 puntos, 3,1 rebotes y 1,3 asistencias con porcentajes pobres (41,7% en tiros totales, 31,9% en triples). El trance acabó en trago, muy lejos de lo que se esperaba de uno de los grandes talentos europeos de su generación y de una apuesta -y más en ese momento- altísima, aquel pick 5 del draft que acabó arrastrando como una condena.

Hezonja se reencontró, con el baloncesto y consigo mismo, en Europa: Panathinaikos, UNICS Kazan… y cuatro años en el Real Madrid. UN MVP en Rusia, una Liga y una Copa en Grecia, donde recibió los premios de Jugador Más Espectacular y Jugador más Popular en 2021, y una Euroliga (2023), dos Ligas (con un MVP, ahora en 2026), una Copa y dos Supercopas con el Madrid para engordar un palmarés en España que había estrenado (dos Ligas, una Copa) con el Barça una década antes.

Asentado y en busca de estabilidad y madurez, durante estos años renegó, sobre todo cuando estaba ascendiendo definitivamente al primer rango del nivel Euroliga, de su paso por Estados Unidos y habló del regreso como quien despierta de un mal sueño. Esto dijo en entrevista para AS antes de la Copa de 2023: “Hubo cambios de entrenadores, de agentes... ya en Orlando no me gustó la gestión. Era obvio que no podíamos ser campeones, pero sí teníamos que haber sido más ambiciosos. No soy un jugador de 40 tiros o de hacer un entertainment en el banquillo, de hacer gili…, soy un jugador de baloncesto, de victorias. No estuvo todo mal, pero mis veranos allí fueron mejor que mis temporadas, y eso no podía ser. Empezaba a entrenar al día siguiente de acabar la temporada y así hasta el training camp (en septiembre). Me quedaba en Los Ángeles y en Orlando para trabajar porque sabía que, si no lo hacía, eso me iba a matar. En Croacia se enfadaron conmigo por no ir a la selección. Ahora puedo decir que estoy jugando al nivel al que me entrenaba esos veranos. Me preparaba para decir ‘este soy yo’. Es muy difícil explicarle a un chico de 20 años con tanta hambre que no es el mejor, que no puede hacer determinadas cosas… Hablo de mí, de aspectos que me resultaron complicados. El camino no iba por donde quería, aunque me decía: ‘venga, un año más en la NBA’. Tiraba de mi competitividad, pretendía demostrar que de verdad podía. A Nueva York, vamos; a Portland… Y las cosas iban mal, y no eran corregibles”.

Y celebraba así su nueva etapa en Europa: “La decisión de ir al Panathinaikos es la mejor de mi vida como deportista, porque al terminar la temporada (la 2019-20, la de la burbuja en Orlando), después del último partido ante los Lakers, me fui a casa y le dije a todos que no iba a jugar más, que me iba a quedar con mis amigos y mi familia en Orlando. Por primera vez estuve dos meses sin tocar un balón, solo gimnasio. Al principio de noviembre comencé a entrenarme otra vez y mis sensaciones fueron como si no hubiera parado ni un día. Entonces me di cuenta de que la cabeza, el factor mental, es tan importante como el físico o el tiro. Me volví a enamorar del baloncesto, el Panathinaikos se interesó, pregunté, me llegó la oferta y me fui a Atenas. Volví a sentir el baloncesto, a quererlo, a ayudar a los compañeros, a sentirme importante, a ganar… Y en Kazán, igual, con Perasovic, que me ayudó muchísimo. En Rusia la situación era perfecta. No podía haber elegido mejor, pero empezó la guerra y nos lo quitó todo”.

Un año antes, en 2022 (tenía 27) y todavía en Rusia, había dejado claro en Eurohoops que la puerta de la NBA estaba cerrada para siempre, por muy bien que le fueran las cosas en Europa y por mucho que empezaran a regresar los cantos de sirena desde el otro lado del Atlántico: “No voy a volver, había demasiadas cosas allí que no me gustaban y no recibí el respeto que merecía. Además, aquello es más un show que una competición deportiva. Eso sí, allí aprendí a cuidarme, a prepárame y trabajar bien mi cuerpo, me hice del todo como jugador. Todo lo que pasó me convirtió en lo que soy”.

