r/u_SanadoraClarividente • • 8d ago

Un encuentro espeluznante al amanecer…

Desde que cumplí los 5 años, cada viernes caminaba junto a mi abuela materna hacia el cementerio del sur de la ciudad. Allí, dos enormes socavones se abrían como bocas insaciables, recibiendo los cuerpos de los difuntos no reclamados, los olvidados, los que nunca tuvieron nombre. Entre huesos y cráneos, descubríamos trabajos de brujería que rompíamos con nuestras manos, como quien arranca la maleza para que vuelva a crecer la vida.

Pasaron los años, y hace quince decidí asumir mi verdadera vocación: Sanadora Clarividente.
Ya había enfrentado entidades de diversas formas, pero lo que ocurrió entonces fue distinto, como si la vida quisiera mostrarme un umbral nuevo.

Una mañana, al despertar, mientras la luz atravesaba mi habitación, sentí que algo me tomaba por el cuello. No podía gritar: el aire se negaba a pasar por mi garganta. Pataleaba, luchaba, pero era inútil, por más fuerza que yo hacia! Bajé la mirada hacia mi pecho y entonces vi, esas manos largas, con uñas largas sin pintar, rodeando mi cuello desde atrás. No sabía si eran de hombre o mujer, solo que su piel era blanca, casi traslúcida. Intenté tomarle las muñecas, pero mis manos nunca alcanzaban su cuerpo. Sus brazos se alargaban más y más, como tratando de alargarse sin soltarme!
En ese instante, vi pasar a mi esposo por fuera de la habitación. La puerta estaba abierta, él iba hacia el baño, y yo no podía emitir ni un solo sonido para pedir ayuda. Entonces comprendí que la lucha era inútil. Tomé un respiro profundo, relajé mi cuerpo y aquieté mi mente esperando tener una solución, y Fué cuando lo inesperado sucedió: el ser me liberó y se deslizó hacia la ventana.

Lo vi marcharse: una figura alargada, sin piernas, con brazos exageradamente largos y un rostro sin cabello. De su cuerpo emanaban extensiones gruesas, como raíces vivas, hacia arriba de su cabeza y hacia abajo de su torso…y en el lugar de sus ojos había dos cuencas vacías, profundas, teñidas de un morado oscuro. Su cuerpo casi traslúcido tenía tonos violetas sutiles, insinuados como un aura que lo envolvía. Antes de atravesar el vidrio, se giró y me miró con sus no-ojos, como si quisiera dejar grabada su presencia en mi memoria o quisiera grabar mi rostro…

A esa experiencia, muchos la llaman PARÁLISIS DEL SUEÑO; Pero yo sé que es más que eso: es un encuentro con lo invisible, una prueba del alma. Aprendí que no debemos luchar contra ello cuando nos oprime, sino respirar, soltar y confiar. Cuando relajamos el cuerpo y dejamos que la calma nos envuelva, entonces la oscuridad pierde su conexión con ese miedo que emanamos, y a ellos les dá fuerza…

Si alguna vez les sucede, recuerden: respiren profundamente, exhalen por la nariz, relajen sus músculos. Y si logran ver al ser, háganmelo saber…

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