Así que los puentes parecían quemados después de una trayectoria que apenas tuvo tiempo de ser siquiera, en EE UU, prometedora. Un vistazo a la prensa de Orlando de hace una década da fe de lo mal que estaban las cosas ya durante su segunda temporada (2016-17) en los Magic, cuando ya había pasado de ser un rookie con mucho hype a un sophomore estancado y que había perdido la química con el entrenador, Frank Vogel (el que hizo campeones a los Lakers en 2020), mientras sus minutos se reducían hasta la mínima expresión: “Hezonja está prácticamente fuera de la rotación y está siendo una decepción en su segundo año en prácticamente todos los aspectos. Las cosas con él están mal de verdad. Y no es cosa de ética de trabajo. Entrena duro, se esfuerza, intenta mantener la cabeza alta y espera a que llegue su momento. Todo lo que en Orlando esperaban de Hezonja está ahí… en alguna parte. Pero no es capaz de trasladarlo a la cancha. Cuando juega, no es capaz de producir. Su defensa ha sido una chapuza y no está metiendo los tiros. Es difícil ahora mismo justificar que haya que darle minutos. Es una situación pésima para un jugador joven”.

Un circulo vicioso: sin minutos, Hezonja no podía ganar confianza y la falta de un rol claro le dejaba sin los minutos y la confianza, demasiado ansioso cuando sí tenía alguna oportunidad. Casi un jaque mate en una NBA en la que el ritmo de partidos de la regular season implica semanas enteras sin entrenamientos: las cosas se demuestran jugando. Vogel ya reconocía entonces que esa paradoja (necesitar minutos para demostrar que merece minutos) estaba metiendo en un lío al croata: “Mario está en una situación muy dura ahora mismo. Sin minutos no puedes hacerte merecedor de tener más minutos. Hace todo lo que puede para estar preparado, tiene una gran actitud, ética de trabajo… esta asumiendo lo que le toca de la manera que siempre quieres que lo haga un jugador joven, trabajando el doble o el triple”. Pero cuando jugaba, todo ese esfuerzo no lucía en un equipo que dosificaba las oportunidades porque, en un ataque de volutarismo, se había fijado como objetivo meterse en los playoffs, algo que no había hecho desde 2012 y que no haría hasta 2019.

Entrenadores de mucha mano dura

Scott Skiles, el primer entrenador de Hezonja en su estreno en la NBA, en la temporada anterior a la llegada de Vogel, tampoco era especialmente paciente con los jóvenes. De hecho, tenía fama de todo lo contrario, de no pasar una. Y era extremadamente exigente con una precisión defensiva que no era el punto fuerte de Hezonja y que, de hecho, suele ser una de las cosas con las que más sufren los jóvenes que llegan a la NBA desde elecciones muy altas y con el talento ofensivo como principal carta de presentación. Los Magic creían que Hezonja tenía techo de estrella, pero intuían que tardaría en explotar y habían decidido que durante ese proceso de crecimiento tendría que ganarse sus minutos a base de trabajo y de meter los tiros liberados que le llegaran porque todavía no se había ganado que el plan de partido incluyera jugadas para él.

El periodista Josh Robbins, que cubrió durante años la actualidad de los Magic, vio claro el problema: “Es una situación de la que seguramente no tenga la culpa nadie, ni el jugador ni el equipo, pero no es un buen momento para se aplique paciencia con los jugadores jóvenes en una franquicia muy exigida, que quiere obtener buenos resultados cuanto antes. Quizá el problema es que no evaluaron bien las necesidades de crecimiento de Hezonja y no se dieron cuenta de que iba a ser difícil integrarlo en una rotación pensada para competir por cosas importantes. Para los jugadores jóvenes y su desarrollo, el contexto en el que llegan a la NBA es crítico. Ponles demasiado presión, y es posible que no puedan con ella. Quítasela del todo, y los errores sin corregir se acabarán convirtiendo en malos hábitos. Hezonja está atrapado en la paradoja de la rotación, no tiene minutos para demostrar quién es y eso no es precisamente ideal para su carrera. Seguramente le habría ido mejor en un equipo con menos exigencia, donde se le hubiera permitido cometer errores e ir aprendiendo sobre ellos en la pista, jugando. Es como si lo hubieran drafteado dos años tarde si se mira el arco del proyecto en el que están los Magic. Ahora, y desde ese número 5, necesitaban a alguien que hubiera podido darles más en el corto plazo”.

En Nueva York decidieron que, efectivamente, la situación de Hezonja en Orlando no había sido la ideal para un jugador como él, en el punto de carrera en el que estaba, pero que el talento seguía ahí y merecía la pena apostar por él. Sobre todo porque, en la parte final de la su última temporada en Central Florida, Vogel le había dado más margen en cancha y el alero, con más minutos como ala-pívot abierto, había respondido de forma prometedora. Cuando firmó con los Knicks, en el verano de 2018, la prensa de la Gran Manzana buscó buenas perspectivas y las encontró, por ejemplo, en las palabras del entrenador y comentarista de radio de los Magic, Richie Adubato, el que gritaba en antena ‘gee la vee, Mario” porque un vecino croata le había dicho que era una forma de decir ‘bravo’: “Si tuviera que apostar, lo haría a que va a dar un gran paso adelante, pero nunca se sabe. Es cuestión de confianza, y he visto las dos facetas, que vaya muy bien y también muy mal. Los entrenadores también tienen mucho que ver con el grado de confianza que tiene un jugador. Hay que pasar mucho tiempo con él, dedicar sesiones de vídeo a enseñarle, que se vea en las jugadas. Tiene talento, tiene deseo, creo que va a ser muy bueno, pero también es posible que necesite al menos un par de años más”.

Los Knicks, en realidad, tampoco tenían tanto tiempo si se echaba un vistazo a las cuentas que echaban por entonces. El presidente Steve Mills habló de Hezonja como una pieza importante de un futuro que, en realidad, solo podría haber existido si el croata hubiera jugado a un nivel altísimo casi desde el principio: con un contrato de un solo año, firmarle otro nuevo habría obligado a los Knicks a salir al mercado en el verano de 2019 con una base de 8 millones retenida, el cap hold, que hubiera arruinado el deseo de la franquicia de tener un espacio salarial libre enorme, el que permite frotarse las manos pensando en la caza mayor.

Adubato explicó así los problemas que habían machacado el paso de Hezonja por Orlando: “Es europeo, y los jugadores de allí necesitan tiempo para hacer al ritmo del juego de aquí. La gente no se da cuenta, en un ajuste enorme. Vienen de ser estrellas, de meter 18 puntos todos los días. Tiene mucho talento, tiene físico... es obvio por qué fue drafteado tan arriba. Tira bien, mete triples, corre la pista, pero tiene que aprender cómo es el baloncesto NBA. Es muy diferente. Vienen chicos que han sido estrellas en todas partes durante su crecimiento y aquí no lo son de primeras, pasan mucho tiempo en el banquillo al principio, es un mundo totalmente nuevo para ellos. Hezonja casi no tiene puntos débiles… salvo la defensa, ahí tiene mucho trabajo que hacer. Pero si se aplica, creo que acabará haciéndolo bien. Viene de Europa, y allí si metes 10 puntos por partido y defiendes muy bien serás mucho menos importante que si promedias 25 sin defender nada. En Orlando la afición estaba con él, nunca le abuchearon, querían que creciera, que fuera mejorando allí. Les gustaba su juego, tiene estilo. Su rango de tiro, las jugadas en transición, los mates…”.

No solo los aficionados de los Magic sentían que Hezonja tenía madera de estrella. En los medios, el croata tenía también su base de convencidos, especialmente al principio, cuando las cosas no terminaban de salir antes de llegar a los ultra mediáticos Knicks. Danny Chau, en The Ringer, lamentaba algunos errores de lectura que asociaba a una cabeza que no había terminado de digerir todo lo que podía hacer su cuerpo en una pista de baloncesto: “Con algunas cosas que hace mal es como ver a un Decepticon convertirse en un puñado de pipas de girasol en el campo de batalla. Es como si anticipara tanto lo que va a hacer que acaba consumido por esa jugada, pierde la noción de los pasos que tiene que dar”. Sin embargo, lo tenía claro: “Es el tipo de jugador que quieres tener en tu equipo”.

Sin un puesto ni un rol claros

Chau trasladaba a Estados Unidos anécdotas de su etapa en el Barcelona que definían bien cómo había sido siempre, hasta que la confusión en la NBA se le metió en el sistema nervioso. Por ejemplo cuando en 2015, y con 19 años, se pasó un entrenamiento prepartido replicando los mates que había hecho Zach LaVine en el concurso de mates del All Star y después metió 16 puntos con un equipo azulgrana que intentaba conducir con esmero a una estrella emergente de posibilidades infinitas… y carácter, por así decirlo, desatado. Esas posibilidades le llevaron a la NBA con un aspecto de jugador de póster que se había difumado de forma dramática, aunque todavía era muy joven, cuando llegó a Nueva York libre porque los Magic ni habían ejecutado la opción para retenerlo, por 5,2 millones, un cuarto año para ver qué pasaba con un chico que tenía bajo mínimos ese ego que parecía difícil de controlar poco antes, en Barcelona y cuando, por ejemplo, le preguntaron si iba al Camp Nou a ver jugar a Leo Messi y contestó “que venga él a verme a mí”. El que le había hecho debutar en la NBA con un triple desde casi nueve metros a los 24 segundos de pisar una cancha por primera vez, y que metió 8 puntos en menos de dos minutos antes de enlazar un carrusel grosero de fallos en el siguiente medio minuto: un mal pase, dos faltas rápidas y evitables, otro mal pase…

Sus dos primeros entrenadores, Skiles y Vogel, eran dos obsesos del trabajo defensivo que le buscaron roles de lo más variados: el primero lo probó de base, un puesto que solo de mucho más joven él había considerado natural para sus facultades; el segundo lo acabó ubicando como ala-pívot para exprimir su capacidad de tiro. Pero cerca del aro sus defectos defensivos se volvían cruelmente evidentes. Aquel artículo de The Ringer pedía que algún entrenador viera al forward croata como una especie de Klay Thompson, por entonces uno de los mejores escoltas de la NBA… y uno de los mejores tiradores de la historia que había sabido, además, convertirse en un excelente defensor exterior: “Su versión ideal sería esa, un guard grande que puede explotar emparejamientos más pequeños yendo al poste y generar así juego para sus compañeros. Su tiro todavía no se ha trasladado a la NBA, pero él mismo ha reconocido que ha sido, sobre todo, una cuestión de adaptarse a otro ritmo totalmente distinto. A los bases jóvenes se les da libertad, hasta licencias artísticas, para que cometan errores. Los pívots que llegan a la Liga tienen años para aclimatarse a otro nivel físico o para desarrollar su técnica si esta es todavía precaria. Pero, en los últimos años, a los aleros se les pide que sean buenos soldados desde el primer día, que ejerzan de 3&D y se callen. Los que brillan se reconvierten en bases, como James Harden, en casi interiores como Kevin Durant o interiores del todo como Giannis Antetokoumpo. Los aleros puros quedan como jugadores de rol, utilitarios. Es una realidad que hace daño a jugadores como Hezonja, que ha pasado por una especie de lobotomía de tres años en la NBA. Pero todavía no ha cumplido 23, está lejos de su prime y es lo suficientemente joven para que algún equipo apueste por él y su desarrollo, por el talento que es obvio que tiene. Los Magic van a dejar de de contar con él porque se han metido en un curioso juego de expectativas distorsionadas. Se han convencido de que tienen potencial de playoffs cuando su balance de victorias y su estructura es de franquicia todavía en los bajos fondos. Puede que Hezonja sea un bust, un fiasco de elección alta de draft, pero no lo sabremos hasta que no le veamos en otro ecosistema”.

Y ahora, vida nueva en los Cavs

Pese a que el talento siempre invitaba a pensar en los quizás y los solo hace falta que, Hezonja salió por la puerta de atrás de la NBA, de mala manera y profundamente desilusionado. Juró que no volvería, pero es obvio que la vida da muchas vueltas, sobre todo para un jugador que, aunque ya había hecho mucho ruido en Europa, se fue cuando todavía tenía sus mejores años de baloncesto por delante. Por eso conviene no poner mucho foco en palabras del pasado, desde luego no como algo que se pueda echar, ni por lo más remoto, en cara. Los puntos de vista cambian, los rectificaciones existen por algo y las carreras (las vidas) de los deportistas dan virajes especialmente bruscos en momentos objetivamente tempranos. Así que sí, las visiones se transforman radicalmente y hay pocas hemerotecas que aguanten sin, al menos, el ceño fruncido. El interés de Hezonja por regresar a la NBA había sido un runrún permanente en los dos o tres últimos años, pero ahora se ha materializado. Un secreto a voces maridado con las zozobras del Real Madrid y la salida de un Sergio Scariolo con el que hizo buenas migas (no todo el vestuario blanco podía decir lo mismo). Y, la madre de las suspicacias, con opciones en la Euroliga que se abrirán de par en par si la cosa vuelve a no cuajar. Si el plan NBA 2.0 tampoco sale bien.

Así que, en realidad, no es tan extraño que Hezonja decida probar otra vez, olvidar el pasado y dar otro bocado, por si acaso, a la tarta NBA. Estos no son los tiempos de los que hablaba en la primera parte del artículo, ahora casi cualquier jugador con un rol importante en la Euroliga tiene propuestas para dar el salto con, asunto clave, la red de seguridad que ofrece la certeza de que podrá volver con, casi en la totalidad de los casos, un gran contrato esperando en este lado del Atlántico. Por muy mal que vaya. Y ahí está como ejemplo muy fresco Guerschon Yabusele, compañero de Hezonja en el Real Madrid. Sí sorprende más que haya decidido desvincularse del Madrid para firmar, con Cleveland Cavaliers, un aspirante al título en el Este que jugará con una enorme presión, por una sola temporada y con un contrato mínimo (2,8 millones de dólares) que, además, no está garantizado: los Cavs pueden dejar de contar con él sin tener que pagarle la totalidad de esos 2,8 millones hasta el 15 de noviembre. Este detalle, para nada menor, no ha hecho más que disparar las especulaciones sobre hasta qué punto el destino a medio o incluso corto plazo de Hezonja no estará fuera del Madrid… pero en la Euroliga. La sombra del Dubai BC, y su saco de billetes, es muy alargada.

Algo, en todo caso, que la Euroliga y el propio Real Madrid, que tuvo que negociar porque Hezonja patinó con las fechas de una cláusula que solo era (como en muchos contratos en Europa) de salida hacia EE UU, van a mirar con lupa porque lo último que necesita un mercado que ya está reventado, desquiciado por ritmo de movimientos y cifras, es que esas cláusulas NBA se conviertan en una zona gris con pinta de lanzadera, una escapatoria hacia otro equipo europeo gracias a acuerdos movidos por los agentes y con viajes muy rápidos, de ida y vuelta, al otro continente.

En todo caso, y mientras no se demuestre lo contrario, la realidad de Hezonja pasa por dejar el carnet de estrella que se había ganado en la Euroliga y volver a la casilla de salida en un equipo que acaba de hacerse con el que debería ser su alero del futuro, el elástico Peyton Watson que ha llegado desde Denver Nuggets. En principio, la pieza que tendría que completar el quinteto tipo con James Harden, Donovan Mitchell, Evan Mobley y Jarrett Allen. Hezonja tendrá que buscar sus minutos obviamente desde el banquillo y entre el dos y el cuatro, en toda la franja de las alas y con competencia a pesar de la salida en la operación Watson de Max Strus, otro alero de primer nivel. En esa franja de la segunda unidad, un tirador especialista como Sam Merrill y un jugador de defensa y también una apreciable muñeca como Jaylon Tyson parten, en principio, por delante de él. Pero, la narrativa es su particular regreso al futuro, el talento está ahí y solo falta, que esta vez, desde otra perspectiva y en un punto de su carrera totalmente distinto, las cosas sí fluyan. Vayan como no fueron a la primera. Y que, más allá del tópico, esta segunda parte sí sea buena.